“Una aguja en un pajar”: un padre busca a su hijo en medio de la desinformación tras los terremotos en Venezuela

Unos niños participan en una actividad en un refugio improvisado para personas desplazadas gestionado por las Naciones Unidas en un campo de béisbol, tras los terremotos del 24 de junio, en Catia La Mar, estado de La Guaira, Venezuela, el 9 de julio de 2026. REUTERS/Leonardo Fernández Viloria
Unos niños participan en una actividad en un refugio improvisado para personas desplazadas gestionado por las Naciones Unidas en un campo de béisbol, tras los terremotos del 24 de junio, en Catia La Mar, estado de La Guaira, Venezuela, el 9 de julio de 2026. REUTERS/Leonardo Fernández Viloria

Alexander David Lafont Chirinos tuvo que esperar hasta las 5 de la mañana del jueves 25 de junio para salir desde Catia La Mar hasta Tanaguarena. Ya a esa hora las vías se encontraban intransitables, a consecuencia del

“Cuando llegué, todo estaba derrumbado”, recuerda este funcionario policial de 49 años que, sorteando toda clase de obstáculos se dirigió a Tanaguarena con la esperanza de encontrar con vida a su hijo

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En el sector, uno de los más golpeados por los sismos que ya dejaron 3.889 fallecidos y 16.740 heridos, Lafont Chirinos se topó con

Toda la familia se unió al rastreo, incluida una hermana de Aminta que desde Chile contactó a una vecina tratando de conseguir datos sobre el paradero del niño. Nadie ofrecía información precisa sobre la ubicación de Aaron al momento del cataclismo.

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Podía estar junto con su madre en el apartamento, hoy reducido a escombros.

Solos

Al cuarto día, Lafont Chirinos recibió un mensaje, una foto tomada de una computadora donde se leía el nombre completo de su hijo señalando que se encontraba en el refugio de Ipostel, en el oeste de la capital. “Cuando me mandan eso, me fui embalado para Caracas,

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“Aquí no recibimos niños solos”, indicó la coordinadora del albergue. Al insistir y pedir una explicación, le contestaron que quizá se trató de una equivocación. “Desde allí empezamos la búsqueda por los refugios y nada, siempre me dicen que solo hay familias, no niños solos.

Una bandera venezolana cuelga rodeada de escombros, tras los terremotos del 24 de junio, en Caraballeda, estado de La Guaira, Venezuela, el 9 de julio de 2026. REUTERS/Leonardo Fernández Viloria

Una bandera venezolana cuelga rodeada de escombros, tras los terremotos del 24 de junio, en Caraballeda, estado de La Guaira, Venezuela, el 9 de julio de 2026. REUTERS/Leonardo Fernández Viloria

Lafont Chirinos amaneció este viernes 10 de julio frente a las ruinas de la torre H en Tanaguarena. “Se ha hecho difícil llegar hasta el piso 6”, comenta.

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La falta de apoyo de las autoridades dificulta las labores.

Aminta, la madre de Aaron, sigue desaparecida. Una señora que estaba en un campamento improvisado que se instaló en un campo de golf en La Guaira, aseguró haberla visto con vida. Sin embargo, han recorrido hospitales y refugios sin suerte.

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Lafont Chirinos presentó el caso de su hijo ante una unidad de víctimas especiales que ubicó la policía científica en Tanaguarena. “A ellos también todo les parece raro,

Preocupación

En medio de la desgracia,

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“La información que circula en redes sociales y medios de comunicación, que señala la existencia de grandes cantidades de niños, niñas y adolescentes en situación de abandono en estos espacios carece de fundamento”, recoge un informe de Cecodap, ONG dedicada a la promoción y defensa de los derechos de niños, niñas y adolescentes.

Unos niños observan un refugio improvisado para personas desplazadas gestionado por las Naciones Unidas en un campo de béisbol, tras los terremotos del 24 de junio, en Catia La Mar, estado de La Guaira, Venezuela, el 9 de julio de 2026. REUTERS/Leonardo Fernández Viloria

Unos niños observan un refugio improvisado para personas desplazadas gestionado por las Naciones Unidas en un campo de béisbol, tras los terremotos del 24 de junio, en Catia La Mar, estado de La Guaira, Venezuela, el 9 de julio de 2026. REUTERS/Leonardo Fernández Viloria

Cecodap apunta que han podido constatar “que

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En conclusión, aseveran que “

Sostienen que la desinformación se convirtió en un factor de riesgo, destacando que “la circulación de versiones no verificadas sobre niños, niñas y adolescentes abandonados o no acompañados generó alarma social y pudo distorsionar la respuesta institucional y humanitaria”. Por esa razón, estiman que

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Cecodap advierte en su informe que “aunque no se haya confirmado un escenario de separación masiva,

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