Una billetera olvidada y un mensaje desesperado: el triste final de la pareja abandonada en un mar plagado de tiburones

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El film fue estrenado en el 2003
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Y… ¿si se corta la soga que nos sujeta del arnés mientras hacemos parasailing sobre el mar?; ¿si se desploma el ascensor en el que subimos apretujados con otros hasta el noveno piso?; ¿si la llama del termotanque deja de ser azul e inunda de monóxido de carbono nuestra casa y caemos todos muertos sin darnos cuenta?; ¿si el conductor del auto que viene por el carril contrario se distrae mirando su WhatsApp, invade nuestro carril y se nos incrusta de frente?; ¿si, durante una tormenta, la maceta de un vecino cae desde las alturas justo cuando pasamos caminando por la vereda?

Que tire la primera piedra quien nunca haya tenido un pensamiento catastrófico.

Todo puede ocurrir y, cada tanto, sucede. Cada día leemos o escuchamos, en las noticias, mil tipos de desgracias. Algunas, insólitas. Otras, increíbles. Y enseguida, si el algoritmo trágico nos sospecha vulnerables a sus embates,

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La verdad, al fin y al cabo, es insobornable: las historias de pesadilla existen.

La pareja de norteamericanos conformada por

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Abandonados en mar abierto

Eileen y Tom se conocieron estudiando en la Universidad Estatal de Luisiana y, con rapidez, se volvieron inseparables

El peligro de las malas matemáticas

Eileen Cassidy Hains era hija del matrimonio de Baton Rouge, Luisiana (Estados Unidos) conformado por John y Kathy Hains. Nació el 3 de marzo de 1969 y tenía un hermano menor llamado John Jr. Representaban a una tradicional familia de clase media, sumamente religiosa. Por su parte,

Eileen y Tom se conocieron estudiando en la Universidad Estatal de Luisiana y, con rapidez, se volvieron inseparables. Eran callados, estudiosos y comprometidos con la naturaleza y la sociedad. Mientras Tom se inclinó por la ingeniería química; Eileen, eligió biología. Al poco tiempo de recibirse, se mudaron a Jefferson, Texas donde él consiguió trabajo en la Fuerza Aérea como ingeniero químico y ella como docente. Se casaron en ese estado, en una discretísima ceremonia, el 24 de junio de 1988.

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Les encantaba viajar así fue que, en una simbiosis perfecta de vocación con aventura, en 1995,

Un paraíso de Oceanía, aislado de todo.

Eileen, quien ya sabía bucear desde su época universitaria, comenzó a hacerlo en estas islas y le transmitió su pasión a Tom. La siguiente parada, donde terminaron completando los 24 meses, fue Fiji. Un país más grande de la Polinesia, formado por unas 300 islas. Antes de regresar a los Estados Unidos,

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Con ese objetivo arrancaron su itinerario y llegaron a Queensland, Australia. Para esta época de sus vidas, ambos reunían mucha experiencia en buceo. En 1997 habían tenido

Abandonados en mar abierto

El domingo 25 de enero de 1998, salieron de la marina de Port Douglas, a las 8.30 de la mañana. Iban en el barco Outer Edge

El objetivo siguiente fue bucear en el arrecife más grande del mundo: la Gran Barrera de Coral (Great Barrier Reef), frente a la costa australiana de Queensland. El arrecife se extiende a lo largo de 2.300 km y es tan inmenso que se puede ver desde el espacio. Estaban emocionados con lo que harían.

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Contrataron una expedición de la empresa

El domingo 25 de enero de 1998, salieron de la marina de Port Douglas, a las 8.30 de la mañana. Iban en el barco Outer Edge, de 12 metros de eslora. De los 26 pasajeros que embarcaron, 9 eran buzos certificados, 11 estudiantes de buceo y 6 acompañantes o simples turistas. Entre los 5 tripulantes de la expedición, estaba el dueño de la empresa, Geoffrey “Jack” Nairn.

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En las primeras dos inmersiones,

Alrededor de las 14 horas de ese día a pleno sol, llegaron a la zona de St Crispin. Allí harían la última y tercera inmersión del día. Todos bajaron alrededor de las 14.20. Estaban a unos 65 kilómetros de la costa. Algunos lo hicieron con trajes de baño. Los Lonergan llevaban trajes de neoprene completos.

