
Cuando la pelota cruzó la línea y entró al arco, cuando la derrota se hizo inevitable y la promesa de una
Escobar había intentado despejar un centro rasante del estadounidense
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Colombia perdió ese partido 2 a 1 y quedó automáticamente eliminada del Mundial de 1994
Una Selección que era una promesa
Colombia llegó al
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La goleada de los de Maturana selló ese destino. Valderrama gambeteaba en el mediocampo y los goles los hacían, sobre todo,

Maturana sabía que Escobar era el
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A Escobar le faltaban cinco meses para casarse con la odontóloga con la que llevaba cinco años de novio, Pamela Cascardo. Así estaban las cosas el 22 de junio de 1994.
Una eliminación precoz y traumática
El primer partido de la Selección Colombia en el Mundial fue un baño de una realidad inesperada:
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La presión extrema ya había empezado antes incluso de viajar:
El centro de Harkes fue rasante, cruzado. Escobar fue a interceptarlo. El intento de despeje terminó en gol en contra y selló la eliminación de Colombia sin siquiera tener la más mínima chance en el último partido de la fase de grupos. El fracaso era estrepitoso.
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Después del partido, cuando ya se sabía que el Mundial seguiría sin Colombia, Escobar salió a hablar con la prensa. Dijo una frase que cobraría otro sentido, uno más oscuro y atávico, apenas unos días después:
Días después, todavía en Estados Unidos, publicó una columna en el diario colombiano El Tiempo con ese mismo título. Hablaba de seguir adelante, de que el fútbol era un juego, de que Colombia tenía futuro. Volvió a Medellín. Su familia le había pedido que no volviera todavía, que esperara, que
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Seis tiros con gritos de gol
La noche del 1 de julio, ya de vuelta en la ciudad en la que se había convertido en campeón de América y en titular indiscutido de su Selección, Andrés Escobar salió con unos amigos a la discoteca Padua. Era en Envigado, en las afueras de
En algún momento de la noche cruzó palabras con los hermanos
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Juan Santiago Gallón Henao le dijo: “Usted no sabe con quién se está metiendo”.

Los testigos del asesinato dirían después que habían escuchado,
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Las lágrimas del “Pibe” y la teoría del DT
Carlos Valderrama estaba en un avión cuando ocurrió el asesinato. Llegó a Bogotá sin saber nada. Al bajar, una azafata lo llamó aparte. Le pidió que fuera el último en bajar. “Carlos, tranquilo”, le dijo primero. Después: “Asesinaron a un compañero tuyo.”
Valderrama pensó de inmediato en Faustino Asprilla. “Yo no pensaba en Andrés, sino en Fausto. Si ganábamos salía, si perdíamos también salía, y si empatábamos también”, explicó años después, todavía visiblemente dolido. Lloró antes de que la azafata le dijera de quién se trataba. Cuando lo supo, dijo que Escobar era el que menos merecía un ataque así: “No salía ni con nosotros”.
Maturana aseguró que Escobar “estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado”. Sus compañeros de la Selección pasaron los días siguientes con custodia policial reforzada, con miedo de salir a la calle.
Las hipótesis y las dudas
Humberto Muñoz Castro, el chofer que disparó, confesó.

Los hermanos Gallón Henao fueron condenados por encubrimiento —habían presentado una denuncia falsa de robo para desviar la investigación— y recibieron 15 meses de pena que no implicó prisión efectiva. Santiago Escobar, hermano del futbolista, lo definió con precisión quirúrgica:
Juan Santiago Gallón Henao siguió vinculado al narcotráfico durante las décadas siguientes. En 2009 fue condenado a tres años y tres meses por financiar bloques paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia entre 2000 y 2004.
En 2018 fue detenido en Cúcuta por integrar una red de tráfico de cocaína con destino al Reino Unido y Estados Unidos, oculta en alimentos para animales. Recuperó la libertad en 2019. El 4 de febrero de 2026 fue baleado al entrar a un restaurante en México. Murió ahí.
La hipótesis más instalada durante décadas fue la de las apuestas. Los Gallón Henao eran caballistas con vínculos probados con el narcotráfico.
Pero
Francisco Maturana y varios compañeros del plantel siempre defendieron esa misma línea: que el gol en contra fue apenas el pretexto, que Escobar cayó en un momento y un lugar donde la vida de cualquiera podía apagarse por mucho menos que un partido de fútbol.
Colombia llevaba años en un conflicto feroz que se resolvía con sangre.
La camiseta número 2 no volvió a usarse en el Atlético Nacional durante varios años. El club instituyó la Orden de Mérito “Andrés Escobar Saldarriaga, el Caballero del Fútbol” para quienes encarnen sus valores dentro y fuera de la cancha.
La madrugada de su asesinato, Andrés Escobar tenía 27 años, un casamiento pendiente, un contrato con el AC Milan esperando su firma y una columna publicada en el diario El Tiempo que decía que la vida no terminaba ahí. Los seis balazos que lo masacraron, por motivos que más de treinta años después no terminan de esclarecerse, le negaron la posibilidad de descubrir qué más le quedaba por vivir.
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