
Una sustancia producida por
Hasta ahora, una de las preguntas centrales en este campo era de qué manera los cambios en la
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Sin embargo, todavía faltaba identificar con mayor precisión qué elementos concretos podían intervenir en ese vínculo. En diálogo con

Una de las hipótesis es que incluso podrían atravesar la
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Una pista concreta en la relación entre intestino y cerebro
La investigación retoma una línea de trabajo iniciada hace casi 10 años. En ese momento,
Con esa base, el nuevo estudio identificó a la
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En este caso, algunas bacterias la fabrican al usar

La universidad señaló que no todas las personas tienen el mismo perfil intestinal. Rey explicó a Infobae que “las bacterias que producen ImP están presentes en una gran proporción de las personas, pero en la mayoría no son muy abundantes”. El investigador agregó otro punto relevante: “Pero algo que hemos aprendido con los años es que un microbio no necesita ser abundante para tener un impacto en el huésped”.
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Según se detalla en el estudio, el compuesto ya había sido vinculado con otros problemas de salud, como
Los resultados del trabajo sugieren que esa influencia existe, al menos en parte, y que puede observarse
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Qué mostró el estudio en animales y en voluntarios
Uno de los ejes de la investigación consistió en evaluar qué ocurría cuando ImP llegaba al cerebro de ratones. Allí los científicos observaron una mayor acumulación de dos proteínas asociadas desde hace años al Alzheimer:
La beta-amiloide es un
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El comunicado institucional resumió ese efecto en animales con una frase directa. “Ese proceso finalmente
En otra etapa del análisis, el equipo se centró en personas. Los investigadores midieron la presencia de ImP en sangre en casi
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Después compararon esos valores con indicadores biológicos y con resultados de evaluaciones mentales tomadas a lo largo del tiempo. La asociación encontrada mostró que quienes tenían

Ese hallazgo también apareció reflejado en el rendimiento cognitivo: “Como contamos con los resultados de pruebas cognitivas que estos voluntarios realizaron a lo largo del tiempo, podemos ver que las personas con los niveles más altos de ImP también experimentaron un deterioro cognitivo mucho más rápido”, afirmó Rey.
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En otras palabras, las personas con más cantidad de esta sustancia en circulación tendieron a empeorar más rápido en pruebas que evalúan memoria y otras funciones mentales.
La posibilidad de un futuro tratamiento y sus límites
El estudio sumó además un
“Esa variación genética ya había sido asociada con un mayor riesgo de Alzheimer en grandes estudios genéticos, y ahora tal vez entendamos por qué está conectada”, señaló Rey.
La frase no implica que la relación esté cerrada ni que se haya probado un mecanismo definitivo, aunque sí aporta una explicación plausible sobre cómo podrían conectarse genética, metabolismo intestinal y riesgo de enfermedad.

Con estos datos, los investigadores propusieron que ImP podría convertirse en un objetivo de tratamiento. La dificultad es que el compuesto surge a partir de la histidina, un nutriente que el organismo necesita y que está presente en muchos alimentos, sobre todo en los que tienen muchas proteínas.
“En general, mejorar la dieta probablemente ayudaría”, afirmó Bendlin. La investigadora agregó además que “no es tan simple como decir ‘deje de comer huevos’ o ‘no coma tanta carne roja’, porque la histidina es necesaria y está presente en muchísimos alimentos”.
Esa aclaración deja en claro que el camino no pasa por eliminar por completo determinados alimentos. La comparación que propuso el equipo apunta más bien a un enfoque farmacológico. “Podría ser algo parecido al colesterol, cuando las personas con colesterol elevado toman un medicamento, una estatina, que reduce su riesgo de enfermedad cardíaca”, sostuvo Bendlin, según el comunicado institucional.

En tanto, Rey indicó a Infobae que “la opción más factible es el uso de un fármaco que actúe específicamente sobre las bacterias que producen ImP”. Además, señaló que “el hallazgo contribuye a la idea de que procesos periféricos, inflamación sistémica, alteraciones metabólicas, señales que vienen del intestino, del hígado o de la sangre pueden preceder por años, incluso décadas, a los síntomas cognitivos”.
Aunque todavía faltan estudios que confirmen si intervenir sobre este metabolito puede modificar el curso de la enfermedad en humanos, el hallazgo aporta una vía concreta de investigación en un campo donde durante años predominaron las hipótesis generales.
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