Los servicios de ciberseguridad e inteligencia de Reino Unido, Estados Unidos y Países Bajos alertaron este martes de una
El software, según el comunicado difundido por el NCSC,
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Los operadores contactan primero a sus víctimas a través de aplicaciones de mensajería como WhatsApp y Telegram, haciéndose pasar por conocidos, colegas o profesionales de confianza. Las tres agencias detallaron que, en algunos casos,
Paul Chichester, director de Operaciones del NCSC, declaró que los hallazgos muestran cómo el régimen iraní recurre a la vigilancia digital para “reprimir a los críticos”, mediante el robo de correos y mensajes y el acceso remoto a los dispositivos de los afectados.
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Las tres agencias advirtieron de que parte del
La advertencia se suma a una serie de alertas previas sobre el uso de programas maliciosos por parte de Teherán contra sus críticos en el extranjero. En marzo de este año, el FBI ya había documentado una campaña activa desde al menos el otoño de 2023, en la que actores del MOIS empleaban Telegram como infraestructura de mando y control para distribuir software espía entre disidentes y periodistas. Esa operación quedó vinculada a la entidad conocida como
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El precedente es más antiguo. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos ya había sancionado en 2020 al
La vigilancia digital es parte de una modalidad más amplia de represión transnacional atribuida al régimen iraní. En julio de 2025, 14 países occidentales, entre ellos España, firmaron una declaración conjunta en la que denunciaron intentos de los servicios de inteligencia iraníes de matar, secuestrar y hostigar a disidentes, periodistas y ciudadanos judíos en Europa y Norteamérica. Entre los casos documentados figuran los intentos de secuestro y asesinato contra la activista Masih Alinejad en Estados Unidos, frustrados en 2022 y 2023, y la agresión con arma blanca que sufrió en marzo de 2024 el periodista Pouria Zeraati en Londres.
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Una misión de investigación de Naciones Unidas advirtió en enero de este año de un repunte de la represión dentro y fuera de Irán, con casos documentados de interrogatorios, amenazas y vigilancia contra familiares de periodistas iraníes exiliados.
El uso combinado de vigilancia digital y presión física convierte a los
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