
Bajo la costa oriental de
El hallazgo, presentado por investigadores de la
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El estudio, firmado por

La novedad del trabajo reside en el método. En vez de fijar de antemano dónde podrían estar las llamadas asperezas —los parches de fricción que resisten el movimiento hasta que ceden—, el equipo utilizó un enfoque
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Lo que apareció en ese mapa fue una región principal con alta probabilidad de estar bloqueada, una suerte de costura profunda donde la deformación se había acumulado durante décadas. Según el estudio, esa zona retenía desde el gran terremoto de 1952 un déficit de deslizamiento capaz de explicar casi por completo la magnitud del sismo liberado el
Un mapa del silencio antes del terremoto
En la jerga de la sismología, el intervalo entre un gran terremoto y el siguiente se llama
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Periollat y Funning tomaron como base velocidades geodésicas registradas en la península rusa y las procesaron con un modelo de elementos de contorno sobre una geometría triangular de la megafalla derivada de
El resultado fue un modelo con
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Los autores estimaron que, con una convergencia tectónica de alrededor de
Ese punto es central: el estudio no afirma que todo el segmento de falla haya estado completamente trabado, sino que incluso con un bloqueo parcial dentro de la región principal el modelo reproduce de manera convincente la energía liberada en 2025.
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La misma cicatriz profunda, dos tsunamis distintos
Uno de los aportes más interesantes del estudio aparece cuando compara el sismo de 2025 con el gran terremoto de

Las comparaciones entre los modelos de deslizamiento cosísmico muestran una correspondencia espacial fuerte entre las áreas que el nuevo método identifica como más bloqueadas y los sectores que efectivamente se rompieron tanto en 1952 como en 2025.
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Pero allí termina la similitud. El estudio subraya que
En la práctica, eso significa que dos terremotos gigantes en una misma región pueden no comportarse igual frente al océano.
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Ese matiz es uno de los puntos más sensibles del trabajo. Los autores remarcan que la localización de las zonas bloqueadas permite mejorar la evaluación del riesgo sísmico, pero no resuelve por sí sola la incertidumbre sobre el impacto tsunamigénico. La porción superficial de muchas megafallas sigue siendo una región mal observada, precisamente porque se encuentra bajo el mar.
Lo que el método puede decir y lo que todavía no
La investigación también sugiere que las rupturas tienden a iniciarse en sectores muy específicos. Mediante un análisis jerárquico del clúster principal, Periollat y Funning identificaron subregiones menores con probabilidades medias de bloqueo muy altas, algunas cercanas al
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Aun así, el propio estudio es cuidadoso con sus límites. Algunas regiones de bloqueo detectadas al norte de los
Ahí aparece uno de los desafíos de fondo.

Ese esfuerzo ya empezó en distintos puntos del planeta. En varias zonas del Pacífico se están desplegando instrumentos acústicos en el lecho marino y nuevos sistemas satelitales para seguir deformaciones que hasta ahora escapaban a la cobertura convencional. La mejora de esa observación puede resultar determinante en lugares como
En ese contexto, el valor del trabajo sobre
El estudio cierra con una idea que, lejos de clausurar la discusión, la deja deliberadamente en movimiento.
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