
Desde este viernes y hasta el domingo,
Nadie duda de que Rusia Unida, el partido que sostiene a Vladimir Putin, va a retener el control de la Duma, y con él la supermayoría de más de 300 escaños que le permite reformar la Constitución sin necesitar acuerdos con nadie. Esa certeza, sin embargo, esconde la pregunta más interesante. Un régimen que ya sabe que va a ganar no necesita, en teoría, movilizar todo el aparato del Estado para una votación. Y sin embargo lo hace, con más recursos que nunca.
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La respuesta es que los comicios no sirven para elegir. Sirven para medir. El politólogo
Un test de estrés para el aparato de poder
Ese mecanismo de medición tiene nombre propio dentro del aparato:
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Un funcionario regional le
Ese mismo aparato de control interno también castiga a quien no cumple. Los arrestos de altos funcionarios se cuadruplicaron en 2025 respecto del período prebélico. El centro
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La ingeniería del control
El instrumento técnico que permite cumplir esas metas sin dejar rastro es el DEG,
El caso más elocuente de hasta dónde llegó esa depuración es la desaparición del organismo que podría haberla documentado.
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Una sociedad resignada
Los números que sí escapan al control del Kremlin son los que mide el
Ese 20% de respaldo real no equivale a una sociedad movilizada contra el Kremlin:
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La fatiga económica —Fondo Nacional de Bienestar (la principal reserva soberana del Estado ruso, usada para cubrir déficits y financiar el gasto de guerra) casi agotado, ingresos reales cayendo por primera vez en tres años, 61% de los rusos esperando que 2026 sea peor, según una
El límite del sistema: el debate sobre la guerra
La
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Que el Kremlin haya ido tan lejos para sacarlo de la boleta no fue un gesto menor: como explicó
Sobre el otro extremo del tablero,
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El analista
La mirada desde Kiev
Si adentro de Rusia la guerra define hasta el diseño de las listas electorales, del otro lado del frente la lectura es igual de directa.
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Kiev tiene además una objeción propia:
Kiev tiene, además, una objeción propia y más concreta, que
El día después
Nada de esto cambia el lunes 21.
Esa es la utilidad real de una elección sin sorpresas: no legitima al régimen ante el mundo, lo audita ante sí mismo. Y ese informe interno, más que el resultado oficial, es el que va a determinar
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