
A Liss Paredes le costó encontrar el camino que quería seguir. De niña descubrió en el dibujo y la pintura una forma de expresarse; años después pasó por distintas
Hoy, a sus 27 años, es licenciada en Arquitectura por la
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Pero detrás de esa nota hay una historia mucho más larga. Una marcada por las dificultades económicas, las responsabilidades familiares y varias decisiones que pudieron llevarla por caminos distintos. Liss eligió seguir estudiando. Y esa decisión terminó convirtiéndose también en una forma de devolver a su región parte de lo que aprendió.
“La educación es el arma más poderosa para transformar, no solamente San Martín, sino el mundo”, reflexiona en diálogo con Infobae Perú.
Su trabajo cobra especial relevancia este domingo con la conmemoración del
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Las historias que marcaron su vida y terminaron definiendo su camino como arquitecta
Liss nació en el barrio Suchiche, considerado uno de los barrios originarios de
Durante su adolescencia todavía no tenía claro qué
A los 13 años, además, comenzó a realizar
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“Cuando yo tenía como 13 años, conocí allá a niñas que ya estaban embarazadas. Cuando yo tuve 16, ellas ya tenían tres hijos o dos hijos. Era una realidad que me impactó”, recuerda durante la entrevista para este medio.

Con el tiempo, Liss comenzó a identificar que detrás de esas historias aparecían otros problemas: pobreza, falta de oportunidades, dificultades para continuar los estudios y la ausencia de espacios adecuados para que las madres pudieran cuidar a sus hijos mientras estudiaban.
Ese recuerdo permaneció con ella durante los siguientes años. Todavía no sabía cómo abordarlo, pero terminaría encontrando una respuesta en una profesión que inicialmente tampoco tenía del todo clara.
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Su esfuerzo y vocación por la Arquitectura llevaron a Liss hasta Pronabec
Desde pequeña Liss encontró en el arte uno de sus primeros refugios. Participaba en concursos de dibujo y pintura y, cuando tenía alrededor de cinco años, ganó un concurso regional. La

Al terminar el colegio todavía no tenía claro qué estudiar. Incluso viajó a Lima con la intención de seguir Diseño de Interiores, pero regresó a Tarapoto al mes de iniciar la carrera. Luego empezó Arquitectura en una universidad particular donde destacó académicamente, incluso llegando a ocupar el primer puesto, pero la falta de recursos económicos hizo que tuviera que dejar esa institución.
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Después intentó ingresar a Derecho y terminó matriculada en Agronomía, carrera que cursó durante dos ciclos. Mientras estudiaba, una experiencia aparentemente cotidiana volvió a acercarla a la arquitectura: conoció a una estudiante de esa carrera y comenzó a ayudarla con sus trabajos.
“Me sentía bien triste porque era mi sueño”, recuerda por lo que decidió intentarlo una vez más. Es así que, postuló a Arquitectura en la
El camino acababa de iniciar para Liss, quien ocultó este hito académico de sus padres por algunos meses, así como ocultar sus maquetas en casa de sus amigos. Sin pedir ayuda, pese a las dificultades, Liss continuó apostando por sí misma, Para pagar sus estudios, Liss vendía tortas, galletas y refrescos. También realizaba trabajos académicos y caminaba hasta la universidad. El esfuerzo comenzó a reflejarse en sus calificaciones: después de un primer ciclo regular, pasó a ocupar los primeros lugares de su facultad.
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El apoyo decisivo llegó cuando obtuvo la
La beca le permitió estudiar con mayor tranquilidad y acceder a recursos que antes eran difíciles de conseguir. “Yo caminaba hasta la universidad para poder estudiar. Gracias a ellos mejoró mi vida, cambió un montón mi vida”, recuerda.
Cuando Liss descubrió que la arquitectura también podía transformar comunidades
En la universidad, Liss descubrió que la arquitectura podía servir para mucho más que diseñar viviendas o edificios para clientes particulares.
Uno de los momentos que cambió su manera de entender la profesión ocurrió cuando conoció el trabajo del arquitecto africano
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A esa inspiración se sumaron la arquitecta italiana
“Dije: ‘Yo también podría hacer esto’. De repente no todos queremos ser gerentes de calidad o diseñadores de interiores. De repente queremos hacer algo con la arquitectura, impactar en las comunidades”, explica.
Pero la idea para su tesis no surgió únicamente de los arquitectos que admiraba. También regresó a aquellas historias que había conocido cuando era adolescente.

