Luis Nieto Degregori: “La sexualidad en el antiguo Perú se vivía de manera más natural”

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Luis Nieto Degregori: “La sexualidad en el antiguo Perú se vivía de manera más natural”

 Luis Nieto Degregori es uno de los

Luis Nieto Degregori. Foto: Difusión.Luis Nieto Degregori. Foto: Difusión.Gabriel Ruiz OrtegaDomingo 20 de Septiembre del 2026 · 12:45hgoogle iconLa República en Google

Desde la sexualidad en el Perú antiguo a la sexualidad peruana del siglo XXI,

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-En efecto, existen pocos estudios, sobre todo para algunos periodos y algunos aspectos específicos, como sobre la manera en que viven su sexualidad las poblaciones indígenas rurales de nuestro país, y los que existen están sesgados por muchos prejuicios y por una mirada patriarcal. Tal vez el ejemplo más claro de esto sea la afirmación de Pablo Macera de que la homosexualidad durante la colonia era un asunto de los esclavos negros. ¿La explicación de este silencio? Seguramente nos resulta difícil mirarnos en un espejo que nos va a mostrar un reflejo por decir lo menos desagradable, lleno de deformidades.

-Resulta muy difícil hacer generalizaciones en torno al tema, pues en los territorios que ahora conocemos como Perú surgieron gran número de civilizaciones, cada una con sus peculiaridades. Hay informaciones, es cierto, sobre cierta igualdad en el plano sexual entre hombres y mujeres del común, pero junto a esta complementariedad, este

-La sexualidad en el antiguo Perú se vivía de manera más natural; no estaba constreñida por todos los preceptos morales que llegan con el catolicismo, con sus nociones de pecado y su estricto control del cuerpo femenino, empezando por la castrante virginidad. Un ejemplo de esto es la iniciación sexual de los jóvenes, que, según muestran documentos de las campañas de extirpación de idolatrías, estaba relacionada con rituales de fertilidad de la tierra y el ganado que terminaban con encuentros sexuales de muchachas y muchachos.

-Con la conquista, la mujer que habita estos territorios empieza a sufrir una triple opresión. Sufre el control patriarcal impuesto por la Iglesia católica, es víctima de violencia sexual de parte de los soldados primeros y después de cualquier peninsular y finalmente es sometida a una dominación racial que hace que su cuerpo sea disponible para cualquier hombre de una condición dominante. Por eso, tras la conquista, seguramente las mujeres echaban de menos su situación anterior y, por lo mismo, en la lucha por una sexualidad que no esté marcada por los terribles condicionantes mencionados, el protagonismo de la mujer es clave.

-Bien vistas las cosas, somos una nación, como señala María Emma Mannarelli, donde el poder público permitía, garantizaba incluso, una dominación de la mujer por parte del varón en el espacio doméstico, lo que incluía la potestad de abusar de las mujeres que estaban al servicio de las familias. Estas mujeres eran indias, mestizas, negras, mulatas… Esto empezó con la conquista, se agravó durante la república y prosigue en cierto modo hasta el día de hoy. Se podría decir entonces que somos una nación en la que la mujer viene luchando desde siempre y de múltiples maneras para poner coto al poder patriarcal.

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-Los españoles se escandalizaban sobre todo de que a la virginidad de las muchachas no se le diera importancia y que fuera visto con normalidad que ellas conocieran a varios varones antes de finalmente formar familia. Sin embargo, en su trato con esas mismas muchachas, ellos recurrieron al abuso sexual y lo normalizaron. Lo que intento decir es que debemos tomar con pinzas todo lo que afirmaban los cronistas sobre los hábitos sexuales de las poblaciones que habitaban estos territorios, pues entraban en juego no solo sus prejuicios, sino también la necesidad de construir discursos de legitimación de su dominio en base a achacar a las poblaciones originarias pecados e iniquidades que en realidad no existían.

-Este es un tema complejo, todavía poco estudiado. Se sabe que en algunos templos había varones que vestían como mujeres y las imitaban en todo. Era frecuente, asimismo, que en diversos rituales agrícolas se diera la participación de hombres que hablaban como mujeres. Todo esto ha llevado a algunos investigadores e investigadoras a hablar de la existencia de un tercer sexo, cuyo papel consistía en facilitar, mediante una negociación ritual, el equilibrio entre mujeres y hombres.

"Historia de la sexualidad en el Perú" (Editorial Grandifer). Precio: S/ 69. Imagen: Difusión.

«Historia de la sexualidad en el Perú» (Editorial Grandifer). Precio: S/ 69. Imagen: Difusión.

-Se sabe poco sobre la sexualidad en la cultura moche y, lamentablemente, los huacos eróticos son vistos de una manera muy superficial, como una especie de ilustraciones de un kamasutra andino o catálogo de poses en la relación sexual. La realidad es que en la cultura moche, como en otras que se desarrollaron en el periodo prehispánico, la sexualidad estaba estrechamente relacionada con la cosmovisión y con aspectos centrales en la vida de esos pueblos, como la fertilidad. El coito anal que aparece en muchos huacos e ilustraciones, por ejemplo, estaba relacionado, según manifiesta el antropólogo Jürgen Golte, con una manera de ofrendar semen al mundo de abajo, el de los muertos, que era deficitario en masculinidad, pues se consideraba que estaba relacionado con lo femenino.

