
Pocos podían haber previsto las consecuencias que se produjeron el mes pasado después de que
Sin embargo, cuando la noticia se hizo pública, desató una inusual ola de indignación. El
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¿Por qué tanto revuelo? Los despidos despertaron una profunda simpatía pública hacia la juventud china. Estos jóvenes luchan en un mercado laboral brutal que ha trastocado las expectativas sobre lo que se necesita para triunfar en China. Hace una década, un título universitario aún era garantía de una carrera decente. Sin embargo, este año se graduaron 12,7 millones de personas, una cifra récord, casi 500.000 más que el año pasado y el doble que hace diez años. La demanda de estos jóvenes trabajadores, por su parte, se ha desplomado en medio de la crisis del mercado inmobiliario y la disminución del consumo. Y a pesar de los intentos del gobierno por solucionarlo, el problema se está agravando.
Cuando el indicador oficial de desempleo juvenil de China alcanzó el 20% en 2023, causó tal alarma que las autoridades suspendieron la serie de datos y, tras unos meses, comenzaron a publicar una tasa “optimizada” (y mucho más baja), basada en una metodología diferente. Pero este verano, incluso la tasa ajustada también ha ido acercándose al 20%. Las autoridades ya han ordenado a las empresas estatales que contraten a más graduados. Esperan que la humillación de Xingyu impulse a las empresas privadas a tomar nota, afirma Jenny Chan, socióloga de la Universidad Politécnica de Hong Kong. Añade que el gobierno quiere que todos “compartan la responsabilidad nacional” y eviten los despidos en la medida de lo posible.
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Las industrias que antes absorbían a muchos jóvenes ahora están en crisis.
Años de alto desempleo juvenil están empezando a transformar la sociedad china. Este país, sumamente competitivo, valora el trabajo duro más que la mayoría. Pero ahora muchos jóvenes se están acostumbrando a que nadie contrate sus servicios. Algunos han abandonado por completo la carrera laboral y afirman estar “desempleados” o haber renunciado a buscar trabajo hasta que la economía mejore. Otros se han convertido en “niños a tiempo completo”, quedándose en casa para cocinar y limpiar para sus padres a cambio de dinero.
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Quienes no pueden lidiar con tanto tiempo en familia pueden al menos fingir que van a trabajar. Desde el año pasado, empresas con nombres como
Las bibliotecas públicas son otro lugar predilecto para que los supuestos trabajadores se reúnan. Un jueves por la tarde, las mesas de la Biblioteca Capital de Pekín, una de las más grandes de la ciudad, estaban repletas de jóvenes. Algunos revisaban sus currículums ; otros jugaban a videojuegos.
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