Durante sus intervenciones en comunidades de Lamas, encontró a dos niñas de alrededor de ocho años que permanecían solas mientras su familia trabajaba en la chacra. No estudiaban y, durante una visita realizada en época de pandemia, la lluvia obligó al equipo a quedarse en la comunidad.
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También conoció a una mujer adulta mayor que no sabía leer ni escribir y que perdió parte de sus tierras después de quedar viuda. Firmó documentos que no comprendía y terminó perdiendo terrenos productivos donde se cultivaban productos como cacao y piña. “Ella hubiera podido tener una mejor vida si se hubiera quedado con sus tierras”, reflexiona Liss.
Aquellas historias terminaron conectándose con una pregunta que llevaba años rondando en su cabeza:

Un centro educativo pensado desde la comunidad
La respuesta tomó forma en su tesis de titulación: un

Para Liss, la clave está en que el diseño no se imponga desde un escritorio. “Este proyecto no nace desde el ego del arquitecto, sino desde la comunidad. Es la comunidad la que me ha propuesto cómo debía hacerlo”, sostiene.
La propuesta responde, además, a una dificultad que Liss identificó durante sus visitas: muchas mujeres tienen
“Si hubiera un colegio integral en donde ellas pudieran tener dónde dormir, tener qué comer, tener dónde estudiar, tener dónde cuidar a sus hijos y tener dónde vender, creo que eso también es importante, la productividad”, explica.
El histórico 20 que la convirtió en la primera alumna de la Universidad Nacional de San Martín en alcanzar esa nota
La propuesta también le permitió alcanzar uno de los mayores reconocimientos de su trayectoria académica. Liss obtuvo

La deliberación del jurado, que normalmente debía durar unos minutos, se extendió durante aproximadamente una hora y media. Liss pensó “que había hecho algo muy mal o había hecho algo muy bueno”.
Su familia y algunos de sus alumnos estaban presentes cuando finalmente recibió la noticia. “Yo no pude escuchar bien porque mi mamá gritó antes. Toda la gente estaba gritando”, recuerda entre risas.
El momento que más la conmovió, sin embargo, llegó después, durante la imposición de una placa por su logro. Allí estuvo Alexandra Ames, entonces directora de Pronabec, quien destacó la pertinencia de su investigación para atender a poblaciones que enfrentan diversas formas de exclusión.
En este recorrido, Liss también destaca el acompañamiento de la

Del techo al huerto: el proyecto de Liss para llevar agua y alimentos a una comunidad
Mientras busca oportunidades para hacer realidad el centro educativo de Lamas, Liss también trabaja en otro proyecto de menor escala, pero que comparte la misma idea: utilizar la arquitectura para responder a necesidades concretas de las comunidades.
Se trata de “
El proyecto se ejecutará en la Institución Educativa N.° 0730 del caserío El Porvenir, en la provincia de El Dorado. La iniciativa obtuvo financiamiento del Fondo Concursable de Proyectos de Responsabilidad Social y Ambiental 2026 de la universidad. La idea consiste en
Liss explica que la intervención involucra a arquitectos, estudiantes, docentes, psicólogos, nutricionistas, médicos y líderes ambientales. Todos aportan desde su especialidad para atender una problemática que tiene varias dimensiones.

“En las ciudades amazónicas, el colegio es un eje articulador para la comida. Todos se juntan, todos comen en el colegio. Entonces, si yo solamente alimento a los niños, también alimento a la comunidad”, señala.
El proyecto también busca promover mejores hábitos alimenticios. Liss considera especialmente preocupante que en una región con tierras fértiles persistan problemas como la anemia infantil. “Acá es la cuna de la agricultura, pero los niños se mueren de anemia. Hay algo que tenemos que cambiar”, sostiene.
“La educación me salvó la vida”
Detrás de la arquitecta que hoy diseña proyectos para comunidades amazónicas existe también una historia familiar marcada por momentos difíciles.
Cuando tenía alrededor de ocho años, su hermana quedó en coma. La situación transformó la vida de su familia y generó años de dificultades económicas y judiciales. Liss creció viendo a sus padres enfrentar problemas que incluso pusieron en riesgo la estabilidad de su hogar. “Yo siempre digo que a mí la educación me salvó la vida”, afirma.
Por eso, cuando habla de las niñas y mujeres que espera beneficiar con su proyecto, también habla desde su propia experiencia. Ella sabe lo que significa tener obstáculos económicos, dudar del camino elegido y volver a empezar.

Su historia pasó de aquel puesto 400 que ocupó al terminar la secundaria a convertirse en la primera estudiante de su universidad en obtener 20 en una tesis. Entre ambos extremos hubo cambios de carrera, trabajos para pagar sus estudios, becas, dificultades familiares y muchas horas dedicadas a una profesión que terminó encontrando un propósito social. Ahora quiere que esa experiencia sirva para que otras niñas de San Martín puedan imaginar un futuro distinto.
“Siempre digo: Estudien.
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