El servicio ruso de defensa del consumidor,
El texto no responde, sin embargo, a la pregunta central:
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Según el organismo,
Rospotrebnadzor
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La alarma se desató a comienzos de octubre, cuando Shipílova fue hospitalizada con un cuadro respiratorio grave y murió.
Los medios informaron en un primer momento de que la paciente había contraído la bacteria
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La OMS pidió el miércoles más datos sobre el trabajo profiláctico y las cuarentenas. Subrayó que no disponía de una imagen completa de lo ocurrido y que no podía realizar una evaluación completa del riesgo. Su portavoz,
Rospotrebnadzor asegura que informó “en su debido momento” a la OMS y que le entregó “información completa”, incluido el envío de datos a los 14 Estados miembros que lo solicitaron formalmente. El comunicado no precisa fechas ni el cauce utilizado, de modo que la discrepancia entre ambas versiones sigue abierta. El organismo agradeció las ofertas de ayuda de varios países, pero sostuvo que Rusia tiene recursos y experiencia para responder, y denunció una “presión informativa sin precedentes”, con difusión de información falsa desde el extranjero.
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El episodio atrajo la atención de Washington, Beijing y Ulán Bator. Un funcionario del Departamento de Estado dijo a
La desconfianza internacional tiene antecedentes. En 1979, un escape de esporas de ántrax en Sverdlovsk, hoy Ekaterimburgo, causó decenas de muertes. Las autoridades soviéticas lo atribuyeron durante años a carne contaminada y no reconocieron el origen militar hasta 1992, con Borís Yeltsin en la presidencia. Nada de lo informado hasta ahora vincula el caso de Irkutsk con actividades de ese tipo.
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El instituto donde trabajaba Shipílova estudia microorganismos peligrosos, entre ellos la bacteria de la peste. Según la OMS, la zona de Irkutsk es un área donde la enfermedad puede aparecer de forma natural en animales silvestres.
El cierre del dispositivo sanitario despeja el riesgo inmediato de contagio, pero deja intacta la incógnita de fondo. Mientras Rusia no identifique el agente que mató a Shipílova y no comparta las pruebas con la OMS, la tranquilidad que proclama Moscú dependerá de su palabra y no de datos que terceros puedan contrastar.
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