Hernán Gil trabajaba en su turno como vigilante en el subsuelo de un edificio en
El primer temblor fue corto, narró Gil en entrevista con
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“Ya el segundo fue fuertísimo”, agregó el hombre de 43 años que recuerda haberse quedado inmóvil dentro de su garita por los nervios.

Escuchó a un vecino decir desde el estacionamiento que era un terremoto y en seguida “todo colapsó”. Gil sintió cómo todo se desplomó. Las piedras le golpearon en la cabeza y el ojo.
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“Quedé como inconsciente en el momento. Cuando desperté, todo estaba oscuro (…) De ahí pa’ allá todo era incertidumbre”, relató.
“Y en ese momento me atacó mucho el desespero”, dijo el hombre que comenzó a gritar pidiendo auxilio, sin escuchar respuesta. En la oscuridad, parcialmente arrodillado, con poco aire y prácticamente inmóvil, sufrió una réplica tras otra.
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“Recé mucho”
A pesar de lo vivido,
“Recé mucho. Clamé a Dios, y le dije Dios mío ‘¿por qué a mí? ¿por qué así? por favor permíteme por lo menos ver a mis hijos’”.
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En su incómoda situación,
En esas solitarias horas pensó en su esposa
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Gil perdió la noción del tiempo, pero fue al tercer día que escuchó pasos “muy lejos”. Comenzó a gritar y a pedir auxilio, y finalmente escuchó una respuesta.
“¡Volví a nacer!”
Mientras rescatistas de siete países luchaban para llegar hasta él, mantenerlo hidratado y en buen ánimo,
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Pero cuando dos rescatistas de

Ya en el hospital,
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Acompañado día y noche por su esposa, el hombre no tiene muy claro que viene a continuación en esta nueva vida.
Por ahora lo único que sabe es que quiere celebrar el cumpleaños de su hijo el 15 de julio, tomar vacaciones pendientes en la playa, y que nunca volverá a trabajar en un sótano.
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(AFP)
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