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En el borde de una de las zonas más productivas del Pacífico sur, donde el mar sostiene una parte importante de la actividad pesquera de la región, una extensa concentración de embarcaciones volvió a instalar una preocupación que se arrastra hace años: la presión sobre especies clave y el equilibrio de los recursos marinos.
Las imágenes difundidas en los últimos días por el Movimiento Ecologista del Perú mostraron una escena que reactivó ese debate. A unas 220 millas de las costas de Mollendo, cerca del límite de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) peruana, se observa una alta concentración de barcos pesqueros industriales. Según la organización, serían cerca de 300 embarcaciones de origen chino que operan en esa zona.
La presencia de flotas extranjeras en el Pacífico sur no es un fenómeno nuevo, pero su escala y frecuencia han mantenido la atención de especialistas, organizaciones ambientales y actores del sector pesquero.
Durante los últimos años, estas operaciones se han intensificado en áreas próximas a la jurisdicción marítima de distintos países sudamericanos, en un contexto marcado por la creciente demanda internacional de productos pesqueros y por la presión sobre especies de alto valor comercial.
La ubicación de la ZEE peruana dentro del ecosistema de la corriente de Humboldt la convierte en un espacio especialmente relevante para la actividad pesquera.
Se trata de una de las zonas más productivas del planeta para diversas especies comerciales, razón por la cual cualquier actividad intensiva en sus límites genera inquietud entre pescadores artesanales y actores ligados a la cadena de suministro.
Las imágenes satelitales difundidas durante 2024 ya habían mostrado una concentración similar de embarcaciones extranjeras, lo que reforzó las alertas sobre la capacidad de supervisión y control en áreas de alta actividad extractiva.
Los antecedentes presentados ante entidades del sector detallaron que durante 2024 operaron 1.359 embarcaciones dentro de las 500 millas náuticas frente a Perú.
De ese total, 525 correspondieron a barcos de origen chino, equivalentes al 38% de las embarcaciones registradas en esa área.
En la misma zona también se contabilizaron 370 barcos ecuatorianos y 239 embarcaciones peruanas, una diferencia que también se expresa en la capacidad operativa de las flotas industriales.
Dentro de este escenario, uno de los recursos más sensibles es la pota o calamar gigante, una especie que sostiene parte importante de la actividad de miles de pescadores peruanos.
La discusión se amplió en paralelo a proyectos legislativos en Perú y Chile vinculados a la explotación de este recurso, lo que generó inquietud entre compradores internacionales.
La Mesa Redonda Global sobre la Cadena de Suministro del Calamar, integrada por procesadores, importadores y compradores vinculados a la Sustainable Fisheries Partnership (SFP), advirtió sobre los riesgos de aumentar el esfuerzo pesquero sin evaluaciones científicas.
Según el comunicado de esa organización, la Ley N.º 14212/2025-CR en Perú y el proyecto Boletín N.º 18.173-21 en Chile podrían facilitar el ingreso de nuevas embarcaciones a la actividad extractiva y permitir el retorno de algunas modalidades industriales en determinadas zonas.
El documento sostiene que estas medidas podrían incrementar la presión sobre el recurso y afectar los avances alcanzados en materia de manejo responsable.
En Perú, la propuesta busca reabrir el acceso a permisos para embarcaciones artesanales que no completaron procesos de formalización previos. Según los antecedentes entregados durante el debate, esto permitiría regularizar a más de 2.000 embarcaciones que actualmente permanecen fuera del marco legal vigente.
La iniciativa peruana recibió observaciones del Ministerio de la Producción (PRODUCE). A esto se sumaron reparos de organismos técnicos y ambientales por las posibles consecuencias sobre pesquerías como la pota y el perico.
Desde la Mesa Redonda Global sobre la Cadena de Suministro del Calamar señalaron que cualquier incremento del esfuerzo pesquero sin respaldo científico genera incertidumbre para toda la cadena comercial.
El mismo documento recordó que Perú y Chile han impulsado en los últimos años medidas orientadas al control pesquero y al aprovechamiento responsable del calamar gigante, con participación de gestores pesqueros, institutos de investigación, organizaciones no gubernamentales y representantes del sector productivo.
Los compradores internacionales reiteraron su respaldo a los pescadores artesanales y pidieron mantener las medidas que permitan resguardar la sostenibilidad del recurso y la estabilidad económica de esta actividad.



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