Científicos alertan que los próximos desastres climáticos podrían ser mucho más graves de lo previsto: las 3 claves para entender el riesgo

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Fotografía satelital con retícula que muestra una formación nubosa en espiral sobre el mar cerca de la costa mexicana.
Un estudio del King’s College London advirtió que los registros históricos pueden subestimar el riesgo de olas de calor y ciclones tropicales. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Una sola tormenta tropical puede alterar durante horas la vida de una región y dejar una cifra de víctimas que tarda años en dimensionarse. En Myanmar, el ciclón Nargis causó cerca de 140.000 muertes en 2008. Para científicos del

La advertencia figura en un trabajo de perspectiva publicado en

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El foco del estudio está puesto en las

Nubes densas y oscuras cubren el cielo sobre un mar agitado que golpea una costa con palmeras inclinadas por el viento.

La investigación publicada en Nature Sustainability revisó las muertes atribuidas a ciclones tropicales y calor extremo registradas entre 2000 y 2025. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un ciclón en Myanmar concentró más muertes que cientos de tormentas

Los datos examinados muestran que la mortalidad vinculada a fenómenos meteorológicos extremos no se distribuye de forma pareja. Una cantidad reducida de catástrofes concentra la mayoría de las víctimas, una característica que, según los autores, dificulta proyectar cuál podría ser el verdadero peor escenario.

El caso más marcado fue el del

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La diferencia ayuda a explicar una de las preocupaciones centrales de la investigación. Si la experiencia reciente está dominada por pocos episodios excepcionales, utilizar únicamente los antecedentes disponibles puede transmitir una sensación engañosa sobre el techo de riesgo. El peor evento registrado no necesariamente es el peor evento posible.

“El pasado casi con seguridad nos hará subestimar el riesgo futuro”, afirmó

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La ola de calor europea de 2003 dejó unas 70.000 víctimas

Una calle urbana con gente bajo sol intenso. Un hombre mayor en un banco se toca el pecho, asistido por un joven. Otros usan abanicos.

Los autores señalaron que el peor evento registrado no necesariamente representa el peor escenario posible del clima extremo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La revisión también encontró una concentración similar en los episodios de temperaturas extremas. Las muertes por calor estuvieron agrupadas en unos pocos eventos de gran magnitud, con la

Aquel episodio provocó alrededor de

Una ola de calor no es simplemente una jornada con máximas altas. Se trata de un período prolongado de temperaturas inusualmente elevadas que puede impedir que el cuerpo se recupere, sobre todo por la noche. El peligro aumenta para

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La acumulación de calor también presiona los sistemas de salud, la provisión eléctrica, el transporte y el abastecimiento de agua. Por eso, el estudio plantea que medir el riesgo solo a partir de un número de muertes puede dejar en segundo plano otros daños que ocurren al mismo tiempo y pueden agravar una emergencia.

Los científicos plantean escenarios climáticos que aún no tienen antecedente

Mapa satelital con grandes masas de nubes, varias islas de color verde y una tormenta ciclónica en espiral blanca sobre el océano.

El equipo propuso tres prioridades para anticipar desastres meteorológicos de gran escala, con análisis prospectivos, estudio de umbrales y límites físicos del tiempo meteorológico. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los sistemas actuales de evaluación suelen contemplar amenazas reconocibles en una escala más intensa. Por ejemplo, un huracán con vientos más fuertes que los documentados en el pasado. Sin embargo, los autores advierten que esas herramientas son menos eficaces cuando deben anticipar una cadena de sucesos inédita.

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Uno de los ejemplos expuestos es una

Matthews propuso que la comunidad científica trate la identificación de desastres catastróficos desconocidos como un objetivo específico de investigación. “Significa trabajar hacia atrás desde un resultado que nadie quiere y preguntar qué podría producirlo”, señaló. También pidió sumar a especialistas que habitualmente no participan de estas evaluaciones, entre ellos expertos en riesgos existenciales y autores de ficción climática.

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La idea consiste en partir de un daño hipotético —por ejemplo, un colapso prolongado de servicios esenciales o una mortalidad masiva— y reconstruir las condiciones meteorológicas, sociales y de infraestructura que podrían desencadenarlo. En términos simples, se busca imaginar antes de tiempo una crisis para identificar qué medidas pueden impedirla o reducir sus consecuencias.

Vista aérea de la Tierra desde el espacio que muestra un huracán con su ojo central y nubes blancas girando en espiral sobre un océano azul oscuro.

El ciclón Nargis en Myanmar causó cerca de 140.000 muertes en 2008 y concentró más víctimas que cientos de tormentas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Tres prioridades para anticipar desastres meteorológicos de gran escala

El equipo del

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La segunda prioridad es comprender mejor los umbrales a partir de los cuales los daños aumentan de forma muy rápida. Un umbral es el punto en que un cambio adicional, aunque parezca pequeño, genera consecuencias mucho mayores. Por ejemplo, unos días extra de calor intenso pueden multiplicar los problemas de salud si coinciden con cortes eléctricos o con hospitales saturados.

La tercera propuesta es establecer cuáles son los límites físicos del tiempo meteorológico en climas bastante más cálidos o más fríos que el actual. Esa tarea apunta a conocer qué fenómenos pueden producirse bajo condiciones que las sociedades modernas todavía no han enfrentado.

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El trabajo fue difundido después de un verano con miles de muertes adicionales registradas en Europa durante las olas de calor de junio y mientras se analizaban los posibles efectos globales de

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