Conocida la infinita maldad del régimen teocrático de
No, no es una casualidad que a las puertas del quinto aniversario de la muerte de
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Más represiva y brutal, como demuestra el ritmo acelerado de ejecuciones a opositores que está perpetrando. Los datos son escalofriantes.
Durante el 2025 se ejecutaron 1.639 personas oficialmente reconocidas (un incremento de un 68% respecto al año anterior), pero a partir de 2026, el número de ejecutados es incalculable. Las ejecuciones reconocidas, con sentencias dictadas por los tribunales islámicos, llegaron al millar, y solo en el mes de agosto se han ejecutado en las cárceles a 89 personas, lo que equivale a un 33% respecto al mes anterior. Pero las ONG que monitorean la represión hablan de
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La primera conclusión evidente, datos en mano, es que la guerra contra Irán no sólo no ha servido para hacer caer la tiranía de los ayatollahs, (como aseguraba el grandilocuente eslogan de los primeros momentos), ni lo ha resquebrajado para facilitar una transformación, sino que ha provocado un trígono infernal de poder que ha mutado el régimen hacia posiciones mucho más intransigentes y peligrosas. Estos son los tres vértices del triángulo que hoy gobierna Irán:
En el caso del Khamenei hijo, la radicalidad viene de origen: siempre ha mantenido posiciones políticas más inflexibles y radicales que su padre; ha sido el jefe de facto, durante décadas, de la milicia paramilitar Basij, responsable de la represión y violencia en las manifestaciones opositoras; su alineamiento con la rama más dura de la Guardia Revolucionaria es absoluta; y, finalmente, es el patrón político y económico del Jebhe-ye Pāydārī-ye Enqelāb-e Eslāmī, el partido ultrareligioso que lidera el ayatolá Mahdi Mirbaqiri.
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Son precisamente los
Finalmente, el tercer vértice, el que realmente gobierna Irán: los pasdaran, es decir, los guardianes revolucionarios, conocidos mundialmente como la Guardia Revolucionaria Islámica, el famoso CGRI. Si antes de la guerra eran temibles, la ascensión de la vieja guardia, después de la eliminación de la mayoría de la jerarquía existente, ha comportado una radicalización extrema. Cabe recordar que los dos líderes más relevantes de la Guardia Revolucionaria son el general Ahmad Vahidi, (comandante en jefe), y Mohsen Rezaee, (jefe de seguridad y asesor militar supremo), ambos con Circular Roja de Interpol por su vinculación directa con el atentado de la mutual AMIA en Buenos Aires en 1994. Vahidi está considerado el cerebro del atentado, y hoy es quien comanda las CGRI. Radicales e implacables, furibundamente antisemitas y anti estadounidenses, convencidos de la confrontación armada y contrarios a cualquier concesión, se han convertido en una auténtica junta militar, sin ningún contrapeso político, y con un absoluto dominio de las fuentes económicas del estado. Es justamente Mohsen Rezaee quien tiene la gestión directa del estrecho de Ormuz, y quien impide sistemáticamente cualquier acuerdo sostenible.
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Esta es la terrible realidad para los millones de iraníes que lucharon, se manifestaron, murieron en las calles de Irán y creyeron en la esperanza de un cambio posible. “Help is on its way”, dijo Trump en un famoso mensaje en su red social Truth Social. Era el 13 de enero de 2026 y 15 días después Estados Unidos e Israel iniciaban una guerra que aspiraba a cambiar el mapa de Oriente Medio y provocar la caída del régimen. Mucho ha pasado desde entonces, y es evidente que la guerra ha debilitado económica y militarmente al régimen. Pero, enquistado en su búnker, el régimen se ha vuelto aún más violento y tiránico. Algo se está haciendo mal, muy mal, en esta guerra convertida en un atolladero. Todo es incierto y caótico, excepto una certeza: a cinco años del asesinato de Mahsa Amini, la desesperanza acompaña al silencio, en las calles de Irán.
X: @RaholaOficial
Web: https://pilarrahola.com
Instagram: pilar_rahola/
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