La paradoja de Ormuz: por qué la amenaza iraní sobre el estrecho beneficia a Estados Unidos y a la Argentina

El régimen de Irán eleva la tensión en Medio Oriente por el control de Ormuz (Meysam Mirzadeh/Tasnim/WANA vía REUTERS)
El régimen de Irán eleva la tensión en Medio Oriente por el control de Ormuz (Meysam Mirzadeh/Tasnim/WANA vía REUTERS)

Durante décadas,

El mecanismo es simple.

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A Estados Unidos se lo presenta como la superpotencia que debe garantizar que Ormuz sea seguro y que el petróleo siga fluyendo: el policía indispensable de una vía de agua por la que normalmente pasan unos 20 millones de barriles diarios, alrededor de un quinto del petróleo mundial. Pero si uno deja de lado el reflejo de la responsabilidad global y mira solo la economía,

La ventaja estadounidense no es coyuntural, es estructural. El petróleo estadounidense proviene en su mayoría del

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El presidente Donald Trump firma una orden ejecutiva en el Despacho Oval de la Casa Blanca (REUTERS/Jonathan Ernst)

El presidente Donald Trump firma una orden ejecutiva en el Despacho Oval de la Casa Blanca (REUTERS/Jonathan Ernst)

Los datos lo confirman. La Administración de Información Energética de Estados Unidos, el organismo estadístico del propio Departamento de Energía, reporta que las exportaciones netas de crudo y derivados del país treparon en abril a un récord de 5,8 millones de barriles diarios, con una explicación sin eufemismos: con los flujos por Ormuz interrumpidos, muchos países están recurriendo a Estados Unidos en busca de suministro.

Ese excedente también le entrega a Washington una respuesta interna y limpia al único costo real que sienten los estadounidenses: el surtidor. Con la nafta cerca de los 4,50 dólares el galón, el impuesto federal a los combustibles de 18,4 centavos podría suspenderse de plano, y varios estados ya recortaron los suyos. No borraría la suba, y solo una parte del recorte llega al conductor y no al proveedor, pero de cara a las elecciones de medio término es una medida visible, barata y políticamente potente, disponible precisamente porque la economía de fondo no está sufriendo daño. Un gobierno cuyo sector energético está en auge puede darse el lujo de regalarle al consumidor una rebaja impositiva. Un gobierno cuya economía está siendo estrangulada no puede.

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China es la imagen en el espejo, y aquí el estrecho deja de ser una historia de energía y se convierte en un capítulo de la rivalidad entre Estados Unidos y China.

Para un argentino, además, esta historia no se lee solo en clave de barriles y dólares. La Argentina conoció en carne propia la fuerza brutal y asesina de Irán mucho antes de que el mundo discutiera la seguridad de Ormuz. El 17 de marzo de 1992, un coche bomba destruyó la Embajada de Israel en Buenos Aires y mató a 22 personas. El 18 de julio de 1994, otro coche bomba voló la sede de la AMIA y asesinó a 85, en el peor atentado terrorista de la historia argentina y el mayor ataque contra objetivos judíos fuera de Israel desde la Segunda Guerra Mundial. No es una hipótesis ni una sospecha: en 2024 la Corte Federal de Casación Penal argentina dictaminó que ambos atentados fueron organizados, planificados, financiados y ejecutados bajo la dirección del Estado iraní, a través de Hezbollah, y calificó a Irán como Estado terrorista.

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Una vista aérea de dron muestra una quema de gas de esquisto en la formación Vaca Muerta, en las afueras de la ciudad petrolera y gasífera patagónica de Añelo, en Argentina (REUTERS/Alexander Villegas)

Una vista aérea de dron muestra una quema de gas de esquisto en la formación Vaca Muerta, en las afueras de la ciudad petrolera y gasífera patagónica de Añelo, en Argentina (REUTERS/Alexander Villegas)

Pero esta vez la Argentina, que durante años fue espectadora pasiva de estos sismos, está del lado correcto del terremoto. Por la misma razón que Estados Unidos:

Hay un costo, claro. La misma suba de precios que mejora las cuentas externas encarece los combustibles puertas adentro y le complica a

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El cuadro, entonces, es el inverso del que dicta la intuición. Un Ormuz crónicamente inseguro deja a Estados Unidos físicamente a salvo, financieramente enriquecido y políticamente equipado para amortiguar a sus votantes, mientras aprieta a su principal rival exactamente en el punto que más le duele: la energía barata de la que China no puede prescindir. Y

Por eso la paradoja más profunda es la que Washington nunca dirá en voz alta. El mundo espera que Estados Unidos corra a pacificar Ormuz. Sus intereses aconsejan paciencia. Que el acuerdo entre Estados Unidos e Irán no termine de cerrarse, y que mientras siga el régimen iraní el estrecho nunca sea del todo confiable, no es, para varios, una tragedia: es una renta. La amenaza que Irán sostiene para herir a Occidente puede, al final, herir sobre todo al rival de Occidente, mientras que la superpotencia a la que se le pide neutralizarla tiene todas las razones para tomarse su tiempo.

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