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Ese acercamiento no se produjo de la noche a la mañana. La
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Italia, Dinamarca, Austria, Bélgica, Bulgaria, Chipre, Croacia, República Checa, Estonia, Finlandia, Alemania, Grecia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta, Países Bajos, Polonia, Rumanía, Eslovaquia, Eslovenia y Suecia forman parte de ese grupo. A simple vista cuesta encontrar un hilo conductor entre ellos. Conviven
El consenso, sin embargo, no fue unánime. Cinco Estados miembros decidieron no sumarse a la iniciativa impulsada por Italia: España, Francia, Portugal, Irlanda y Luxemburgo. Aunque las razones no fueron idénticas en todos los casos, sus ausencias también reflejan las distintas sensibilidades que siguen existiendo dentro de la Unión en materia migratoria.
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En el caso de España, su ausencia resulta lógica al tratarse del país directamente afectado por la crisis de Ceuta y al que los firmantes expresan su respaldo para hacer frente a la
Irlanda también decidió mantenerse al margen, en línea con una
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De Italia a Dinamarca: el endurecimiento deja de ser una cuestión ideológica
Si hay un país que simboliza esa transformación es
Ese cambio de enfoque se ha traducido en acuerdos con Túnez y Libia para contener las salidas, en el pacto con Albania para trasladar parte de la gestión de las solicitudes de asilo fuera del territorio comunitario y en una defensa constante del refuerzo de Frontex y de los retornos de inmigrantes que no obtienen protección internacional.
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Lo llamativo es que ese discurso ya no pertenece exclusivamente a gobiernos conservadores. El caso de
Fronteras distintas, preocupaciones diferentes
Las razones que llevan a estos países a compartir posición, sin embargo, no son exactamente las mismas. Para los Estados mediterráneos, como Grecia, Malta, Chipre o la propia Italia, la prioridad continúa siendo
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En cambio, Alemania, Países Bajos, Bélgica o Suecia observan el fenómeno desde otra perspectiva. Aunque no soportan la misma presión en sus costas,
La evolución de Suecia resume bien ese cambio. El país que durante la crisis de 2015 simbolizó la política europea de acogida ha endurecido progresivamente su legislación migratoria después de recibir uno de los mayores números de solicitantes de asilo por habitante de toda la
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El este convierte la inmigración en una cuestión de seguridad
Si el sur mira al Mediterráneo y el norte a
Ese episodio marcó también a Estonia, Letonia y Lituania, que aceleraron el refuerzo de sus fronteras y comenzaron a considerar que la protección del territorio comunitario no respondía únicamente a una cuestión migratoria, sino también geopolítica. Austria, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Bulgaria y Rumanía comparten buena parte de ese diagnóstico y llevan años defendiendo un mayor control de las fronteras exteriores y una política europea más exigente en materia de retornos.
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Ceuta pone a España en el centro del debate migratorio europeo
La crisis de Ceuta ha terminado convirtiéndose así en mucho más que un episodio puntual en la frontera sur de Europa. Lo ocurrido en la ciudad autónoma ha situado a España en el centro del debate sobre el futuro de la política migratoria comunitaria y ha dado visibilidad a un bloque de países que llevaba años defendiendo un cambio de enfoque. Aunque los 22 Estados expresan su apoyo a las autoridades españolas para hacer frente a la presión migratoria, también consideran que la situación
En ese contexto, la iniciativa impulsada por Italia reclama una respuesta coordinada de Bruselas que pase por intensificar la cooperación con Marruecos, reforzar el despliegue de Frontex y agilizar los retornos de quienes no tienen derecho a permanecer en territorio comunitario. Al mismo tiempo, advierte de que determinadas políticas que pueden actuar como “factores de atracción”, entre ellas la
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El episodio migratorio que ha sufrido la
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