Durante décadas, los
Esa fue la tesis que desarrolló
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“La primera pregunta que hay que hacerse es por qué el fútbol”, planteó Trapé. Y la respuesta, explicó, está en una escala que ningún otro deporte alcanza. “Es el único deporte distribuido en todos los continentes, realmente global. Tiene algo así como 3.500 millones de seguidores y más de 250 millones de jugadores afiliados en 200 países”. La comparación, sostuvo, permite dimensionar el fenómeno: “Si el fútbol fuera un país, sería dos veces más grande que México. Y si sumamos a los fanáticos, casi media humanidad tiene vínculo con el fútbol”.

Ese alcance extraordinario convierte al fútbol en una plataforma de influencia que trasciende ampliamente el deporte.
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El FIFA Gate, el escándalo que cambió las reglas del juego
Para comprender el lugar que hoy ocupa el fútbol en la política mundial, Trapé ubicó un punto de quiebre muy preciso: el
La investigación impulsada por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, que en mayo de 2015 terminó con la detención de varios dirigentes de la FIFA en un hotel de Zúrich, no solo destapó una trama de sobornos, lavado de dinero y corrupción que se había extendido durante más de dos décadas. También alteró la forma en que se organizaba el fútbol internacional.
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“El escándalo reveló que la FIFA no era solo una organización deportiva, sino una plataforma global de negociación política y económica”, sostuvo.

Hasta entonces, recordó, decisiones tan trascendentes como la elección de Rusia 2018 y Qatar 2022 habían sido tomadas mediante una votación reservada del Comité Ejecutivo de la FIFA.
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La crisis institucional derivó en la salida de
Para Trapé, ese cambio excedió una reforma administrativa: marcó el comienzo de una nueva etapa en la disputa por el poder dentro del fútbol mundial.
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Qatar y Estados Unidos: dos estrategias distintas para construir influencia
La organización de una Copa del Mundo suele justificarse por su impacto económico. Sin embargo, Trapé sostuvo que esa explicación resulta insuficiente para entender por qué los países invierten miles de millones de dólares en el torneo.

Desde esa perspectiva analizó el caso de Qatar, que convirtió al deporte en una política de Estado. Con apenas tres millones de habitantes y rodeado por potencias regionales, el emirato buscó construir una presencia internacional que compensara su limitada capacidad territorial.
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“Qatar es un país de apenas tres millones de habitantes, rodeado por vecinos mucho más poderosos. Su problema no es económico, es geopolítico”, explicó.
En esa estrategia ubicó la creación de Al Jazeera, la expansión de Qatar Airways, la compra del
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Estados Unidos representa el modelo opuesto. No necesita instalar su nombre en el escenario internacional, sino reforzar su liderazgo en el único gran deporte donde todavía no ocupa el primer lugar.
Bajo esa lógica interpretó el Mundial de 2026 como una pieza más de la estrategia estadounidense para incorporar definitivamente al fútbol al ecosistema de negocios que ya domina en materia de entretenimiento, derechos audiovisuales y apuestas deportivas.
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En ese mismo proceso ubicó la llegada de Lionel Messi al Inter Miami.
Messi y los “diplomáticos mudos”
Si los Estados utilizan al fútbol como herramienta de influencia, las grandes figuras también desempeñan un papel que trasciende el deporte.
Para Trapé, jugadores como Lionel Messi funcionan como
“Probablemente sea la persona más famosa del mundo”, afirmó al explicar que la universalidad del fútbol convierte a sus principales figuras en actores con una capacidad de influencia inédita.
Como ejemplo imaginó una eventual consagración argentina en el próximo Mundial. Si la Selección volviera a levantar la Copa en Estados Unidos, sería el presidente Donald Trump quien entregaría el trofeo al capitán argentino. “Un apretón de manos de tres segundos con Trump, que indignó a unos pocos, colaboró para darle una alegría eterna a millones de argentinos”, reflexionó para mostrar cómo un gesto deportivo puede adquirir un significado diplomático que trasciende ampliamente el protocolo.
Durante la conversación también surgieron antecedentes que muestran que la relación entre fútbol y política no es un fenómeno reciente. Paula Guardia Bourdin recordó el papel que desempeñó
Trapé retomó esa referencia con una frase que sintetizó el peso del exsecretario de Estado en la expansión internacional del deporte:
El análisis dejó una conclusión que atraviesa toda la historia del fútbol moderno. Detrás del torneo que concentra la atención de miles de millones de personas ya no solo se disputa una Copa del Mundo. También se enfrentan proyectos de poder, estrategias diplomáticas y modelos de influencia que buscan moldear el orden internacional. En ese tablero, sostuvo Trapé, el fútbol dejó hace tiempo de ser apenas un deporte para convertirse en uno de los instrumentos más eficaces de la geopolítica contemporánea.
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