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Alrededor de las 15.20, cuando la tripulación creyó que ya todos habían vuelto a subir a la embarcación, un instructor contó 24 cabezas. Otro, señaló que dos personas, que se habían tirado a nadar, ya habían regresado… De esa manera calcularon sin pensarlo demasiado: 24 más 2 son 26. Listo.

Estaban listos para regresar. El barco emprendió el retorno a Port Douglas sin darse cuenta de que

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Las matemáticas resultaron letales. Y la cadena de errores que siguió fue catastrófica.

Abandonados en mar abierto

En las primeras dos inmersiones, Tom y Eileen emergieron unos 10/15 minutos más tarde que el resto

Señales que se pasaron por alto

Con la investigación se hilvanó la sucesión de errores fatales. Al llegar a puerto, la empresa desestimó la aparición de dos pares de zapatos luego de que todos los demás pasajeros se retiraran con los suyos puestos. Nadie prestó atención suficiente.

Esa misma tarde, la conductora del autobús contratado para recoger a los Lonergan y llevarlos a su hotel, fue a ver al capitán y dueño de Outer Edge Jack Nairn y le dijo que no encontraba a dos de sus pasajeros. No hicieron caso. Ella los buscó en la heladería y en el café del puerto. Se terminó yendo sin ellos, pero se lo comunicó a la empresa de traslados: había dos personas que no se habían presentado a su reserva.

Al día siguiente, lunes 26 de enero, un buzo del Outer Edge volvió al arrecife con otro grupo de turistas.

La desidia siguió su camino indolente.

Tuvo que transcurrir un día más para que se encendieran las alertas rojas. Un empleado prestó, por fin, atención a unas bolsas que había en el barco y que nadie había reclamado. Se las llevó a su jefe Nairn. Eran las 19 horas del martes 27 de enero cuando las abrieron. Dentro encontraron una billetera con tarjetas de Tom Lonergan, los pasaportes, unos anteojos de sol y unas remeras.

A las 20.50 avisaron a la policía. Las autoridades fueron al hotel donde estaban alojados los Lonergan y comprobaron que nunca habían vuelto. Desplegaron un amplio operativo de salvataje. Era demasiado tarde.

Abandonados en mar abierto

Desde el consulado llamaron a la familia. La mala noticia había llegado. Nadie sabía dónde estaban Tom y Eileen

Búsqueda frenética, hallazgos sucesivos

Ese mismo martes 27, las autoridades se comunicaron con el consulado de los Estados Unidos en Sydney para informarles lo que pasa. Desde el consulado llamaron a la familia. La mala noticia había llegado.

El miércoles 28 de enero, a las 6 de la mañana, comenzó la búsqueda desesperada. Un total de 17 aviones, 2 helicópteros y decenas de embarcaciones de la Armada, de la policía y privadas, más unas cien personas, se abocaron a la tarea de

Karl Jesienowski, miembro de la tripulación de Outer Edge, le dijo a los reporteros que ese día, luego de la tercera inmersión, habían contado a los pasajeros antes de dejar el arrecife de coral, pero que “sin embargo, algo falló en el sistema de conteo… Me disculpo. Sinceramente, me disculpo”. Especuló que, seguramente, ellos se habían quedado más tiempo del previsto bajo el agua y que como hubo otra pareja que había subido al barco, pero se había vuelto a tirar para nadar, eso podría haber confundido a los que hacían el conteo.

Tres días después los expertos advirtieron que las corrientes eran tan fuertes que podrían haber llevado a la pareja muy lejos del lugar donde habían quedado. Además, había muchos restos y basura causados por ciclones recientes. Habían perdido las esperanzas.

El 30 de enero se dio por finalizada la búsqueda oficial aérea y marítima.

El 5 de febrero apareció el chaleco compensador (en realidad se llaman BCD -Buoyancy Control Device- y son los que usa un buceador para controlar su flotabilidad) con la inscripción “Tom Lonergan, Peace Corps, Fiji”,

El 8 de febrero hallaron una pata de rana de Eileen y, luego y su chaleco compensador que también llevaba su nombre escrito. En los días siguientes encontraron más cosas: su chaqueta, su capucha y su traje de neoprene gris y verde. Era su talla y tenía los mismos colores. La rasgadura de la chaqueta parecía haber sido provocada por corales, no por un animal.

