
El 20 de enero de 1983, en una clínica de
Nació el 28 de octubre de 1933 en Magé, un municipio del interior fluminense. Su columna vertebral estaba torcida, una de sus piernas era seis centímetros más corta que la otra, tenía los pies girados sesenta grados hacia adentro y había padecido una severa poliomielitis. Una de sus hermanas lo bautizó con el apodo que lo acompañaría toda la vida: Garrincha, nombre de
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Porque esas mismas piernas, que la medicina consideraba irremediables, se convirtieron en su arma principal. Garrincha las usó para amagar hacia un lado y escabullirse hacia el otro, confundiendo a sus marcadores con una irreverencia que rozaba lo cómico. A todos sus rivales los llamaba “Joao”, sin importar quiénes fueran. “Hoy me marca Joao”, decía antes de los partidos, con la misma ligereza con que gambeteaba por la banda derecha. El Instituto de Historia y Estadística del Fútbol (IFFHS) lo ubicó en el octavo lugar en el ranking de los mejores jugadores del siglo XX. Eso, sin embargo, llegó después.
Antes estuvo la fábrica de tejidos de Pau Grande, donde comenzó a trabajar a los quince años y donde descubrió que había un equipo amateur, el
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Intentó primero en el
El Mundial que lo consagró fue el que Pelé no pudo terminar
Su primera Copa del Mundo llegó en 1958, en
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Pero el momento de mayor esplendor individual llegó en Chile, cuatro años después. Pelé fue lesionado en la fase de grupos por las entradas sucesivas de los rivales y quedó fuera del torneo. Garrincha tomó las riendas. Marcó dos goles ante Inglaterra en cuartos de final y habilitó el tercero. Volvió a marcar dos en la semifinal ante el equipo local, aunque la acumulación de faltas recibidas lo llevó a responder con violencia y fue expulsado. Fue entonces que se activó toda la maquinaria institucional: el presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF),
La ingenuidad de Garrincha era tan genuina como su talento. Cuando le explicaron quién sería el rival en la final, no recordaba haberlo enfrentado en la fase de grupos. Al informársele que ese partido había terminado en empate y que allí fue donde lesionaron a Pelé, respondió: “Ahh, sí, aquellos que son grandes y fuertes, pero no juegan a nada”. Poco antes del partido, le preguntó a su técnico,
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De regreso a Brasil, las lesiones, que lo habían perseguido a lo largo de toda su carrera, comenzaron a agravarse. Lo que vino después fue una historia de explotación silenciosa. Los dirigentes del Botafogo, de acuerdo al propio jugador, le impedían someterse a tratamientos médicos para no perder la oportunidad de usarlo en giras y amistosos rentables. Jugó infiltrado durante una gira por Europa, con una lesión que comenzó a atrofiarle la pierna. El club no aceptó los cuarenta días de recuperación que el médico pedía.

El alcohol, Elza Soares y el final que nadie quería ver
En 1962, con 29 años y siete hijos con su esposa Nair Marques, Garrincha comenzó un romance con la cantante de samba
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La pareja vivió años de esplendor y de tormenta en igual medida. En un accidente automovilístico, Garrincha perdió el control del vehículo y murió la madre de Elza. Fue juzgado por conducir ebrio y condenado a dos años de prisión que cumplió en libertad condicional. El clima político de la dictadura brasileña los empujó a emigrar a Europa durante los años setenta. Garrincha y Soares pasaron por Italia, donde estuvo cerca de firmar con el Milan, y luego por Portugal, donde intentó sin éxito acordar con el Benfica.
Regresaron a Brasil. El atacante siguió jugando en el Botafogo hasta 1967, luego en el Corinthians, después en el Junior de Barranquilla, en el Portuguesa Santista, en el Flamengo y finalmente en el Red Star París, donde jugó en 1971. En 1972 regresó a Brasil para ponerse la camiseta del modesto Olaria, donde se retiró. A lo largo de 614 partidos con el Botafogo marcó 245 goles y ganó cinco títulos. Para entonces, el deterioro era visible. En 1973, un club canadiense intentó contratarlo para diez partidos de exhibición por mil dólares cada uno, pero los dirigentes del Botafogo tardaron tanto en tramitar la operación que ya se habían perdido seis de ellos. Garrincha terminó cobrando mil dólares en total. “Ayer corrían a mi casa para tirarme flores y hoy ni siquiera se toman la molestia de contactar conmigo por teléfono, incluso sabiendo que necesito dinero”, se lamentó.
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En 1974, sus excompañeros organizaron un partido homenaje en el

Los últimos años de Garrincha transcurrieron entre la artrosis de rodillas, decenas de internaciones y una pobreza que contrastaba brutalmente con los títulos que había conquistado. El 20 de enero de 1983, murió. Su velatorio se realizó en el Maracaná y su ataúd fue cubierto con una bandera del Botafogo.
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El entrenador y periodista
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