Alberto Vergara sobre primer mes de gobierno: “Keiko Fujimori es más hija de la última década que de su papá”
En esta entrevista con
El politólogo peruano advierte de «incentivos perversos» que estarían configurando el gobierno fujimorista. | La República | Marco Cotrina
Alejandro Céspedes GarcíaEscucharResumenCompartir
Es un proceso muy reciente, pero sobre todo muy global, porque analizo tanto el fenómeno gastronómico —vamos a decir, «por arriba», la gran gastronomía— como «por abajo», la comida popular: la aparición de una cantidad de platos que tiene que ver con esta construcción nacional, con influencias de todas partes
Es decir, tú puedes decir que, en el plano estatal, la derrota de Sendero Luminoso y de los grupos subversivos es la readquisición de las funciones básicas de un Estado, de la estatalidad, del monopolio de la violencia. En términos políticos, el autogolpe y toda una serie de prácticas que él impone —el desprecio a la deliberación, a la partidocracia, al Congreso— es la llegada del mundo del independiente, del
Entonces es alguien, diría, transformador, un modernizador —con corrupción, con violaciones a los derechos humanos, con autoritarismo—, pero no es un agente del
Es decir: el ministro de Justicia dice una cosa, el ministro de Cultura dice otra; el jefe de la Policía dice una cosa, el ministro de Defensa dice otra; el ministro de Educación nombra a alguien y luego se desnombra. En fin, en solo un mes hay un montón de estos casos en los cuales está claro que ella manda poco sobre el país y sobre su gabinete.}
Y a mí me parece que tiene que ver con que ella y su gente, su grupo, necesita una policía poco profesional, precarizada, corrupta, que pueda funcionar en los márgenes o por fuera de la ley, porque, eventualmente, cuando haya que reprimir, cuando haya algún problema que los involucre, los necesita en esa condición de poco profesional. Pero esa misma condición de policía —del sector del Interior— poco profesional, sin reforma, es lo mismo que hace imposible que tú puedas solucionar la situación de inseguridad y criminalidad del país.
Entonces, por eso digo que están los incentivos: no lo tienen. Por eso es que, a esa misma policía, que todo el mundo sabe que en Trujillo hace años está involucrada, de una u otra manera, con la corrupción y con el crimen —no digo que lean los informes, pero podrían leer la novela de Marco Avilés sobre el crimen en Trujillo, una excelente novela—, se darían cuenta de que hace años que eso funciona así. Pero, en realidad, es a esa policía a la que hay que destacar, premiar, amnistiar, llenar de loas, porque saben que eventualmente la van a necesitar: son un roto para un descosido. Por eso creo que ese es un ejemplo, por ejemplo, en donde el incentivo del gobierno, lamentablemente, no está en poder hacer un buen gobierno.
Pero, efectivamente, volvió un gabinete, y creo que, en algún sentido, en el país vuelve un poquito, al menos, la política. Es decir, nos acostumbramos, los últimos años, a que había una aplanadora permanente de nada más que impunidad y microchoreo. Creo que ahora aparecen ciertos debates: la Cámara de Diputados le dice que no a esto, el Ejecutivo tiene que explicar. Hay como la reaparición de un poquito de política, que me parece saludable. No es ese mundo en el cual el Ejecutivo y el Legislativo estaban todos en combina, en el cual todo el plan que tenían era una gran repartija. Ahora me parece que vuelve un poco la política, y eso está bien, de un lado.
Pero, del otro lado, está —insisto, lo principal, me parece— que volvemos a lo de la continuidad: la incompetencia, la mediocridad. Me parece que eso es lo que hereda, esencialmente, de los últimos diez años. Los últimos diez años son lo que ha sido la verdadera escuela política de Keiko Fujimori: ese mundo detrás, en el Congreso, organizando el toma y daca de las leyes que dan impunidad, que dan prebendas, que clientelizan.
Luego, no es un problema, en esencia; no es la legalidad vigente la que les impide o les bloquea realizar una serie de cosas, ¿no? Es mucho más eso: tener las ideas, las iniciativas, el conocimiento, la competencia para gobernar, y por el momento lo que vemos, más bien, es que no tienen mucha idea en ese ámbito. Entonces, las facultades legislativas no parecieran ser el centro de la carencia.
Milei, por ejemplo, ha tenido éxito en reducir la inflación, pero sigue siendo una inflación del treinta por ciento anual; la capacidad de generar reservas ha sido mucho más lenta de la que se deseaba o se esperaba. Uno podría decir que Noboa, en Ecuador, a pesar de todo el
O sea, un partido de intuiciones, de prácticas, de reflejos patrimonialistas, que es la utilización constante de lo público para beneficiar a mi familia, a mi partido, a mi clan, a mis militantes, y, obviamente, también para perjudicar al adversario. Esa forma de relación con lo público, con los recursos, con la ley, me parece que es mucho más saliente en el fujimorismo que esta vena contemporánea de derecha populista, radical, reaccionaria, o de la derecha más neoliberal. De hecho, en el discurso de Keiko, en su toma de posesión, la palabra que más repite es «Estado».
Y, de hecho, esto lo conversaba el otro día con Eduardo Dargent: cómo, en los últimos años, en esta ideologización cretina de las élites políticas y empresariales, todo lo que fuera alguna reforma pasó a ser visto como «caviar». Reformas que ni siquiera eran de izquierda, sino que serían sensatas en cualquier país del mundo, pasaron a ser censuradas por «caviares». Entonces, creo que el gobierno debería tener un margen para recuperar algunas de esas reformas necesarias. La seguridad, de la que hablábamos hace un rato, me parece esencial. Tiene que romper con la inercia y con ciertos incentivos que tiene, en términos patrimonialistas, personales, particularistas, pero que ahora le toca pensar en el interés general. En fin, puede parecer muy improbable, pero en el Perú todo es raro…
Entonces, creo que ahí también —ahora hay el rumor, de hecho
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