
“Igual lo van a destituir”. Esta frase se repite en los análisis internacionales sobre
Perú todavía sufre la
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Puede que tengan razón en lo primero. Pero se equivocan en la conclusión.
El sistema cambió
En marzo de 2024, el Congreso aprobó la Ley de Reforma Constitucional N.º 31988 y restableció
La reforma tiene una consecuencia concreta e inmediata sobre la pregunta que todos se hacen:

Bajo el sistema que rigió desde 1993, destituir -o vacar, como se usa en Perú- a un presidente requería 87 votos en una sola cámara. Sin plazos mínimos reales. En la práctica, una coalición opositora motivada podía montar el proceso en 48 horas.
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Ahora el proceso tiene dos etapas y ningún atajo. En
Ya no existe la destitución exprés: se necesitan dos mayorías calificadas, dos cámaras y dos procesos con sus propios tiempos.
Congreso fragmentadísimo
El Congreso que se eligió el 12 de abril está fragmentado en seis fuerzas. Según las proyecciones de Datum,
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Para sacar al presidente, se tienen que juntar 87 votos en Diputados y 40 en el Senado. Son adhesiones de partidos que no se quieren entre sí, y tienen que ponerse de acuerdo durante un tiempo suficiente como para atravesar dos procesos separados. En el medio, el Ejecutivo tendrá días de margen -gracias a los nuevos plazos- para desarmar la enbestida.
Destituirlo no es imposible. Pero es cualitativamente distinto al raid de expulsiones que fue posible durante una década.
Así, la debilidad electoral del próximo presidente puede devenir en “estabilidad” en el poder.

Cierto es que un presidente que
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La fragilidad, en este caso, puede transformarse en disciplina.
Desde 2016, Perú tuvo ocho presidentes. El promedio es uno por año. Pero ese promedio corresponde a un sistema que ya no rige.
Puede ser el presidente más débil electoralmente en décadas… Pero también el más difícil de derribar.
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