
Lo reconoció. Imposible no saber quién era él. Estaban cara a cara, como tantas otras veces durante años. Con sus uñas desesperadas le arrancó muestras de piel. Luchó, arañó, empujó y forcejeó hasta que perdió la batalla. Los últimos minutos de la vida de
Ese miércoles 2 de mayo del año 2001, cuando Leslie de 49 años fue encontrada muerta por la policía en su propia casa de dos pisos, le faltaban ocho días para festejar sus 50 años. Minutos antes de ser hallada, a las 11.35, habían llegado a la vivienda
PUBLICIDAD
Al llegar se saludaron en el porche y Carl abrió con su llave. Apenas entraron, notaron decenas de salpicaduras en las paredes del hall de ingreso. Eran de color óxido, más marrones que rojas. Avanzaron hacia la cocina donde vieron más manchas que parecían sangre seca, la mesa volcada y la alfombra corrida de lugar. Carl comenzó a llamar a Leslie a los gritos. Le respondió un silencio perturbador.
Brett salió de inmediato; Carl, en estado de shock, optó por quedarse en la cocina desde donde llamó a un par de hospitales. Pensó que su mujer podría haberse lastimado y haber precisado ayuda médica. Nadie sabía nada de una tal Leslie Preer. Enseguida, Carl notó que el auto de Leslie estaba en la propiedad. No podía ser. En minutos llegó la policía. Fueron ellos los que subieron al primer piso de la residencia. No demoraron en verla:
PUBLICIDAD

La voz del ADN
Carl era el último que había visto a la víctima. También era quien la había hallado. Se convirtió de inmediato en el principal sospechoso del homicidio. Los detectives supieron pronto que el matrimonio no andaba bien y que Leslie era alcohólica. Lo dijo el mismo Carl en su declaración policial:
A los detectives les pareció que
PUBLICIDAD
Mientras esto sucedía con el viudo, el cuerpo de su mujer había sido trasladado en helicóptero hasta el sitio donde le realizaron la autopsia.
Los detectives elaboraron una hipótesis: el asesino la había golpeado en la planta baja y, luego, había subido el cuerpo para ponerlo debajo de la ducha y así poder borrar huellas. Meticuloso, el atacante también
PUBLICIDAD
En la morgue los forenses analizaron a fondo el cadáver. Era obvio que esa mujer había luchado porque había material genético debajo de sus uñas.
En esos tiempos, los resultados de ADN demoraban unos 60 días. El resultado del análisis redujo la angustia de Carl y lo quitó del primer lugar de la lista de sospechosos:
PUBLICIDAD
La autopsia demostró que la víctima fue golpeada en la cabeza unas siete veces en la nuca y en la frente, tenía heridas defensivas y había sido rematada por ahorcamiento manual.

Una lista con posibles asesinos
Las autoridades le pidieron a Carl que elaborara, con paciencia y precisión, una lista que incluyera a todos los hombres que habían interactuado, a lo largo de la vida, con su esposa. Familiares, amigos, colegas, compañeros ocasionales de trabajo, amigos de su hija, vecinos, conocidos. No lo supieron entonces, pero en la lista confeccionada por su marido, estaba el criminal.
PUBLICIDAD
Las declaraciones de los vecinos corroboraron lo que Carl había dicho. Meg Bloom dijo que a las 7.25, antes de subirse con su hija a su auto, había visto a
La policía pidió a varios hombres de esa lista una muestra de ADN para cotejar con el que tenían. Negativo. También buscaron, en las bases de datos, a sujetos violentos que pudieran vivir en la zona y compararon sus ADN. Otra vez, negativo.
PUBLICIDAD
Pasaron los meses, los años, las décadas.
El caso seguía abierto, pero sin novedades. Al punto que Carl y su hija Lauren perdieron la esperanza de encontrar al asesino y dilucidar el móvil del crimen.
PUBLICIDAD
En junio de 2017, Carl murió por un shock séptico, sin haber sido totalmente exonerado de las oscuras sospechas que muchos mantenían sobre él. Con el caso irresuelto, Carl seguía de alguna manera en la mira.
Tenía 66 años y el corazón roto por tanta injusticia.