-La represión tan fuerte que ejercía la Iglesia católica y el control tan férreo al que era sometido el cuerpo femenino hacían que mujeres y hombres, sobre todo las primeras, buscasen vías de escape para experimentar placer o escapar a la violencia que sufrían de parte de sus parejas. Las mujeres, por ejemplo, eran las clientas principales de las hechiceras y lo que les pedían era básicamente dos cosas: que el marido o la pareja se sosegase, no las maltratase y que les brindaran placer. “Quiero un hombre que en el lecho dé tantas vueltas como vigas tiene el techo”, pedía una mujer. Otro ejemplo muy curioso es el de las beatas. En una sociedad en la que a las mujeres se les abrían solo dos caminos, el matrimonio o la vida religiosa, las beatas hacían un delicado equilibrio entre los ejercicios de oración y devoción y una relación con la divinidad que tenía un fortísimo componente erótico. Famosa es la figura de Ángela Carranza, considerada casi una santa en la Lima de su época, pero que se permitía licencias como pedirle a su joven sirviente que le retirara una nigua que tenía en las nalgas. Y claro, los conventos tampoco escapaban a estos ejercicios de erotismo con curas que durante la confesión les pedían a las monjas que les mostrasen sus partes íntimas.

-El breve periodo de las guerras de independencia fue también uno en el que se respiraron ciertos aires de liberación en el plano de la sexualidad y las dos figuras paradigmáticas fueron Rosa Campusano y Manuela Sáenz, procedentes del vecino Ecuador ambas. La segunda, lejos de ser solo la amante de Bolívar, jugó un papel importante en los campos de batalla y en la vida política de la época. Y tiene el enorme mérito de haber desafiado no solo con su comportamiento, sino también por escrito, en su correspondencia y sus diarios, unas normas sociales que condenaban a cualquier mujer rebelde al ostracismo. Es más, Manuela Sáenz es tal vez la primera mujer que reflexiona con agudeza y sensibilidad, en negro sobre blanco, sobre cómo vive su sexualidad y sobre el justo espacio que esta ocupa en su relación amorosa con el Libertador. En ese sentido, la Sáenz es una verdadera precursora de la emancipación femenina y su enorme importancia es difícil de calibrar.

-La historia del Perú, desde la conquista, está marcada por el abuso sexual que sufren de parte de la población blanca las mujeres indígenas, primero, y mestizas y de origen africano más adelante. Utilizo a propósito el término “blanco” porque es el racismo como discurso de legitimación del dominio europeo el que a la larga coloca a las mujeres de otros grupos étnicos en una condición de extrema subordinación en relación con sus patrones. Esto, como otros males gravísimos de la sociedad peruana, solo terminará de solucionarse cuando, como república, terminemos con la exclusión estructural de la que son víctimas las grandes mayorías indígenas y mestizas. Se podría decir que, mientras existan ciudadanos de segunda o de tercera clase, la violencia sexual en contra de las mujeres seguirá siendo el pan de cada día.

-La investigadora Mary Weismantel sostiene con razón que las poblaciones negras (y amazónicas podríamos agregar) son hipersexualizadas desde los estudios académicos y me parece que también en la percepción de muchos y muchas peruanas. Una mirada más rigurosa, sin embargo, ofrece muchos matices y desnuda muchos de los mitos sexuales que circulan sobre las pobladoras de esta región. Son las propias mujeres amazónicas, en todo caso, las que rechazan el ser vistas como “ardientes” y “fáciles”. Lo que sí muestra la investigación de Norma Fuller que mencionas es que las mujeres de Iquitos, a diferencia de sus pares de Lima y Cusco, consideran que la mujer debe desarrollar una pericia sexual como forma de retener a su pareja y garantizar la unión matrimonial.

-En efecto, los cambios que está experimentando la vida sexual de peruanos y peruanas en los tiempos recientes tienen mucho que ver con el hecho de que las peruanas, sobre todo las más jóvenes, han empezado a vivir su sexualidad con mucha más libertad. Esto bajo la influencia seguramente de las redes sociales como Instagram y TikTok y del cine, la televisión y la música que nos llegan de otras latitudes. Estos cambios son tan radicales que algunas investigadoras sostienen que, por primera vez en nuestra historia, las mujeres ya no asocian el sexo solo a matrimonio y maternidad, sino que se atreven por fin a explorar su dimensión erótica. Yo casi me atrevería a sostener que la naturalidad con la que las peruanas más jóvenes se relacionan con su cuerpo y disfrutan su sexualidad, a juzgar por esas mismas redes sociales, es el cambio más importante que está experimentando la sociedad peruana el día de hoy y que puede tener importantes consecuencias políticas y sociales. Una mujer libre constituye una fuerza liberadora del conjunto de la sociedad.

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