
Tras mapear cerca de 300.000 kilómetros de vías del
El equipo construyó un atlas digital llamado
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La ruta más importante del Imperio no pasaba por Roma

El hallazgo central de la investigación es que la vía intermediaria de mayor relevancia en la malla terrestre no atravesaba la capital. Según
Las urbes mejor comunicadas lo eran por razones geográficas y estratégicas concretas. Corinto enlazaba la península del Peloponeso con el resto de Grecia, mientras que Ancira funcionaba como nudo de tránsito central en
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En su momento de mayor expansión, en el año 117 d.C., el Imperio abarcaba casi
La península itálica era un apéndice de la red viaria romana

La ubicación de Roma dentro del Imperio explica su posición secundaria en el entramado caminero. Brughmans advirtió que “la Península Itálica es un apéndice de la red viaria del Imperio, y Roma está a mitad de ese apéndice”.
Al estudiar los desplazamientos dentro de la propia península, el equipo encontró que
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El trabajo también examinó las características físicas de las vías. Los romanos trazaban rutas rectas cuando el terreno lo permitía, aunque sin alcanzar la rectitud de las carreteras actuales. Los autores precisaron que la ingeniería moderna “evita curvas pronunciadas y busca construir caminos lo más rectos posible, modificando fuertemente el terreno para facilitar el tránsito más veloz de vehículos”, algo que los métodos de construcción de la Antigüedad no posibilitaban.
Roma dominaba las rutas marítimas, no las terrestres

El análisis se centró en los caminos terrestres, y los propios autores advirtieron que ese enfoque no refleja el panorama completo del transporte romano. Brughmans precisó que
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El equipo considera que Roma tuvo una influencia considerable en el transporte acuático, dimensión que el estudio aún no cuantificó. La ciudad se ubica en la desembocadura del río Tíber, lo que facilitaba el acceso directo al puerto de
Los investigadores concluyeron que futuros trabajos deben integrar los datos de rutas marítimas y fluviales con los ya obtenidos sobre las vías terrestres. Solo al combinar ambas dimensiones será posible reconstruir con mayor precisión cómo funcionaba la movilidad en el Imperio romano en su conjunto.
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