La traición de la botella de agua
El desarrollo de la ciencia de la genealogía genética fue vital para reexaminar este caso abierto. La oportunidad llegó en el 2022. El 1 de septiembre de ese año,
La jueza autorizó y se enviaron las muestras al laboratorio Othram que generó un perfil de ADN de alta resolución. Eso fue lo que usaron las detectives de casos sin resolver, Tara Augustin y Alyson Dupouy, para comenzar, con infinita paciencia, el armado de los árboles familiares
El martes 4 de junio de 2024 se pusieron a revisar las fichas del caso y ¡bingo! Ahí, en la lista que había hecho en su momento Carl Preer, figuraba
Para corroborar sus sospechas precisaban el ADN de este hombre. No podían pedirle una muestra con orden judicial porque no tenían “causa probable suficiente” y él podía negarse a darla. Por otro lado, lo alertarían de que estaba bajo sospecha y él podría buscar un abogado para montar su estrategia defensiva. Querían golpear primero, no perder la oportunidad de sorprenderlo. Querían obtener su perfil sin que lo supiera y para ello montaron guardias. Lo siguieron de cerca. El 9 de junio, en el aeropuerto de Dulles, se dio la oportunidad que esperaban:
El resultado estuvo listo cinco días más tarde:
El 15 de junio de 2024,
Tres días más tarde fue acusado por el asesinato en primer grado de Leslie Preer y solicitaron su extradición al estado donde ocurrieron los hechos. Nada de libertad condicional, ya había estado libre por demasiado tiempo.
Lauren fue la primera en ser informada de que tenían al homicida. Al escuchar el nombre, gritó desolada:
El 18 de junio fue interrogado por las dos mujeres detectives que ayudaron a resolver el caso Augustin y Dupouy. Ellas lo sorprenden al revelarle, él no tenía la menor idea, cómo habían llegado hasta él:

Ausente en el funeral
Eugene Gligor (nacido el 11 de septiembre de 1979) había sido novio de
En la familia de Eugene Gligor eran cuatro: su hermano mayor Stefan y sus padres. El padre, Virgil Gligor, había nacido en Rumania, era profesor de seguridad informática en la Universidad de Maryland y también dueño de una consultora en ciberseguridad. Judith Graves, la madre, tenía un puesto ejecutivo en el World Bank.
En ese tiempo de noviazgo, Lauren fue testigo involuntario del divorcio de los padres de su novio: Virgil le recriminaba a Judith haber tolerado a su hijo menor hurtos, el abuso de drogas y que les birlara dinero sin permiso. Para Virgil ser tan permisivo era algo inaceptable. De hecho, Eugene terminó siendo expulsado del colegio el mismo año en que sus padres se divorciaron. Muchos justificaron su conducta y su consumo excesivo de alcohol y drogas por ese trauma familiar.
Cuando comenzaron la facultad ambos inevitablemente se alejaron y la relación se enfrió. En 1997, cuando cursaban segundo año en la universidad,
Habían sido muy unidos, sin embargo, cuando ocurrió el crimen cuatro años después,
Lo curioso es que, ese mismo día, Gligor se había subido a su auto y había manejado hacia Portland, en Oregon, con la excusa de visitar a un amigo. Ese amigo recuerda que le llamó mucho la atención la visita inesperada de Gligor, él pensaba que tendría que haber ido al entierro de la madre de su ex. Pero terminó suponiendo que, a lo mejor, estaba demasiado impresionado.
Quienes conocieron a Gligor lo describieron como un joven serio y de actitud tranquila. Ninguno lo creyó capaz de cometer un crimen. Jordan Weiers, quien trabajaba con él en una inmobiliaria desde 2018, aseguró:

