Sobreviviente de Colcabamba: los militares dispararon sin advertencia
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Recuento. Del total de ocupantes de la camioneta, Jhonatan Águila solo conocía a su sobrino, Cristian Vilcatoma, y a Nilson Montenegro, ambos muertos durante el ataque. Foto: Composición LR/Ricardo Cervera
Rosmery TaparaEscucharResumenCompartir
«¡Mi sup (superior)! ¡Mi sup (superior), no hay nada! ¡Creo que nos hemos equivocado de carro!
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Estos hechos fueron descritos por Jhonatan Águila Gutiérrez, de 24 años, uno de los pasajeros heridos de bala en la cabeza, quien se hizo el muerto y pudo escuchar los diálogos del capitán Montenegro y de sus subordinados. Por suerte, no se dieron cuenta de que Águila, increíblemente, había sobrevivido. Ahora es un testigo clave para la Fiscalía de Derechos Humanos de Junín.
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Jhonatan Águila sostiene que es falso, como dicen los informes oficiales, que los militares ordenaron detenerse al conductor del vehículo.
Más bien, luego de comprobar que habían atacado el vehículo equivocado, los militares no auxiliaron de inmediato a los heridos. De acuerdo con el testimonio de Jhonatan Águila, uno de ellos ordenó conseguir balas y colocarlas en la escena para fabricar la versión de un supuesto ataque contra los militares y que estos lo repelieron, matando a los cinco civiles.
«¡Mi sup (superior), mi sup (superior), no hay carga (de droga)! ¿Qué hacemos?», preguntó uno de los efectivos.
La respuesta fue: «Traigan balas y láncenlo al carro», conforme al testimonio formal de Jhonathan Águila ante los fiscales y los abogados de las partes, incluidos los militares.
El sobreviviente afirmó que los efectivos cumplieron la orden.
«Ahí es donde lanzan encima de mí, y en el piloto y copiloto, lanzan balas», relató Águila.

Extraños. Respecto a los otros cinco ocupantes de la camioneta, Jhonatan Äguila dijo que no sabía de quiénes se trataba.
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“Disparos fueron al parabrisas”
El orden de los acontecimientos descrito por el sobreviviente es preciso: primero, los militares atacaron la camioneta; después, revisaron a los pasajeros muertos y heridos; luego, comprobaron que no existía la carga de droga que buscaban (500 kilos); finalmente, ordenaron traer balas y arrojarlas en la escena del crimen.
Jhonatan Águila declaró que
«Cuando nosotros (en la camioneta) nos acercamos a ellos (que estaban en la carretera), dispararon desde delante por el parabrisas. Esas personas estaban escondidas. Si nos hubieran puesto el alto, nos hubiéramos detenido. Nos dispararon de frente», manifestó.
El conductor, Nilson Montenegro, perdió el control. La camioneta avanzó unos metros, chocó contra una piedra, atravesó los matorrales y terminó empotrada fuera de la carretera.
Para entonces, Nilson Montenegro había muerto. Los demás pasajeros estaban heridos. Pero los disparos no se detuvieron luego de que el vehículo se detuviera bruscamente.
«Los disparos venían desde la parte de atrás. Dispararon como en tres tiempos: primero cuando estábamos en movimiento, luego cuando nos empotramos, luego se detuvieron un momento y dejaron de disparar, pero luego volvieron a disparar», explicó Jhonatan Águila, según el acta de su testimonio que sirvió al fiscal Jhoel Chamorro Macukachi, quien solicitó y logró la detención preventiva de los ocho militares por 12 meses, con la finalidad de asegurar las investigaciones.
«Durante la intervención, ¿los militares indicaron si eran del Ejército u otra institución militar?», preguntaron a Jhonatan Águila Gutiérrez:
«En ningún momento ellos se han identificado ni han hecho un pare, porque si ellos hubieran hecho un pare, habiendo tantas maneras de intervenir al vehículo, en este caso no dijeron nada y nos intervinieron con balas’», contestó el testigo.
Después de las primeras ráfagas, aproximadamente cuatro hombres armados y vestidos de civil se acercaron a la camioneta.
Los militares se aproximaron a las cuatro ventanas del vehículo. Jhonatan Águila, herido en una mano y en un pie, decidió fingir que estaba muerto. Mantuvo abierto solamente uno de sus ojos para observar lo que ocurría.

Pasajeros de camioneta Hilux fueron asesinados la madrugada del sábado 25 de abril. Foto: La República
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“Todos están fríos”
Uno de los hombres llevaba una gorra verde oscura, pasamontañas negro, chaleco verde oscuro, pantalón negro y botas. Abrió la puerta del conductor. Águila afirmó que fue en ese momento cuando comprendió que se trataba de militares. Uno de ellos revisó a los ocupantes y comunicó a su superior que todos se encontraban muertos.
Pero no todos estaban muertos.
Jhonatan Águila permanecía consciente y rezaba en silencio mientras los militares retrocedían y se preparaban para disparar de nuevo. Antes de la segunda ráfaga escuchó que uno de los pasajeros se quejaba.
«Ah, ah», gemía el herido.
Una de las balas impactó a Jhonatan Águila en la cabeza y otra en el glúteo.
«Yo estaba orando, pidiendo a Dios que me ayude», declaró.
Antes de que los militares revisaran por segunda vez la camioneta, Cristhian Vilcatoma Águila, sobrino de Jhonatan Águila Gutiérrez, abrió la puerta del copiloto e intentó bajar.
El sobreviviente cree que fue atacado en ese momento, cuando descendía del vehículo.
«Cuando estaba bajando seguramente lo mataron. Ahí es donde empieza la balacera y ahí lo remataron», señaló.
Los militares se acercaron nuevamente. Esta vez, dos de ellos llegaron hasta la parte delantera del vehículo. Llevaban pasamontañas.
Los militares cerraron la puerta del copiloto y abrieron una de las puertas posteriores.
Luego sujetaron a Jhonatan Águila por el hombro y lo sacaron del vehículo.
Tenía heridas de bala y el rostro cubierto de sangre. Para evitar que descubrieran que seguía con vida, dejó caer el cuerpo y trató de no respirar.
Jhonatan Águila no señaló que alguno de los pasajeros portara armas.
Cuando la fiscalía le preguntó expresamente si llevaba un arma de fuego o si había realizado algún disparo, respondió que no.
Tampoco dijo haber escuchado disparos procedentes de la camioneta.
Águila sostuvo que los atacantes nunca se identificaron, nunca ordenaron detener el vehículo y nunca les dieron la oportunidad de explicar quiénes eran.
Dispararon primero.
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