
“Llegar antes de partir” decía el slogan con que Air France y British Airways promocionaban sus vuelos con aviones supersónicos Concorde y la frase era apenas exagerada porque ninguna otra aeronave comercial podía volar a una velocidad que permitía unir París con Nueva York en apenas
El sueño de
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Era, además, un avión de lujo, con capacidad para cien pasajeros, que sólo podían utilizar quienes desembolsaran los 9.000 dólares (unos 23.000 actuales) que costaba el pasaje. Claro que su andar silencioso, la canilla libre de champagne a bordo, los bocaditos de caviar y el catering preparado por los más famosos chefs franceses hacían olvidar el precio a los pasajeros que se acomodaban en sus

Se lo consideraba también
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Volar hacia la muerte
Los relojes del Aeropuerto Internacional Charles De Gaulle, en la capital francesa, marcaban exactamente las 16 horas, 44 minutos y 55 segundos, cuando el vuelo 4590 de Air France con destino a Nueva York carreteaba por la pista principal a más de 300 kilómetros por hora para levantar vuelo. De pronto, un grito desesperado del operador de la torre de control retumbó en la cabina del avión:
-¡Detengan el despegue! ¡Hay fuego en uno de los motores!
-Avería en el motor número 2 – respondió el piloto Christian Marty con voz calma -. El fuego se extiende. Es tarde para frenar. Subiremos y viraremos hacia Le Bourget para aterrizaje de emergencia.
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El Concorde levantó vuelo, seguido por una larga estela de fuego que salía de su flanco izquierdo. El piloto lo hizo girar con una maniobra que pareció una pirueta, pero ya no había nada que hacer:
A bordo viajaban 100 pasajeros y 9 tripulantes. Con sus depósitos llenos de combustible, al tocar el suelo el avión estalló y se desintegró en miles de pedazos. Una de las partes incendiadas voló hasta un hotel de la cadena Hotelissimo, de 45 habitaciones, construido totalmente en madera. Las llamas se difundieron con rapidez y dejaron sin escapatoria a cinco huéspedes, que murieron quemados. El saldo total fue de 114 víctimas. Pronto habría una víctima más: el propio Concorde.
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Las primeras hipótesis
Desde el momento mismo en que se apagó el último foco de incendio, los bomberos dejaron las operaciones a cargo de un grupo de expertos aeronáuticos, que rastrearon las partes de los restos necesarias para las pericias del accidente. “Presten atención a ver si encuentran algún pájaro”, fue una de las órdenes que dieron. No descartaban que algún ave se hubiera introducido en el motor y causado la falla. A medianoche encontraron las cajas negras, que fueron llevadas inmediatamente a París. La investigación oficial, con la carátula de “homicidio involuntario”, quedó a cargo de la Fiscalía del Tribunal de Gran Instancia de Pontoise, que de inmediato
Casi al mismo tiempo, el director de Comunicaciones de Air France, François Bouzet, trataba de apagar otro incendio. Una de las primeras informaciones que lograron obtener los periodistas fue que
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-El piloto Christian Marty y el copiloto Jean Marcot ejercieron su derecho a exigir un chequeo técnico antes de partir – respondió Bouzet.
-¿Qué resultó de esa revisación? – repreguntó el cronista.
-El comandante Marty insistió en que se reemplazara una pieza del motor número 2 del avión…
-¿Podría identificar la pieza? – lo interrumpió el periodista.
-El rear thrust (impulsor de reversa) – dijo Bouzet y esperó la pregunta que no podría evitar.
-¿No fue el motor número 2 el que se incendió?
-Sí, pero es absolutamente imposible en este momento atribuir a esa reparación el origen del accidente. Ruego que no se dejen llevar por rumores infundados – contestó. Era la única respuesta posible.
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Rumores supersónicos
Veinticuatro horas después del accidente, los rumores volaban a una velocidad que superaba a la de los Concorde. Uno de ellos era muy sugestivo: si había una falla en alguno de los motores, una alarma debería haber sonado en el momento en que se iniciaban las tareas de despegue, lo que habría permitido que el piloto lo abortara. Si la alarma no había sonado, era evidente que los sistemas de seguridad habían fallado. Era una de las líneas de investigación que estaban siguiendo los expertos. “El piloto se dio cuenta de que había una avería en el motor número 2, pero

