
(Desde Nir Oz, Israel) – ¿Cómo se puede pensar en Justicia cuando uno es arrastrado fuera de su hogar y es llevado a otro territorio regido por el islamismo? ¿Qué es el concepto de Justicia para quien ha sido despojado de todo y secuestrado dos años por un grupo terrorista? ¿Cómo se construye una idea de reparación cuando se sufrieron vejámenes de todo tipo, hoy inenarrables para su víctima? ¿Puede ofrecer una respuesta que no sea visceral quien sobrevivió a la inhumanidad que le ofrecieron sus captores?
La mañana del 7 de octubre de 2023,
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Una mañana que lo cambió todo
Ariel no tenía armas. No pertenecía al grupo de seguridad del kibutz, el pequeño conjunto de vecinos entrenados y armados que, ante cualquier amenaza, debía salir a defender la comunidad. Esa mañana, mientras los terroristas avanzaban entre las casas, él se ocultó debajo de la cama junto a su novia,

Junto a
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Mientras
El camino a Gaza
A
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El traslado hacia
De
El cautiverio
Ariel Cunio pasó 738 días en
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La información del exterior llegaba fragmentada, distorsionada y muchas veces fabricada por sus secuestradores. Sus captores usaban las noticias como herramienta de presión psicológica. A su hermano

Ese estado de incertidumbre sostenida fue, según describe
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El pensamiento más recurrente durante esos dos años fue uno:
El abrazo que nadie esperaba
Pocas horas antes de ser liberado, el 12 de octubre de 2025, un jerarca de
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A las nueve de la mañana del día siguiente, llamaron por videollamada a la familia.
Una pregunta sin respuesta fácil
Cuando se le pregunta a
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Ariel no habla de una condena generalizada sobre la población de
Cada vez que un tema endurece la garganta de
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Silvia, por su parte, encuentra en el relato público una forma de justicia posible. «
El proceso de sanación
El proceso de recuperación psicológica de los

Ariel comparte esa necesidad, pero le agrega una dimensión política. Para él, hablar no es solo sanar: es también una obligación hacia quienes no saben lo que ocurrió. «
El retorno a
Existe un debate en la comunidad. Hay quienes quieren que no quede ningún resto de las viviendas que fueron ultrajadas por
La libertad como aprendizaje cotidiano
Cuando
Hoy
Silvia Cunio, desde el lugar de madre que vio a dos hijos desaparecer el mismo día y que esperó 738 días para volver a verlos juntos, encuentra en esa misma frase un espejo. «
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