
Hasta 2002 era una verdad incuestionable que el acorazado alemán Bismarck había sido hundido por los británicos
De inmediato, esa conclusión fue objetada de manera vehemente por los investigadores británicos. Pero las evidencias se siguieron acumulando: cinco expediciones que luego desarrollaron misiones de reconocimiento en el lugar del hundimiento, y tres equipos independientes de exploradores norteamericanos, llegaron a la conclusión de que
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Cuando se cumplen

“Hasta el último proyectil”
“Barco imposible de maniobrar. Lucharemos hasta el último proyectil. Larga vida al Führer”, dijo por la radio, en un mensaje al cuartel general, el almirante alemán Günther Lütjens, jefe de la operación Rheinübung
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Exactamente 53 minutos antes, una oleada de quince aviones británicos Sworfish había atacado al acorazado con torpedos armados con detonadores. El Bismarck intentó evitarlos virando de manera violenta mientras disparaba todas sus baterías antiaéreas contra los torpederos y casi logró salir intacto. Sólo dos de los torpedos dieron en el blanco: uno en el centro del buque, del lado de babor, justo debajo del cinturón acorazado principal, donde causó daños estructurales y algunas vías de agua; el otro dio cerca del timón de babor, lo atascó y dejó la nave prácticamente ingobernable.
El capitán Erns Lindemann había sugerido arrancar el timón con explosivos para maniobrar la nave solamente con el timón de estribor, pero Lütjens se negó: “No podemos poner en peligro toda la nave con una explosión así”, le contestó. Con el timón de babor atascado, el Bismarck navegaba en amplios círculos, incapaz de huir de los barcos británicos que lo rodeaban. Aun así,
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El reloj marcaba exactamente las 10.39 del 27 de mayo cuando finalmente se hundió, y

Un gigante del mar
Bautizado así en honor al canciller
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No obstante, el Bismark era un monstruo marino realmente temible por su poderío de fuego: estaba equipado con cañones de 38 centímetros en cuatro torretas gemelas y tenía una abundante artillería secundaria, con baterías y cañones antiaéreos. Sus cañones podían disparar proyectiles hasta una distancia de 35 kilómetros. Cerca de su chimenea tenía una catapulta que permitía lanzar hasta cuatro hidroaviones. El blindaje principal del buque era de 320 milímetros y, con sus más de 251 metros de eslora y 36 de manga, desplazaba 42000 toneladas y alcanzaba una velocidad punta de poco más de 30 nudos, con una autonomía efectiva de 9000 millas náuticas.
Antes de entrar en operaciones, el acorazado Bismarck fue sometido a ejercicios exhaustivos, pruebas de velocidad y prácticas de fuego en el mar Báltico y, bajo el mando del experimentado capitán Ernst Lindemann, la tripulación se convirtió en una unidad cohesionada y operativa que pronto estuvo preparada para el combate.
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La “Maniobra Rin”
La Unión Soviética y Estados Unidos aún no habían entrado en la guerra cuando a principios de 1941 el acorazado se dispuso a participar en la batalla por el Atlántico. Por entonces, el único rival en la disputa de las aguas que tenía Alemania era la Armada inglesa. El 5 de mayo, Adolf Hitler, Wilhelm Keitel y buena parte de la plana mayor del Tercer Reich inspeccionaron al Bismarck y al Tirpitz en el puerto de Gotenhafen. Después, el dictador alemán se reunió con el almirante Lütjens para analizar los últimos detalles de la Operación Rheinübung, en la que el Bismarck y el crucero pesado Prinz Eugen jugarían el papel de verdaderos corsarios, atacando a hundir —y si era posible saquear— a los transportes de suministros ingleses en el Atlántico.
Los barcos zarparon el 16 de mayo con un plan preciso: abandonarían el Báltico a través de los estrechos daneses, repostarían en la Noruega ocupada o de un buque cisterna en aguas del Ártico y luego optarían entre el estrecho de Dinamarca —entre Islandia y Groenlandia— o el paso entre las islas Feroe e Islandia para salir al Atlántico a cazar convoyes aliados. Al finalizar sus actividades se retirarían hacia Europa y regresarían a Noruega o buscarían refugio en las bases de Brest o Saint Nazaire, en la Francia ocupada.
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Para apoyar sus operaciones se habían dispuesto 18 barcos de suministros, mientras que cuatro submarinos se colocarían a lo largo de la ruta posible del convoy de suministros británico, entre Halifax y el Reino Unido, para realizar tareas de reconocimiento e informar sobre las posiciones de las naves a las que debían atacar.
El secreto era fundamental para el éxito, por lo que la fuerza dejó Gdinia, en la actual Polonia, el 19 de mayo bajo un cielo encapotado. Los barcos siguieron después a lo largo de la costa occidental de Suecia y continuaron hacia un fiordo cerca de Bergen, en la costa occidental de Noruega, para permitir que el Prinz Eugen llenara sus depósitos de combustible.
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A la caza del acorazado
Pese al secreto en que se había planificado la operación,
La vigilancia dio resultado. El 20 de mayo los buques alemanes fueron avistados por un crucero sueco mientras navegaban por el Kattegat y los británicos quienes enviaron aviones de reconocimiento y descubrieron a los buques alemanes cuando ingresaban al puerto de Bergen, en la costa de Noruega.
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Se ordenó un ataque aéreo para el día siguiente, pero los servicios de intercepción radiofónica alemanes habían detectado que los británicos sabían que el Bismarck estaba en aguas noruegas y los barcos partieron bajo un cielo de nubes bajas esa misma noche.
El avistamiento estremeció a los miembros del Almirantazgo en Londres y del cuartel general de la Home Fleet en Scapa Flow, en las islas Orcadas, al norte de Escocia.
Mientras el Norfolk y el Suffolk, dos de los cruceros pesados con los radares más avanzados, patrullaban el estrecho de Dinamarca, y otros lo hacían por el canal de las Feroe, en el lado más próximo a Islandia, Tovey hizo zarpar las fuerzas que convergerían hacia la formación alemana. Tenía bajo su mando directo al poderoso crucero de batalla Hood, junto a los acorazados Prince of Wales y King George V y cuatro cruceros y nueve destructores más.
Un segundo escuadrón, estacionado en la costa occidental de Inglaterra, estaba formado por el portaaviones Victorious, los cruceros de batalla Rodney y Repulse y una escolta de destructores. Por último, estaba la Force H del almirante James Somerville, con base en Gibraltar y organizada en torno al portaaviones Ark Royal y el acorazado Renown, que podía unirse rápidamente a la caza, sobre todo si Lütjens optaba por poner rumbo a una base francesa. Pero