El 13 de febrero se divisó, en otra playa lejana, un tanque negro que se supuso pertenecía a la pareja y luego encontraron el segundo. Con el tiempo se demostró que ambos tenían todavía reservas en su interior. Se calculó que habían subido con tiempo a la superficie y que habían estado buceando, aproximadamente, unos 40 minutos.

Familia Lonergan buzos perdidos en el mar

El 8 de febrero hallaron una pata de rana de Eileen y, luego y su chaleco compensador que también llevaba su nombre escrito

El hallazgo más estremecedor se hizo el 26 de junio de ese año y apareció en la costa, en una zona de manglares, a unos 160 km de donde habían desaparecido. Era la pizarra de buceo de Tom con un mensaje esclarecedor. La pizarra es una placa rígida que llevan los buceadores sobre la que se escribe con un lápiz especialmente pensado para eso. La letra era de él, aunque estaba descolorida por el paso de los meses y el contacto con el agua, decía:

“Lunes 26 de enero de 1998, 8 am. Para quien pueda ayudarnos:

Algunas palabras o letras estaban borradas por la erosión y son las que señalé en negrita, pero no cambiaban el sentido de la realidad. Los análisis posteriores demostraron que no era un engaño ni algo plantado, era

Emerger en medio de la nada

Teniendo en cuenta lo investigado posteriormente, queda clara la desesperación de la pareja al emerger y ver que se habían ido sin ellos. Estaban abandonados en medio de la nada, solos en la inmensidad del Mar del Coral, en el Océano Pacífico. Hacía calor, el mar lucía en calma y el cielo parecía pintado de un azul absoluto. Los rodeaba un paraíso que se había convertido en una trampa siniestra.

¿Cómo imaginar qué hicieron ellos en esos primeros instantes? ¿De qué hablaron? ¿Se organizaron de alguna manera? ¿Pensaron que el rescate llegaría enseguida, apenas notaran que ellos no habían subido al barco?

Especular puede ser relativamente sencillo. Vivirlo es otra cosa.

Nadie sabe qué pasó realmente.

Familia Lonergan buzos perdidos en el mar

El hallazgo más estremecedor se hizo el 26 de junio de ese año y apareció en la costa, en una zona de manglares, a unos 160 km de donde habían desaparecido. Era la pizarra de buceo de Tom con un mensaje

A las 18.50 el sol se hundió en el horizonte de agua. Ya llevaban para entonces casi cuatro horas perdidos y flotando. Llegó la noche con sus fuertes corrientes marinas; la oscuridad y el miedo al acecho de los animales que habitan bajo la superficie líquida y salvaje. En algún momento de esas horas se habrían quitado los cinturones de lastre que otro buzo encontró al día siguiente, en el fondo. Eran pesados y les habrían hecho complicada la flotación. El mar los mecía sin rumbo, sin puntos de referencia. Habrían inflado sus chalecos compensadores (se llenan con el aire del tanque mediante un mecanismo conectado al regulador o soplando). Eso habría hecho que pudiesen mantenerse sobre la superficie sin tener que agotarse nadando de manera continua. El aire era cálido, unos 26/27 grados, y el agua estaba templada. Enfundados en trajes de neoprene el riesgo de hipotermia no era grave. Se cree que hacia la madrugada la marea violenta ya los había arrastrado fuera y lejos del arrecife. Luchar contra ella podría haber sido extenuante. Sin luces para orientarse, aterrorizados y desesperados, seguían juntos. El frío, el cansancio, la angustia y la deshidratación seguramente ya habían horadado sus ánimos. ¿Así habrían transcurrido sus últimas horas con vida a la deriva? ¿Fueron en esos momentos acechados, c

Sus chalecos aparecieron desabrochados y ello generó especulaciones: ¿se los habían quitado? ¿por qué? ¿Se habrían desprendido de los cuerpos luego de sus respectivas muertes? ¿Fue la pareja separada por la fuerza del agua? ¿Fueron atacados por tiburones? ¿Uno vio morir a otro? Si fue así, ¿quién lo hizo primero?