André Turcat, el piloto que había comandado el primer vuelo experimental de un Concorde en 1969, arrojó más leña al fuego, si eso era posible. El experimentado aviador creía que la causa era mucho más grave que una falla del motor. “De ser así, la tripulación habría podido constatarlo cuando el avión iba a una velocidad de 300 kilómetros por hora. A esa altura todavía es posible frenar el avión. Es algo bien demostrado, certificado y para lo cual todos los pilotos Concorde han sido entrenados. De modo que
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Pronto terció en la cuestión el vocero de Roos Royce. Con el motor Snecma Olympus en la mira de todo el mundo, la empresa salió a defender su producto. “En 24 años de ejercicio y casi un millón de horas de vuelo, jamás se experimentó el más mínimo problema”, explicó desde Londres el director de Relaciones Públicas de la compañía, Steve Fushelberg.
Otro dato relevante que comenzó a circular fue que el Concorde del accidente era el más antiguo de los 13 que estaban en operaciones. Había sido fabricado en 1975 y tenía 11.989 horas de vuelo. El año anterior le habían hecho un chequeo completo y cuatro días antes de la tragedia había pasado su último control reglamentario. Sin embargo, los medios se preguntaron si el revolucionario avión supersónico no se estaría poniendo viejo para volar.
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Una pirueta heroica
Luego de la tragedia de Le Bouget, los vuelos de aviones Concorde fueron suspendidos más de tres meses, mientras duró la investigación sobre la causa del accidente. El resultado del trabajo de los peritos fue sorprendente: lo que originó el accidente fue un descuido que nada tenía que ver con el avión, ni con sus mecánicos, ni con los pilotos. La Oficina Francesa de Investigación de Accidentes Aéreos determinó, a partir del contenido de las cajas negras y del análisis de los restos, pero fundamentalmente por el análisis de grabaciones de video del Aeropuerto, que la falla en el avión había sido causada por

Ese fragmento de metal que había quedado sobre la pista sin que nadie lo viera
Las grabaciones de las cajas negras del Concorde revelaron también que, gracias a una acción heroica y desesperada del piloto del avión, se había evitado una catástrofe mucho peor. La pirueta extraña que el Concorde había hecho en el aire antes de estrellarse se debió a que el comandante Christian Marty había tenido la lucidez – ya con la seguridad de caer a tierra y morir – de cambiar el rumbo del avión para
La heroica acción del piloto Christian Marty hizo que un colega ya retirado, el excomandante de Concorde Claude Hetru, se sumara a lo que había establecido el informe: “Cuando uno pilotea un Concorde no está piloteando un avión, está piloteando un Concorde. Es algo especial, único… Y sus pilotos, perdonen la falta de modestia, también lo somos”, declaró.
El 6 de diciembre de 2010 – más de una década después del accidente -, Continental Airlines y John Taylor, uno de sus mecánicos, fueron declarados culpables por homicidio involuntario, al ser responsabilizados por el desprendimiento de la cinta que había causado en accidente del vuelo 4590. Ya era tarde. Hacía siete años que los aviones Concorde habían dejado de volar.
Los vuelos del final
Desde el accidente del 25 de julio de 2000, el número de pasajeros de los aviones supersónicos bajó tanto que hizo económicamente insostenible hacerlos despegar. A eso se agregaron las secuelas del atentado contra las Torres Gemelas, en septiembre de 2001, que afectaron la demanda de pasajes de todas las compañías aéreas y terminaron de sellar el destino del rey de los cielos.

El miércoles 26 de noviembre de 2003, el avión supersónico Concorde G-BOAF, de British Airways, apuntó a la pista y aterrizó suavemente en la pequeña terminal aérea de Bristol Filton, en el suroeste de Inglaterra, como
La
La agonía de los Concorde había sido larga y dolorosa, pero sus vuelos finales – porque hubo más de uno – se parecieron a esa mejoría que algunos pacientes muestran poco antes de morir. En tiempos que la demanda de asientos había bajado de manera drástica, esos
British Airways ofreció un programa de despedidas mucho más prolongado, en tiempo y en distancias. Era
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