
Tenía 32 años cuando
No llegaban envueltos en el estruendo de la artillería ni en los partes de guerra que el municipio pegaba en los muros de París cada mañana. Llegaban tosiendo, con los labios azules y los ojos en blanco, y pedían una cama que ya no existía.
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La narradora de esta historia era enfermera en uno de los hospitales de la capital francesa en el
Pasillos colapsados en días, camas agotadas en horas
En pocos días, los casos que se contaban por decenas pasaron a ser centenares. Las camas disponibles se agotaron y los enfermos, entre ellos mujeres, niños, ancianos y jóvenes, agonizaban en sillas y en los pasillos.

La enfermera vio cómo el tono de la piel de sus pacientes viraba al azul, señal de que el oxígeno escaseaba en la sangre. Vio hemorragias nasales y de oído. Vio cómo
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La carta de Sophie desde Cambrai
Su compañera
Y añadía algo que la enfermera de París tardó en olvidar: “Muchas veces, cuando capturamos una posición alemana, encontramos a decenas de soldados que no huyeron porque sus fuerzas apenas les alcanzan para sostenerse en pie”.
La enfermedad no distinguía entre una trinchera y otra ni entre un uniforme y otro. Avanzaba por el barro con la misma indiferencia con la que recorría los pasillos del hospital.
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El silencio de los gobiernos y la excepción española

En
Solo
Ron en farmacias y escuelas desinfectadas sin cerrar
Mientras tanto, el municipio de París habilitaba nuevas camas que pronto serían insuficientes y desinfectaba las escuelas sin cerrarlas.
La medida más audaz que adoptó la ciudad fue distribuir
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Entre 50 y 100 millones de muertos, más que cuatro años de trincheras

Los alemanes se batían en retirada desde finales del verano. La victoria de la Entente era ya solo cuestión de semanas. Pero la enfermera pensaba, mientras recorría los pasillos con paños de agua templada, en las crónicas médicas de hacía seis siglos, cuando
Según su relato, las escenas que describían aquellos textos le parecían “aterradoramente semejantes” a las situaciones que ella misma vivía cada día.
El armisticio llegó y la guerra terminó. La pandemia, que los historiadores calcularían después que dejó entre 50 y 100 millones de muertos en todo el mundo, mató a más personas que las que fallecieron durante cuatro años de trincheras, sin que nadie hubiera encontrado aún una respuesta capaz de detenerla.
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