
Científicos de los Estados Unidos descubrieron que una proteína cerebral llamada Arc
El hallazgo, publicado en la revista
Ese trastorno es la forma más frecuente de
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La proteína Tau, que en condiciones normales ayuda a mantener la estructura interna de las neuronas, se deforma en esta enfermedad, se vuelve tóxica y forma grumos que matan las células.
Se estima que más de 55 millones de personas viven con demencia en el mundo, según la organización
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Arc: el mensajero con un pasajero clandestino

Arc tiene una función normal y vital: empaqueta información dentro de pequeñas burbujas llamadas vesículas extracelulares —algo así como sobres microscópicos— y las envía de neurona en neurona. El problema surge cuando la Tau tóxica se cuela dentro de esos “sobres” y viaja con ellos hacia células que aún están sanas.
Mitali Tyagi, investigadora de la Universidad de Washington en St. Louis y primera autora del estudio, comparó las
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Pero también se fragmentan en piezas menores que migran a nuevas células y corrompen la Tau sana que encuentran allí.

El equipo comparó ratones con Alzheimer que tenían Arc con ratones que carecían de ella. En los segundos, las vesículas extracelulares contenían apenas rastros de Tau tóxica y ya no podían dañar neuronas sanas.
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“Cuando eliminamos Arc, vimos que la transferencia de Tau se redujo de manera drástica. Casi desapareció”, afirmó la científica.
Cómo detener el “contagio” entre neuronas

Arc presenta un dilema: aunque facilita el avance de la enfermedad, también protege a las neuronas enfermas en etapas tempranas al expulsar el exceso de Tau hacia afuera. Sin esa válvula de escape, las células enfermas mueren más rápido.
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Eliminar Arc de raíz, entonces, no sería la solución. El equipo apunta a algo más preciso: interceptar las vesículas con Tau tóxica después de que salen de la neurona enferma, pero antes de que lleguen a una sana.
Esa ventana —entre la expulsión y la infección— es donde los investigadores ven la mayor oportunidad terapéutica.
Ahora se sabe que Arc cumple un papel doble: propaga la enfermedad pero también protege a las neuronas enfermas en etapas tempranas. El gran desafío es cómo diseñar una terapia que bloquee su efecto dañino sin eliminar su función protectora.
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Desde los Estados Unidos, el doctor

Para pacientes con Alzheimer en etapa temprana, detener ese tráfico podría frenar el deterioro cognitivo futuro.
Una terapia de ese tipo no repararía el daño ya existente en el cerebro, pero podría evitar que la enfermedad avance hacia nuevas regiones. Para millones de pacientes en etapas iniciales, eso marcaría una diferencia real.
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¿En qué plazo realista podría traducirse ese enfoque en un tratamiento para pacientes con Alzheimer en etapa temprana?, preguntó
El equipo también encontró vesículas con Arc y Tau en tejido cerebral humano, una pista de que el mecanismo podría operar de forma similar en personas.
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Shepherd fue cauteloso al respecto: “La mayor parte del trabajo lo hemos hecho en ratones, no en humanos. Tenemos algunas pistas, pero aún no lo sabemos con certeza”.
En diálogo con
“La hiperfosforilación de la proteína Tau desestabiliza los microtúbulos y lleva a la muerte neuronal. La patología Tau está directamente relacionada con la sintomatología del Alzheimer, a diferencia de la patología amiloide, que no lo está”, aclaró.
“Ya sabíamos que la Tau patológica se contagia de neurona a neurona siguiendo los circuitos funcionales neuronales. Pero no conocíamos cómo pasaba de una neurona a otra. El nuevo estudio aporta resultados en esa dirección”, resaltó.
“La proteína Arc interviene en la formación de las vesículas y en su volcado. Este hallazgo es sumamente importante porque, si podemos intervenir sobre este mecanismo, podríamos frenar el avance de la enfermedad y sus síntomas”, sostuvo el doctor Allegri.
El estudio contó con financiamiento de los
Reconocer el trastorno a tiempo

Detectar la enfermedad en sus primeras etapas es la mejor forma de actuar antes de que el daño se extienda. Las señales de alerta más frecuentes son la pérdida de memoria reciente, la dificultad para encontrar palabras, la desorientación en lugares conocidos y los cambios repentinos de humor o personalidad.
Ante esos síntomas, la recomendación de los especialistas es consultar a un médico clínico o neurólogo sin demora.
Un diagnóstico temprano permite iniciar tratamientos que, aunque no curan la enfermedad, pueden ralentizar su progresión y mejorar la calidad de vida del paciente y su entorno.
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