
Con una intensidad de 7,4 en la escala de Richter, el terremoto registrado esta mañana en Colombia es
La tierra tembló por primera vez a las 2.59 de la madrugada de ese viernes y tuvo dos fuertes réplicas inmediatas, una a las 3.02 y a las 3.04, con epicentro a 640 kilómetros al sur de Bogotá. Solo días más tarde se llegaría a establecer con relativa precisión el saldo de la catástrofe:
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La causa del sismo fue determinada por el Instituto Sismológico de Canadá, cuyos expertos informaron que la tierra se había abierto en el fondo del océano Pacífico. Además, hicieron una advertencia preocupante: “Los temblores pueden continuar hasta que se cierre”, dijeron. Las localidades más afectadas fueron El Charco, San Juan de la Costa, Mosquera, Tumaco y varios caseríos costeros.

La población costera de Tumaco quedó arrasada. Al día siguiente, los primeros periodistas que pudieron llegar a la zona empezaron a enviar despachos con desgarradores testimonios de los sobrevivientes. “Atada a la camilla de un hospital de campaña, Mónica Delmar Sabogal ya no quiere vivir. Ha tratado de matarse quitándose la cánula a través de la cual le suministran suero. Lo ha intentado en dos oportunidades hasta que el médico dio la orden de atarla. A ella no le interesa seguir viviendo, alguien le ha dicho que su madre ha muerto durante el terremoto. Mónica vivía sola con ella, ya no que queda nadie en el mundo”, decía un cable de la agencia UPI. “Acaban de identificar a un hombre, se llamaba Julio Martínez. A su lado han dejado otros dos cadáveres cubiertos por una lona. Son más pequeños, parecen de niños. El soldado que los custodia cuenta que son los dos hijos del hombre. Dice que cuando caminaban por la calle del Comercio en busca de refugio, después del temblor, una columna de alumbrado les cayó encima y los tres murieron al instante”, continuaba el texto.
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La crónica, que llegó de Tumaco a Bogotá llevada por el piloto de un helicóptero militar, terminaba así: “
Apenas ocurrido el sismo, el ejército y la marina colombianas intentaron enviar al lugar de la catástrofe a varios escuadrones, que partieron desde Cali y Bogotá, pero fue inútil:
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Un cronista radial de la cadena Todelar contó desde Tumaco cómo cientos de personas vagaban por las calles buscando sobrevivientes y trataban de conseguir agua. “La angustia y el hambre están provocando el saqueo de los pocos almacenes que quedan en pie, y los que se desplomaron también, ya que la gente se abre paso entre los escombros buscando una lata de conservas… Ni siquiera queda agua para beber”, describió.

Doce horas después del primer terremoto, Dora Urrego, coordinadora de Defensa Civil de El Pasto, otra de las poblaciones afectadas, hizo un dramático balance de la situación: “Esta catástrofe destruyó la cuarta parte del territorio colombiano. Aquí todo es miseria, muerte y desolación. La falta de comunicación ha impedido, además, agilizar el envío de grupos de rescate, comida y medicamentos”, declaró.
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Los catastróficos efectos del sismo fueron potenciados por un maremoto en el Pacífico que arrasó el islote San Juan y causó la muerte de alrededor de doscientas personas. Las olas, que alcanzaron
En Bogotá y otras ciudades importantes en Colombia, el sismo hizo temblar a los edificios más altos, pero sin causar víctimas ni daños significativos. Por eso, cuando ese mismo día el entonces presidente Julio César Turbay Ayala se mostró frente a las cámaras de televisión, la mayoría de sus compatriotas no conocía todavía el verdadero alcance del temblor que esa madrugada había sacudido el litoral del país. “En estos momentos de duelo y dolor, los colombianos debemos mantenernos más unidos y enteros que nunca. Los convoco a todos, sin excepción, a colaborar con nuestros compatriotas que han sido víctimas del terremoto. Estoy convencido de que, una vez más, sabremos demostrar nuestra fortaleza y solidaridad. El gobierno ha tomado todas las medidas a su alcance para socorrer a las víctimas y hará todo lo necesario para reconstruir las ciudades afectadas. Sabemos que no estamos solos en esta difícil tarea. Todo el pueblo de Colombia nos acompaña en ella”, dijo el mandatario.
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Más allá de las palabras presidenciales, Colombia entera siguió en vilo durante casi un mes, no solo por las interminables tareas de rescate de cadáveres sino porque
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