Más de 1.800 víctimas a bordo de una trampa mortal en el mar: la tragedia del trasbordador Le Joola, el Titanic africano

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Un gran barco blanco llamado Le Joola con franjas verdes, amarillas y rojas atracado junto a un muelle de concreto bajo un cielo despejado
El trasbordador senegalés Le Joola atracado en un muelle costero antes del naufragio ocurrido en 2002 frente a las costas de Gambia (Wikipedia)
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Es una tragedia ignorada por casi todo el mundo. Cuando se habla de grandes naufragios en tiempos de paz, el primer nombre que surge es el del Titanic, el transatlántico de lujo que se hundió después de chocar con un

El contraste informativo entre uno y otro caso tiene explicación: para la prensa occidental —y para la industria cinematográfica—

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A diferencia del Titanic, el Le Joola no naufragó por chocar con una mole flotante de hielo sino

Un arco verde con letras blancas ante la escultura de un ancla, con una verja blanca y vegetación de fondo

Homenaje a los náufragos a bordo del MV Le Joola, en Ziguinchor, cerca del lugar donde embarcaron (Wikipedia)

Una trampa mortal

El trasbordador Le Joola, construido en Alemania en 1990, tenía 79 metros de eslora y 12 de manga. El mismo año de su botadura comenzó a cubrir la ruta Dakar-Carabán-Ziguinchor, para comunicar la provincia sureña de Casamance, separada del centro y el norte de Senegal por Gambia. Tradicionalmente, la forma más barata de viajar de Casamance a la capital, Dakar, era por una ruta en muy mal estado, en el este, o por mar en el oeste. Pero Casamance sufría una rebelión separatista, y los ataques a las rutas hacían más seguro el viaje en barco. En 1995, los militares se hicieron cargo del Le Joola, como medida de seguridad en esos tiempos violentos.

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El jueves 26 de septiembre de 2002, el Le Joola zarpó a la una y media de la tarde de Ziguinchor.

Alrededor de las 11 de la noche, cuando navegaba frente a la costa de Gambia, se desató una tormenta que en condiciones normales no lo habría afectado, pero la sobrecarga y la mala distribución del pasaje hicieron que se inclinara bruscamente hacia la izquierda y el agua entrara por algunos ojos de buey abiertos. La carga y los vehículos del garaje, todos sueltos, se deslizaron de estribor a babor, e hicieron oscilar el barco, que se dio vuelta en apenas cinco minutos. “La gente gritaba, y de repente se quedó en silencio. El agua los había tapado. Cuando el barco estaba casi vertical, nadé hacia arriba y eso me salvó”, contó después Ousmane Keita, un estudiante que volvía a Dakar para retomar sus clases en la universidad.

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Otro sobreviviente, Lamine Coly, estaba en la cubierta del trasbordador cuando se inclinó y terminó volcando. “Nunca imaginé que un barco tan grande podía darse vuelta, pero cuando vi el agua, me di cuenta de que era real, el barco había volcado. La confusión era total, no sabías a quién salvar. Todo el tiempo hubo gritos, algunas personas estaban siendo arrastradas.

Muchos pasajeros murieron ahogados en pocos minutos y otros quedaron dentro del trasbordador en bolsas de aire que se formaron en los compartimentos. Luego de caer al agua, unas veinte personas lograron subir al casco. Desde allí oyeron los gritos de los pasajeros que seguían vivos en el interior, hasta que dejaron de escucharlos porque el aire se agotó y el barco comenzó a hundirse. Entonces debieron saltar al agua y alejarse nadando.

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Una gran ancla negra junto a una pared blanca con un mosaico que representa a un barco de pasajeros sobre azulejos azules

Monumento conmemorativo del naufragio del Joola, en el que murieron 1.863 personas, el 26 de septiembre de 2002 (Wikipedia)

Demoras en el rescate

El trasbordador permaneció volcado, pero a flote, hasta cerca de las tres de la tarde.

Luego se comprobó que las balsas y los chalecos salvavidas del trasbordador no pudieron ser utilizados porque estaban atados en la cubierta superior y, al producirse un vuelco tan rápido, quedaron a 15 metros de profundidad sin que pudieran ser desamarrados.

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También hubo cientos de muertos a causa de esa demora y si la cifra no fue aún mayor se debió a que varias embarcaciones que estaban por la zona rescataron a decenas que todavía permanecían a flote. Hubo pescadores que interrumpieron su trabajo durante tres días para ayudar a los sobrevivientes primero y después para recuperar cadáveres.

El buzo de la Marina senegalesa Ismaila Ndaw fue uno de los primeros rescatistas en llegar. Cuando alcanzó a la embarcación y entró por el restaurante, se encontró con cientos de cuerpos, algunos de ellos todavía tomados de la mano. Luego nadó hacia la proa y llegó a los camarotes de primera clase, que estaban sellados y no se habían inundado. Allí,

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Mapa geográfico de Senegal y Gambia con una línea roja que une Dakar y Casamance marcada con una equis en el mar

Ruta marítima aproximada entre Dakar y Casamance donde naufragó el transbordador Le Joola en el año 2002 (Wikipedia)

Justicia negada

La enorme combinación de errores y negligencias que provocaron la tragedia del Le Joola está documentada:

Pese a todas esas evidencias, la Justicia senegalesa cerró una investigación sobre el desastre un año después y dictaminó que el capitán —que murió y cuyo cuerpo nunca fue rescatado— era el único responsable. Por su parte, el Gobierno ofreció una indemnización de cerca de 15.000 dólares a los sobrevivientes y a las familias de las víctimas con la condición de que no iniciaran ninguna demanda.

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En 2005, la Unión Europea otorgó a Senegal los fondos para levantar los restos del Le Joola, que se encuentran en el lecho marino a veinte metros de profundidad, pero hasta hoy el trasbordador no ha sido reflotado. Tampoco cientos de cadáveres que todavía permanecen atrapados en su interior.

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