
McKinsey publicó en septiembre la sexta edición de su informe anual
Es lo contrario de lo que se escucha en los escenarios. El 2 de septiembre,
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La cuenta de Altman puede ser cierta y no cambiar nada.
La IA acorta el descubrimiento, no el ensayo clínico
En la industria farmacéutica, la IA propone candidatos a medicamento en tiempo récord. Lo que no comprime son los años de validación, los ensayos y la revisión de los reguladores.

Llevar un fármaco al mercado exige más de 10 años y entre
Y suma un efecto: en muchos casos, la IA agrava el embudo al entregar más candidatos de los que el sistema puede probar.
El cuello de botella de la IA es un transformador
La segunda fila es eléctrica.
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Generar esa energía es la parte fácil. Un centro de datos se construye antes que las líneas, las subestaciones y los transformadores que lo alimentan.

La
El que puede pagar se saltea la fila. El 22 de junio, Chevron anunció un contrato con Microsoft: una central a gas de 2,67 gigavatios en el oeste de Texas, dedicada a un solo centro de datos.
Las emisiones totales de Microsoft subieron un 25% por la expansión de centros de datos, según la propia empresa.
Más código no es más producto
Donde la IA avanzó más, la programación, el patrón se repite. Un estudio de economistas, publicado por la
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Con las herramientas autónomas, la escritura de código subió un 240%, pero los productos lanzados solo un 30%. Escribir dejó de ser el límite.
El diagnóstico lo firma quien cobra por la cura
Conviene leer el informe sabiendo quién lo escribe.
A mi lectura, la fila no es igual para todos. Una tecnológica puede comprar una central eléctrica; un ensayo clínico no tiene carril rápido.
La IA compite contra un transformador, un regulador y un paciente observado durante años.
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