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En medio de esa tragedia estaba un peruano que había llegado a Estados Unidos por una razón completamente distinta.
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Un viaje pensado para la moda, no para la tragedia
Cárdenas había llegado a Nueva York dos días antes del atentado. Se hospedaba en casa de un amigo en Nueva Jersey, frente a Manhattan, al otro lado del río Hudson. Desde allí podía observar la isla donde se levantaban las torres, que ya conocía: un año antes había subido a ellas y tomado fotografías.
Su misión aquella mañana no tenía relación con el terrorismo ni con la seguridad nacional. Se dirigía a cubrir la Fashion Week, evento al que ya había asistido en jornadas anteriores.
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Tomó el tren hacia Manhattan con la idea de que, más tarde, podría acercarse a las Torres Gemelas para fotografiarlas de nuevo. Al llegar a la estación 42 se encontró con una escena habitual de la ciudad: vendedores callejeros, carritos de café y donas. Compró una dona y un café antes de seguir camino.
Vestía un polo blanco, pantalón oscuro y zapatos. Cargaba un maletín con una cámara
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Una pantalla de televisión cambió el rumbo de la jornada
Mientras caminaba por Manhattan,
Entre las conversaciones de quienes estaban alrededor, alcanzó a distinguir la palabra
En ese momento recordó que llevaba consigo una credencial de prensa de Nueva York, obtenida cuando trabajaba para
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“En ese momento tomé las fotos que se ve que está la gente mirando la pantalla. En esos volteos dije, ‘no, no, tengo que ir para allá, tengo que ir para allá’”, recuerda.
El taxista que intentó disuadirlo de no ir a la zona del atentado
Cárdenas tomó un taxi y pidió que lo llevaran hacia las
El taxi avanzó hasta donde pudo. El conductor finalmente lo dejó a unas 20 cuadras de las torres. Desde allí, Cárdenas continuó a pie con su cámara y su maletín, en dirección contraria al flujo de cientos de personas que escapaban de la zona.
“Mientras yo iba caminando, iba viendo la gente que venía y yo estaba entrando y tomaba las fotos de la gente que se iba saliendo”, relata. A medida que avanzaba, presenció el impacto de los aviones y, poco después, el colapso de las dos estructuras.
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El sonido del derrumbe de las torres que todavía recuerda
Pedro Cárdenas se encontraba a entre diez y doce cuadras del
Lo que más recuerda no es solo la imagen, sino el sonido del colapso.
Cerca del río Hudson, observó cómo el polvo avanzaba por las calles y llegó a pensar que no sobreviviría.
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A través del zoom de su cámara, vio además una de las imágenes que lo marcarían de forma permanente: personas que caían desde las torres. “Vi que la gente se tiraba. Me pareció una película, te lo juro”, recuerda. “Las veía como hormiguitas”.
La urgencia de salvar los rollos
Tras el derrumbe,
“Mi cabeza me decía, ‘tienes que salir y tienes que ir a revelar los rollos’. Porque, ¿qué hacía yo ya más ahí?”, explica. Su experiencia previa cubriendo hechos vinculados al terrorismo en
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Tras caminar entre una y dos horas, llegó al centro de Manhattan y se dirigió a una agencia fotográfica, donde se encontró con una editora conocida. Los rollos fueron revelados en su totalidad. La editora seleccionó varias imágenes y le dijo una frase que Cárdenas recuerda con precisión:
Permaneció en la agencia hasta cerca de las nueve o diez de la noche, donde conversó con otros fotógrafos —algunos de habla hispana— que también llegaban con material de la jornada.

Pasó un día detenido por ser extranjero
Al día siguiente, Cárdenas intentó acercarse nuevamente a la zona cero, esta vez con motivo de una visita prevista del entonces presidente
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En las horas posteriores al atentado, los ciudadanos extranjeros estaban bajo sospecha generalizada.
Un agente que hablaba español lo interrogó.
Los negativos que nunca entregó
De regreso en Perú, las fotografías fueron digitalizadas y publicadas en medios como
Entre esas imágenes hay una que tiene un significado particular: la fotografía del momento exacto en que una de las torres se desploma.
Pero lo que más recuerda no es solamente la imagen. Es el sonido.
“Sentí como cuando explota una botella, un vaso, explota, lo tiras fuerte contra la pared y revienta. Así, pero bien fuerte”, describe.
La dimensión histórica que comprendió al día siguiente
Durante las primeras horas,
“El comienzo del primer día, como era el primer día, no sentía de verdad importancia, pero después, al día siguiente, me di cuenta que fue la noticia del siglo”, afirma. Con los años, desarrolló una sensación particular sobre aquella jornada:

El regreso al lugar donde estuvieron las torres
Pedro Cárdenas volvió a Nueva York en 2022, más de dos décadas después del atentado, esta vez junto a su familia. En el lugar donde se levantaban las
La experiencia de regresar, sin la urgencia de conseguir una fotografía, le generó una sensación que describe como “bien extraña”. Recordó el humo, a las personas que vio caer a través de su lente y el momento en que pensó que podía morir.
“Quería estar adentro”
Consultado sobre por qué decidió acercarse a las torres cuando la mayoría escapaba, Cárdenas no duda: “Quería estar adentro. Siempre cuando pasa algo, siempre quiero estar adentro”, afirma. En 2001 era más joven y no tenía familia, factores que atribuye a su disposición para exponerse a situaciones de riesgo en busca de una cobertura.
Esa misma inclinación había marcado episodios previos de su carrera en Perú: estuvo en la presentación pública del líder de Sendero Luminoso,
Una prueba física frente al escepticismo digital
Con los años,
En un contexto donde la manipulación de imágenes digitales genera dudas sobre la autenticidad del material fotográfico,
Veinticinco años después, los negativos siguen guardados
Han transcurrido 25 años desde el atentado.
Su destino original aquel día era cubrir la Fashion Week. La decisión de cambiar de rumbo frente a una pantalla de televisión terminó por definir uno de los registros fotográficos más difundidos del atentado del 11 de septiembre de 2001.
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