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El paquete de documentos incluye evaluaciones preparadas para el Informe Diario del Presidente (PDB, por sus siglas en inglés), el resumen de inteligencia más reservado que reciben el mandatario de Estados Unidos y sus principales asesores. De los 71 archivos, 69 nunca habían sido vistos por el público; dos ya se habían dado a conocer durante la investigación de la comisión que el Congreso creó para examinar los atentados.
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Advertencias que datan de 1998

Uno de los documentos más citados, fechado el
Otro informe, del 4 de diciembre de 1998, recogía información según la cual “Bin Laden y sus aliados se preparan para atacar Estados Unidos mediante el secuestro de aviones”. El primer documento de la serie, del 13 de febrero de 1998, señalaba que Bin Laden y otros extremistas islámicos habían acordado “procurar sustancias químicas, biológicas y nucleares no especificadas en mercados abiertos”, y que el líder de Al Qaeda contaba con “un imperio financiero” que podía facilitar esa búsqueda.
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Los documentos también describen el papel creciente de Bin Laden en el narcotráfico afgano bajo la protección talibán. Un reporte de octubre de 1999 aseguraba que había hecho “una inversión sustancial en 57 laboratorios de narcóticos” vinculados al mulá Omar, líder talibán, aunque la comisión del 11-S concluyó más tarde que no existía “evidencia confiable” de que Bin Laden se financiara mediante el tráfico de drogas.
El memo de agosto de 2001 y las horas previas al ataque
El documento más conocido de la tanda, titulado
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La comisión del 11-S determinó que ese memo fue “el trigesimosexto punto del PDB relacionado con Bin Laden o Al Qaeda ese año, y el primero dedicado a la posibilidad de un ataque dentro de Estados Unidos”. El material divulgado el viernes incluye 18 documentos de la Administración de George W. Bush previos a los atentados, lo que indica que parte del material del PDB de ese período sigue en secreto.
Un exfuncionario de inteligencia señaló que numerosos puntos del PDB con advertencias sobre la amenaza, algunos de hasta 1996, no fueron incluidos en la divulgación del viernes, al igual que otras piezas adicionales de 2001.
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El último documento de la serie, un “informe de situación” enviado a las 4 de la madrugada del 12 de septiembre de 2001, describía la inteligencia más reciente sobre Bin Laden. “La evidencia creciente indica que los extremistas suníes en Afganistán y el Golfo Pérsico sabían recientemente que ataques dirigidos por Bin Laden eran inminentes”, señalaba el reporte, que además mencionaba un posible enfrentamiento entre Bin Laden y el mulá Omar por la decisión de lanzar los ataques. Un “árabe con base en Kandahar” declaró que los ataques habían sido resultado de dos años de planificación y eran “el comienzo de la ira”, y sugirió que el Capitolio y la Casa Blanca también podrían haber sido objetivos de la operación.
Reconstrucción de una amenaza fragmentada
Los documentos muestran cómo distintos hilos de inteligencia sobre Al Qaeda emergían y luego desaparecían de los reportes sin que la agencia lograra reconstruir el arco completo de una amenaza o complot, según analistas de la CIA citados por
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Un informe del 24 de julio de 2001 señalaba que, por segunda vez en dos semanas, “una operación terrorista inminente presuntamente patrocinada por Bin Laden ha sido pospuesta, pero los preparativos para otros ataques a corto plazo podrían seguir en marcha”. El último documento previo a los atentados, del 28 de agosto de 2001, insistía en que Al Qaeda seguía siendo una amenaza, aunque no mencionaba ataques con aviones dentro de territorio estadounidense sino “asesinatos, secuestros, uso de cohetes, morteros y otras armas de largo alcance, así como ataques químicos o biológicos rudimentarios”. Ese mismo texto anticipaba, sin saberlo, cómo terminaría siendo hallado Bin Laden años después, al señalar que “los mensajeros inexpertos o los suicidas también cometen errores que exponen detalles de los complots”.
Jamie Gorelick, integrante de la comisión que investigó los atentados y quien tuvo acceso a los PDB en su momento, declaró que los documentos ahora públicos “son consistentes con la evaluación de la comisión sobre la inteligencia previa al ataque”. Gorelick se desempeñó como fiscal general adjunta durante la Administración Clinton.
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Declaraciones oficiales y contexto institucional

El director de la CIA,
La Casa Blanca, consultada sobre la divulgación, remitió a otro lote de documentos publicado el mismo viernes por los Archivos Nacionales, que incluye entrevistas con funcionarios de seguridad nacional de las Administraciones Clinton y Bush realizadas por la comisión que investigó los atentados entre 2002 y 2004.
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Los informes desclasificados refuerzan las conclusiones centrales del informe de 2004 de la Comisión Nacional sobre los Ataques Terroristas contra Estados Unidos: las agencias de inteligencia advirtieron de forma reiterada sobre la amenaza de Al Qaeda, pero no lograron comprender la magnitud ni la naturaleza precisa del ataque que el grupo preparaba. El propio informe de la comisión atribuyó parte del fracaso a “fallos de imaginación, de política, de capacidades y de gestión”, y concluyó que “el fallo más importante fue uno de imaginación”.
Tras los atentados, que dejaron cerca de 3.000 muertos, Estados Unidos reorganizó su arquitectura de seguridad nacional: se creó el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) para integrar diversas agencias de aplicación de la ley, y la Oficina del Director de Inteligencia Nacional, orientada a mejorar la colaboración entre el FBI, la CIA y otros organismos de espionaje. Los atentados también desencadenaron la invasión estadounidense de Afganistán semanas después, cuando el entonces líder talibán, el mulá Omar, fue evacuado junto a su familia de Kandahar.
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