
“Posiblemente no llegue a cumplir 40 años, pero habré experimentado más cosas que cualquier otro hombre hasta ese tiempo…”, dijo Jochen Rindt poco antes de morir al estrellar su Lotus en el Autódromo de Monza cuando solo había cumplido 28. Esa afirmación, tan subjetiva, es incomprobable, pero al piloto austríaco no puede negársele que disfrutaba transitando la vida a alta velocidad, como tampoco que con su muerte, ocurrida
Ese año logró
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En las seis temporadas que participó en la Fórmula 1 corrió 59 carreras y ganó 109 puntos. Consiguió seis victorias, nueve poles positions, cuatro récords de vuelta y en dieciocho ocasiones largó desde la primera fila. En tres oportunidades fue segundo; en cinco, tercero; en seis, cuarto; una vez quinto y otra, sexto. Solamente en cuatro carreras llegó a la meta en puestos que no le otorgaban puntos y en 33 tuvo que abandonar. “Yo trato de andar lo más fuerte que puedo; si los fierros no aguantan, que trabajen los mecánicos.
Su manera de conducir era diferente y en ocasiones espectacular. “Tener un auto de carrera bajo control es una expresión de arte”, decía. La frialdad que mostraba al volante también se manifestaba fuera de las pistas. Ni siquiera en el momento de sus mayores triunfos se lo veía exaltado y en las entrevistas respondía siempre con frases cortas y contundentes. También era celoso en la preservación de su vida privada y de la familia que había formado con la modelo finlandesa Nina Lincoln y la hija de ambos, Natasha.
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Siempre al límite
Karl Jochen Rindt nació el 18 de abril de 1942 en Maguncia, Alemania, de padre alemán y madre austríaca. Quedó huérfano cuando era un bebé luego de que sus padres murieran en un bombardeo. Creció con sus abuelos maternos, que lo adoptaron, en Grasz, Austria. Se convirtió en un adolescente rebelde, que disfrutaba desafiando a la autoridad y también al peligro. Por esos años se fracturó dos huesos en carreras de esquí escolares y, cuando se pasó a los deportes de motor, primero en ciclomotor y luego en motocross, nunca se conformó con un papel mediocre:
En la biografía que ofrece la página oficial de la Formula 1 se puede leer esta descripción del joven Rindt: “Adoptaba una apariencia deliberadamente descuidada y tenía una personalidad algo brusca. Usaba trozos de cuerda en lugar de cordones para atar sus zapatos desgastados. Su nariz chata de boxeador (nació así) y su forma brusca de hablar le daban un aire intimidante. Confiado hasta la arrogancia y sumamente ambicioso, decidió, siendo aún adolescente, alcanzar la cima del automovilismo”.
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Para ayudarlo en su pasión, su abuelo le compró un primer auto de competencia, un Simpa con el que participó en varias carreras de montaña. De los pilotos de la época admiraba más que a ninguno al alemán Wolfgang von Trips, que murió en un accidente en Monza en 1961. En 1962 se compró un Alfa Romeo TI 1300 con preparación de fábrica, con el que venció en su debut en el Autódromo de Aspern, cercano a Viena. Fue la primera de una serie de nueve victorias logradas ese año. Pero su objetivo era correr en monoplazas y lo consiguió participando en la Fórmula Junior con Cooper-Ford del equipo Kurt Bardi-Barry. Su debut fue en Vallelunga, Italia, donde hizo la pole positions. En la siguiente carrera fue segundo y en la tercera, en Mónaco, obtuvo el cuarto puesto.

Entre buenas y malas
En 1964 viajó a Inglaterra y compró un Brabham de Fórmula 2 por 4000 libras en efectivo que también le proporcionó su abuelo. En su segunda carrera en esa categoría, en el circuito de Crystal Palace, llamó la atención de los periodistas especializados por su manera audaz de conducir. “Su coche iba de lado durante toda la carrera. Tomaba las curvas en ángulos increíbles y siempre parecía que iba a salirse de la pista”, se puede leer en una de las crónicas sobre esa competencia.
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Al año siguiente firmó un contrato de tres años con Cooper para la Fórmula 1, cuyos autos no eran de los mejores, pero se dio el gusto de ganar las 24 Horas de Le Mans a bordo de una Ferrari 250LM formando equipo con el estadounidense Masten Gregory. “Durante dos temporadas más al volante de unos Coopers superados y otra con un Brabham poco fiable, Rindt exprimió su maquinaria sin piedad. A menudo parecía estar completamente fuera de control, y Jochen reconoció que las apariencias no engañaban. Cuando le preguntaron con qué frecuencia conducía al límite, respondió:
Entre 1967 y 1970, Rindt participó tanto en carreras de Fórmula 2 como de la máxima categoría, pero con suerte diversa. En la categoría principal no lograba ubicarse entre los pilotos top, mientras que en la F-2, manejando un Brabham del equipo privado de Roy Winkelmann, logró ganar 13 de las 23 carreras en las que participó, casi una de cada tres competencias. Semejante récord contrastaba con su desempeño en la F-1, donde por esos años no obtuvo ninguna victoria y tuvo 21 abandonos en 32 carreras. Para explicar esos desempeños diferentes, Rindt aseguraba que no se trataba de su manera de conducir sino de la competitividad de los autos con los que corría en una y otra categoría. Necesitaba un buen auto para triunfar en la Fórmula 1 y la oportunidad le llegó como consecuencia de un desgraciado accidente.
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La gloria y la muerte
Fue la muerte de Jim Clark en un accidente de F-2 en Hockenheim, Alemania, la que le abrió las puertas de la gloria, porque Colin Chapman debió buscar quien lo reemplazara en su escudería de Fórmula 1.
El año, sin embargo, terminó mal para Rindt. Estaba liderando el Gran Premio de España, en el circuito de Montjuic, Barcelona, cuando el alerón trasero de su coche se desprendió, lanzándolo contra los restos del Lotus de su compañero Graham Hill, que ya se había estrellado por el mismo motivo. Hill salió ileso, pero Jochen sufrió una conmoción cerebral y una fractura de mandíbula.
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Superado ese contratiempo,
En las semanas siguientes, ya con el Lotus 72, ganó cuatro carreras consecutivas: el Gran Premio de los Países Bajos y los de Francia, Gran Bretaña y Alemania. Su desempeño sorprendió a todo el mundo:
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Pero ese año de gloria sería también el de la muerte. El sábado 5 de septiembre, mientras se entrenaba para el Gran Premio de Italia,
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