El hundimiento del Hood
Las fuerzas británicas perdieron el rastro del Bismarck y el Prinz Eugen durante casi 48 horas, hasta a las 20.22 del 23 de mayo, cuando el crucero Suffolk restableció contacto visual y por radar con la formación alemana y alertó a Londres: “Un acorazado y un crucero de batalla, posición 20º, distancia 13 km, rumbo 240º”. La unidad de Inteligencia alemana a bordo del Prinz Eugen interceptó y descifró el mensaje inmediatamente y se lo notifico por señales al almirante Lütjens mediante señales, quien supuso que su localización estaba comprometida y rompió el silencio de radio para trasladar la noticia al alto mando alemán.
Las escaramuzas comenzaron la mañana del 25 de mayo, entre tormentas de nieve intermitentes, a velocidades que alcanzaron los 30 nudos y con fuego naval ocasional, en el que el Bismarck, intercambiando frecuentemente su posición con el Prinz Eugen, arrastró al Suffolk y al Norfolk a una carrera desenfrenada hacia el sudoeste intentando sacudirse a sus perseguidores. Pasado el mediodía, el Bismarck y el crucero Prinz eugen volvieron a esfumarse. Recién después de las cinco de la tarde el crucero de batalla Hood volvió a encontrarlos.
En el momento del contacto estaba a la cabeza de la formación el Prinz Eugen y no el Bismarck, lo que confundió a los artilleros del Hood porque el perfil del crucero se parecía bastante al del acorazado, cuyos cañones de 20,3 centímetros estaban desplegados de forma idéntica. A las 5.53 los navíos británicos abrieron fuego sobre el Prinz Eugen, sin hacer blanco, y permitieron que el Bismarck apuntara al Hood sin ser atacado. Eran las seis en punto cuando una salva de cañonazos del acorazado alemán impactó en el Hood, atravesó su blindaje y lo voló por los aires con un tremendo estallido.
Poco después, el Bismarck intercambió salvas brevemente con el Prince of Wales en un enfrentamiento donde ambos acorazaros recibieron y absorbieron los impactos, hasta que el buque británico viró finalmente al este, permitiendo que los alemanes continuaran hacia el sur perseguidos a distancia por el Suffolk y el Norfolk.
En el transcurso del combate el Bismarck había disparado 93 proyectiles perforantes y había recibido solo tres impactos. El proyectil del castillo de proa había provocado la entrada de entre 1000 y 2000 toneladas de agua que contaminó el combustible almacenado en la proa. Lütjens se negó a permitir una reducción de la velocidad para que los equipos de control de daños repararan el agujero, que se hizo aún más grande y dejó entrar más agua. Otro impacto causó algunas inundaciones y su metralla dañó la línea de flotación en la sala del turbogenerador, aunque el Bismarck tenía suficientes reservas de generador. Podía escapar o seguir combatiendo.

“Hundan al Bismarck”
Luego del combate, el almirante Lütjens informó al alto mando alemán desde el Bismarck:
El almirantazgo británico ordenó sumar aún más fuerzas para cazarlo.
El ataque final comenzó a las 15 con un error: los pilotos de los torpederos Sworfish del portaaviones Ark Royal confundieron al Sheffield con el Bismark y dispararon contra el barco británico en lugar de hacerlo contra el alemán. No lo hundieron porque no acertaron ningún disparo de torpedo. A las 19 lanzaron un segundo ataque, este sí contra el blanco preciso. Con la primera oleada no obtuvieron resultados, pero con la segunda,

Hundido por los propios
La oscuridad de la noche le dio unas horas más de vida al acorazado alemán, que ya navegaba haciendo círculos, a la deriva, pero
El monstruo marino fue hundido por su propia tripulación. A las 10.35, Hans Oels, el primer oficial, ordenó a los hombres bajo la cubierta abandonar el barco. También instruyó a la tripulación de la sala de máquinas para abrir los compartimentos estancos del acorazado y preparar cargas explosivas para echarlo a pique. Las mechas debían demorar nueve minutos en arder, pero algo falló y las cargas estallaron antes.
El Bismarck se fue a pique. De su tripulación de 2221 hombres, solo sobrevivieron 114.
Los restos del Bismarck fueron descubiertos en junio de 1989, 48 años después de esa batalla final, por un equipo de científicos que utilizó al robot óptico Argo, el mismo que detectó los restos del Titanic, para encontrarlo. Sin embargo, hasta principios de este siglo fue imposible hacer una revisión exhaustiva del acorazado hundido. Fue entonces cuando quedó claro que
Se confirmó así lo que siempre habían dicho los marineros sobrevivientes del Bismarck: que el hundimiento del acorazado se debió a la detonación deliberada de cargas de perforación que llevaba a bordo cerca de la quilla, treinta minutos antes de que hicieran impacto los últimos torpedos británicos.
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