Hace un año, el reto para muchos robots humanoides era simplemente mantenerse en pie y llegar a la meta; hoy algunos corren tanto que
Los llamados
La cita ha crecido en tamaño y participación internacional, pero sigue siendo un ‘Mundial’ eminentemente chino, tanto por el origen de la inmensa mayoría de los equipos como por un medallero en el que los participantes extranjeros apenas empiezan a abrirse paso.
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Un año que se nota en el cronómetro
La evolución quedó resumida en apenas
La marca rebaja además los 9,39 segundos registrados por Tiangong en la jornada inaugural y contrasta con los 21,50 segundos que necesitó el vencedor de los 100 metros en la primera edición de los Juegos, hace apenas un año.

La mejora se ha repetido en las distancias más largas:
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Pero
No es únicamente parte del espectáculo.
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Correr es más fácil que trabajar
Fuera de las pistas, los avances resultan menos fulgurantes. Las pruebas que reproducen trabajos reales han mostrado robots capaces de manipular objetos, preparar pedidos o montar componentes, pero todavía con movimientos lentos y dificultades ante tareas rutinarias para una persona.
En el escenario industrial, las máquinas disponían de 20 minutos para transportar recipientes, clasificar materiales e insertar piezas en los orificios de una culata de motor, una operación que exige precisión milimétrica.
En el
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La propia organización reconoce esa distancia.
“
Así, mientras el cronómetro permite medir avances de segundos -o incluso minutos- en apenas un año, agarrar, reconocer y colocar correctamente un objeto sigue siendo una carrera bastante más larga.
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Un “Mundial” todavía muy chino
La segunda edición ha dado un paso hacia lo global de su nombre.
El salto sigue siendo modesto frente a las dimensiones del torneo: de los 666 equipos inscritos, 641 son chinos, al igual que 1.975 de los 2.056 robots participantes.
Aun así, la última jornada dejó un hito.
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El dominio extranjero en esa categoría fue completo:
China ha convertido los humanoides y la llamada inteligencia corporeizada en una de sus apuestas tecnológicas, con competiciones como la de Pekín concebidas como espectáculo y campo de pruebas para acelerar su desarrollo.
Cinco días después de la inauguración, los Juegos dejan máquinas capaces de recorrer 100 metros en menos de nueve segundos y el primer campeón extranjero de su corta historia, pero también una pregunta que el cronómetro no puede responder: cuánto tardarán en trasladar esos avances de las pistas al mundo real.
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(EFE)
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