Alertas inadvertidas
La detención permitió conocer más cosas sobre él: luego del homicidio había sido detenido por manejar alcoholizado, por robos menores y por posesión de armas. Como nada había sido de gravedad,
Hubo un detalle nada menor que todos desconocían hasta la detención, salvo Lauren: un episodio del año 1995 que no había quedado asentado en ninguna ficha, solo en la memoria de su ex novia. Una noche fue llevado a una dependencia policial para ser interrogado por ser parecido a la descripción que
Hubo algo más que la policía había pasado por alto. El 30 de enero de 2002, un viejo vecino de Gligor sugirió a los detectives del caso Preer que ese joven podría estar ligado al crimen, pero no brindó pruebas ni desplegó motivos para justificar la sospecha. Nadie prestó atención.
Eugene Gligor continuó viviendo sin mayores contratiempos. Se trasladó a Nueva York donde consiguió trabajo en el mundo culinario. Se casó con una joven llamada Jane Beth Brockman de la que se divorció a comienzos del año 2015. Volvió a casarse y con su nueva pareja se instalaron en Washington, donde tenían una vida social intensa, regada con excesos de alcohol. Tanto que en algún momento Gligor se internó voluntariamente para desintoxicarse. Justo antes de su arresto, Gligor y su novia habían estado de vacaciones por Europa.
En todos esos años que siguieron al crimen de su madre, Lauren se encontró tres veces de manera accidental con su ex. La primera vez fue luego de la muerte de Leslie. Lauren le contó lo ocurrido y él opinó poco, solo dijo que lo sentía mucho.
Antes de morir en 2017,
En 2019, Lauren volvió a toparse con Gligor, pero no hablaron de Leslie.
En 2021, la segunda esposa de Gligor solicitó una perimetral contra él. Lo acusó de conducta imprevisible: sostuvo que le arrojaba objetos peligrosos y que daba puñetazos a las paredes. La justicia fue ciega y sorda y alegó que no había razones para creer que hubiera abuso. En esas semanas, Lauren recibió un mensaje de Stefan Gligor, el hermano mayor de su ex: decía que temía ser lastimado por él. Lauren se asustó tanto que decidió no responder el mensaje.
En 2023, en un restaurante, Lauren y Gligor se vieron por tercera vez:

Crimen con castigo
La noticia de su detención conmocionó profundamente a Lauren y la dejó con un sabor amargo.
En mayo de 2025 Gligor se declaró culpable de asesinato en segundo grado, sin premeditación. De esa manera evitó el juicio por jurados donde su condena podría haber sido más severa.
Durante la audiencia de sentencia se expuso el video de su interrogatorio donde se lo ve hablar sin derramar lágrimas. Frío, desalmado, calculador y egocéntrico. Cuando la policía se lo hace notar, él se defiende diciendo que
La fiscalía realizó la reconstrucción y pidió 30 años de cárcel. Demostró que Gligor golpeó la cabeza de su ex suegra repetidamente contra el piso del hall de recepción de la casa. Lo realizó con una violencia salvaje, sus heridas calzaban a la perfección con el zócalo de madera. Como ella no murió con los golpes y seguía respirando, el acusado optó por ahorcarla con sus manos apretando su cuello, lo que produjo tremendas hemorragias en sus ojos. Luego, arrastró el cuerpo ensangrentado escaleras arriba y lo colocó en la ducha. Abrió el agua caliente y la dejó correr para eliminar rastros. El agua estaba hirviendo y quemó la piel de la víctima en varios sitios. Acto seguido, pasó el trapo por el piso del ingreso de la casa y salió por la puerta de atrás.
Lo que no se pudo dilucidar fue el móvil del crimen. Gligor no quiso revelarlo.
Los abogados defensores del acusado intentaron una estrategia: su cliente había pasado una infancia traumática,
El 28 de agosto el juez dictó sentencia:
Respecto del móvil, la teoría sostiene que Gligor pudo haber entrado a robar, pensando que no habría nadie, y que fue sorprendido por su ex suegra que lo reconoció. También hubo hipótesis más complejas, sin mucho asidero, que deslizaron que
El convicto podría quedar libre al cumplir 16 años de prisión efectiva, en 2040.
Lauren, desde la violenta muerte de su madre, ha vivido consumida por el miedo. Después del homicidio, logró terminar sus estudios universitarios en la Universidad Marymount y en la Savannah College of Art and Design. En el año 2000 entró a trabajar como ejecutiva de ventas en las tiendas Nordstrom. Desde entonces su ascenso laboral no se detuvo y hoy
Se casó y se divorció en 2010. Desde entonces tuvo dos parejas más: siete años con Shawn Masset y dos más con Alex Rolnick.
Tras el crimen pasó
Compartir nota:





Deja una respuesta