
Reinhold Messner arrastraba los pies. Respiraba con dificultad, pero seguía avanzando. Era el 8 de mayo de 1978 y, junto al austríaco
Dos años después, Messner repitió la hazaña, pero completamente solo, realizó el ascenso por la vertiente norte y en plena temporada de tormentas y lluvias. El 20 de agosto de 1980 alcanzó nuevamente la cumbre y llevó todavía más lejos los límites del alpinismo. Su nombre ya estaba asociado a la práctica extrema de entender la montaña:
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Ocho años antes, sufrió una avalancha que se llevó a su hermano Günther durante el descenso. Messner sobrevivió luego de estar prácticamente congelado y bajó solo de la montaña. Así comenzaba a escribir su camino y terminó convirtiéndose en

Los Dolomitas, Günther y el comienzo de todo
Messner nació y creció en
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Durante la adolescencia,
Esa filosofía empezó a definirlo, incluso, antes de enfrentarse a las grandes alturas del
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En 1969 dio el salto fuera de los Alpes y participó en una expedición a los
Reinhold tenía 25 años y allí fue con su hermano Günther. Los dos hermanos estaban a punto de entrar en una montaña que cambiaría para siempre sus vidas.

La montaña que lo cambió todo
La expedición llegó al Nanga Parbat en junio de 1970. El objetivo era la vertiente Rupal, una pared gigantesca de unos 4.500 metros de desnivel que se levantaba sobre Pakistán.
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La conquista, sin embargo, dejó a los hermanos frente a un problema todavía mayor:
Los hermanos iniciaron juntos el descenso por la vertiente Diamir, pero Günther, debilitado por la altura y el esfuerzo,
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Lo peor siguió cuando dentro de la propia expedición surgieron dudas sobre lo ocurrido al bajar de la cumbre: algunos cuestionaron el relato de Reinhold y
La discusión siguió por décadas, hasta que en 2005 aparecieron restos humanos en la vertiente Diamir. Los análisis de ADN confirmaron que uno de ellos era Günther Messner. Pero Messner ya había regresado al Nanga Parbat mucho antes de que aparecieran esos restos. En 1978, ascendió solo por la vertiente Diamir, la de la tragedia, y completó una nueva hazaña:
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Para entonces, su relación con las grandes alturas ya había cambiado. El Nanga Parbat no había conseguido detenerlo, por el contrario, lo empujó hacia un desafío todavía mayor: demostrar que las cumbres más altas del planeta podían alcanzarse sin oxígeno suplementario y con una autonomía que hasta entonces parecía reservada a unos pocos casos excepcionales.

Everest: sin oxígeno y en soledad
La tragedia del Nanga Parbat no apartó a Messner de las grandes montañas. En 1972 alcanzó el Manaslu, de 8.163 metros, y en 1975 escaló el Gasherbrum I, de 8.068 metros, junto a Peter Habeler. Lo hicieron en estilo alpino, es decir
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En 1978 llegó el Everest. Messner y Habeler se propusieron alcanzar los 8.848 metros sin utilizar oxígeno suplementario, algo que se consideraba incompatible con la supervivencia humana a semejante altura. Pero, contra todos los pronósticos, el
Fueron los primeros seres humanos en hacerlo sin oxígeno artificial y demostraron que el techo del mundo podía alcanzarse prescindiendo de uno de los recursos más utilizados en las grandes expediciones.

Messner volvió al Everest en
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En la base, se consagró una vez más: ahora
Después del Everest en solitario, su objetivo tuvo una dimensión todavía mayor.

Los catorce ochomiles y una nueva vida
En los años siguientes llegaron el
La hazaña cerró una etapa extraordinaria, pero no su relación con la aventura. Entre 1989 y 1990, Messner y Arved Fuchs

También encontró otra manera de permanecer ligado a las montañas: contar su historia.
Entre 1999 y 2004 fue miembro del Parlamento Europeo por los Verdes italianos y, posteriormente, continuó desarrollando proyectos vinculados con las comunidades de montaña y la conservación de la naturaleza. Junto a Diane Messner creó la
Su nombre quedó unido para siempre a los catorce ochomiles, al Everest (sin oxígeno y en solitario) y a una manera de entender la aventura que transformó el alpinismo. A los 82 años, sigue siendo una leyenda viva.
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