La pizarra, hallada meses después, los sitúa todavía juntos y vivos al salir el sol. Allí Tom indica la hora precisa: las 8 de la mañana del día 26. ¿Se habían rendido exhaustos? ¿De qué hablarían? ¿Hubo despedidas?

Abandonados a su suerte, ¿cómo podían Tom y Eileen pensar que nadie lo estaba buscando porque, sencillamente, no se habían dado cuenta de su ausencia? Increíble.

Sobre todo si repasamos todas las pistas que habían dejado: las bolsas con sus pertenencias dentro del barco, el transfer contratado para volver al hotel, los zapatos sin dueño…

Los Lonergan eran un mal número. Dos molestos turistas que sabían bucear, que subían un poco más tarde que el resto desde el fondo del mar, entre los cientos de pasajeros que atendían cada año. A veces, el trabajo cotidiano es cruel y quien alimenta el negocio termina siendo considerado un incordio. A veces, lo cotidiano se menosprecia y solo se piensa en volver a casa cuanto antes. Un accidente suele ser provocado por un tonto descuido.

Durante 1998,

Cinco años antes, en 1993, una adolescente de 16 años,

Pero, claro, eso es algo que le pasa al resto. Eso es lo que siempre creen todos. Además, la industria del turismo y del buceo son negocios lucrativos, clinc caja y apuro, algo que puede volver laxas las medidas preventivas.

Familia Lonergan buzos perdidos en el mar

Los actores que interpretaron a los Lonergan en el film Mar Abierto de 2003

Misterio y las hipótesis

Entre las posesiones de la pareja en el Walkabout Hostel en la caja de seguridad encontraron los diarios personales de ambos, documentos y sus cheques de viajero. Eso dio mucho que hablar y permitió que se introdujeran nuevas hipótesis. Según el diario Sydney Daily Telegraph, que reprodujo varios fragmentos,

Del diario de Eileen, el fragmento que trascendió estaba fechado el 9 de enero de 1998, 16 días antes de la desaparición. Ella contaba que Tom esperaba morir pronto, de una manera rápida e indolora. También aclaraba que él no era un suicida, pero que tenía un deseo de muerte que podía llevarlo a conseguir todo lo que deseara. También hablaba de que sus vidas estaban tan unidas que ya no eran dos individuos sino uno solo. Material perfecto para teorías conspirativas.

La familia de Tom reaccionó con vehemencia a estos extractos publicados, aseguraron que estaban sacados de contexto y que solo se difundieron aquellas frases que abonaban la teoría de un suicidio.

Nancy Lonergan, hermana de Tom, dijo, furiosa por estas especulaciones de la prensa: “Yo recibí una carta de él en diciembre, mi madre mantenía un contacto cercano y frecuente con él. Nos decepciona que intenten encontrar algo para decir que fue a propósito. Hubo una pareja que estuvo con ellos la noche anterior y que declaró que estaban perfectos y muy emocionados por ir a bucear al arrecife. No hubo nada que indicara ningún problema en ningún lado”.

Podemos inferir que era algo que a la industria del turismo le venía muy bien. ¿Las teorías sobre un suicidio podrían haber sido sostenidas por muchos para salvar ese recurso turístico que movía millones en el país? A esto se sumaron testimonios alocados que decían haberlos visto por distintos sitios.

Por otro lado, hubo también quienes se preguntaron si la empresa podría haberse percatado un poco antes del asunto y que, deliberadamente, hubiera decidido ignorarlo por el gran problema que supondría.

La policía no respaldó ninguna de todas esas hipótesis y fue al corazón del asunto:

Irónicamente, el 14 de febrero, el día de San Valentín, las autoridades dieron por concluida la búsqueda de la pareja.

El padre de Eileen, James Hains, sostuvo que la familia no demandaría a Outer Edge: “Nuestros corazones están también con los hombres que están acusados por su responsabilidad en esto. No hubo intención criminal. Ellos hicieron algo estúpido y sus vidas se quebraron. Enfrentan cargos del gobierno y mi corazón y mis plegarias también están con ellos”.

La madre de Eileen, Kathy, declaró que su yerno era muy lector, que era un marido fabuloso y que “adoraba el suelo que ella pisaba”. Y su hipótesis sobre el accidente es la más sencilla de todas: ellos eran tan reservados y unidos, tan tranquilos y tan callados, que en el barco nadie reparó en ellos. Eso podría haber contribuido a que su ausencia pasara absolutamente desapercibida. No está mal.

John Jr Hains, hermano de Eileen, reconoció estar molesto con la película Mar Abierto porque aseguró que no mostraba cómo habían sido ellos realmente. John Jr. también eligió pensar que lo sucedido fue algo accidental, que no hubo nada deliberado por parte de nadie.

Multa, quiebra y los cambios que vinieron

Durante la investigación se supo que hubo algo más grave todavía que el pésimo conteo visual de pasajeros. El registro de buceo indicaba quién había entrado al agua y quién había regresado. Ese registro habría permitido detectar inmediatamente el error:

Jack Nairn fue llevado a juicio por dos cargos de homicidio involuntario. Fue absuelto en 1999 porque el jurado no consideró probada la negligencia criminal. Por otro lado, el juez de instrucción Noel Nunan, dijo que los diarios no constituían una prueba concluyente de que quisieran suicidarse. La investigación oficial sí fue sumamente crítica con las prácticas de la empresa Outer Edge y se concluyó que los Lonergan habían sido dejados en el mar por culpa de medidas de seguridad insatisfactorias. Quedó demostrado que nadie tenía asignada, en la práctica, la responsabilidad final del conteo de pasajeros. Y que ningún miembro de la tripulación verificó el registro de buceo antes de abandonar el arrecife. Habían fallado todos los eslabones de la seguridad.

La empresa

El médico forense de Queensland determinó, en octubre de 1998, que

Un especialista australiano en tiburones, Ben Cropp, opinó que la pareja podría haber sido atacada por un escualo tigre en las primeras 24/48 horas en el agua. Sostuvo que si un tiburón te observa un buen tiempo, te volvés una víctima vulnerable. El animal podría haber nadado en círculos a su alrededor hasta que, finalmente, decidió morder. Si eso hubiera pasado, habría comido primero a uno y, luego, al otro. “Son una horrible máquina de comer cuando se deciden a hacerlo”, sentenció.

La industria del buceo inyecta en Queensland unos 110 millones de dólares australianos cada año y otros 340 millones en hoteles y pasajes aéreos. No es algo para despreciar. El incidente mortal de los Lonergan asustó a muchos turistas.

Se implementó el doble conteo de pasajeros, independiente uno de otro. Si la cifra no coincidía se debía volver a contar. Y si la discrepancia continuaba había que activar los procedimientos de emergencia. Además, tiene que haber una supervisión específica durante las inmersiones que incluyen la presencia de personal encargado de vigilar las zonas de buceo y de snorkel. Hay que comprobar que cada persona que haya bajado esté de nuevo sobre el barco. Eso en teoría.

Demasiados casos similares

Lo cierto es que turistas olvidados en el mar hubo muchos a lo largo del tiempo. No siempre con el mismo final. Dos años después de lo ocurrido con los Lonergan,

La que no contó con esa fortuna fue una mujer norteamericana de 80 años,

En 2005, dos buceadores británicos,

El caso más extraordinario quizá sea el del buzo neozelandés Robert Hewitt quien, en 2006, estuvo perdido 75 horas en el océano de Nueva Zelanda. Sobrevivió más de tres días comiendo pequeños animales marinos y fue rescatado casi por casualidad. Dos buzos de la armada que lo habían estado buscando, observaron un capuchón de neoprene flotando a 300 metros de donde había desaparecido. Era él. Deshidratado, pero vivo.

El 23 de mayo de 2008,

En el año 2011, un turista norteamericano,

En junio de 2015,

En 2025,

Este abril de este año 2026,

Los Lonergan no tuvieron la suerte de ser rescatados y su historia sigue dando que hablar hasta el día de hoy. Es el temor de cualquiera que se anote en una excursión en mar abierto.

El destino, en medio de la naturaleza salvaje, siempre puede resultar incierto.

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