¿Es inteligente la Inteligencia Artificial?

•

Un robot humanoide transparente y un hombre científico señalan un tablero digital que muestra fórmulas matemáticas, gráficos y datos.
Todo indica que hemos ingresado a la de la Inteligencia Artificial (Imagen Ilustrativa Infobae)
Guardar

Si tuviera conciencia transformaría por completo no solo la ciencia, sino también la filosofía y el propio concepto de sociedad. Significaría intención y voluntad propia. Plantearía la posibilidad de adquirir un estatus moral al poder sentir o sufrir, y, por lo tanto, adquiriría derechos legales. En laboratorios se busca, pero todavía no se encuentra, por lo que sigue siendo ciencia ficción. Por ello limitaremos nuestra indagatoria a la inteligencia y si corresponde que figure en el nombre mismo de la IA.

Los seres humanos somos hijos de la época histórica que nos ha tocado vivir, y

PUBLICIDAD

¿Puede realmente pensar una máquina o debemos esforzarnos para buscar una nueva palabra o un nuevo concepto que describa adecuadamente lo que la IA hace?

Para responder esa pregunta, es necesario reflexionar antes acerca de lo que constituye la “inteligencia” y cómo se la mide. Las definiciones que se encuentran aún en los mejores diccionarios son circulares, y a veces se contradicen unas con otras. Por su parte, su medición ha sido objeto de grandes controversias desde el año 1904, cuando el Ministerio de Instrucción Pública de Francia designó una comisión para que estudiara métodos que permitieran la separación de niños que entonces se consideraban deficientes, para su ubicación en escuelas especiales.

PUBLICIDAD

Sin embargo, a pesar de lo anterior,

En definitiva,

PUBLICIDAD

La falta de unanimidad y los problemas que plantea la medición, se agregan al hecho de la existencia de disputas académicas, donde algunos sostienen que la respuesta a que constituye la inteligencia debe buscarse en la estructura misma del cerebro, en su fisiología, en su química, además de factores hereditarios. Otros construyen sus respuestas a partir de las mediciones que se llevan a cabo. Sin embargo, para otros autores, las pruebas o test de inteligencia solo medirían habilidades que son producto de las posibilidades de aprendizaje y de los estímulos del medio ambiente, incluyendo el entorno familiar. Es decir, solo medirían las oportunidades que hemos tenido en la vida según nuestra ubicación social, por lo que no entregarían luces sobre las verdaderas potencialidades de cada sujeto. Por último, al interpretar estas pruebas, a veces quienes lo hacen incluyen sus propios prejuicios culturales, raciales e ideológicos, sin saber a ciencia cierta lo que estamos intentando interpretar.

A medida que avanzaba la ciencia y la tecnología, surgió la necesidad de entender los nuevos productos que los seres humanos iban creando. Fue así como en la segunda mitad del siglo XX, en su libro The Mighty Micro (Londres, 1979)

PUBLICIDAD

Ilustración de una persona escribiendo en un escritorio de biblioteca y un androide frente a pantallas con texto informático.

Una persona redacta en una biblioteca tradicional junto a un androide que opera computadoras con código digital. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El objetivo de Evans era mostrar la inmensa brecha que en esa época todavía separaba a la inteligencia humana de la de los computadores, aquellos inmensos que ocupaban mucho espacio en lugares especialmente acondicionados hasta que apareció el computador personal para transformarlo en objeto cotidiano. Evans concluyó que tenían alguna medida de inteligencia, pero no podían pensar.

Eso no varió sustancialmente hasta ahora, con la aparición de la IA, que nos pone ante la posibilidad de la máquina pensante, aunque todavía es solo una posibilidad. Alguna medida de inteligencia puede tener un ingenio artificial, pero pensar, por ahora, sigue siendo una actividad que solo pueden realizar los seres humanos, debate que nos vuelve al punto de partida:

PUBLICIDAD

La verdad es que no se tiene una respuesta precisa para la pregunta de ¿qué es la inteligencia?, ya que mejor sabemos medirla y lo máximo que se ha avanzado en unificar criterios, radica en la afirmación que existen distintos tipos de inteligencia, y que algunas pueden estar relacionada con la cultura. A veces pienso que se parece a lo que ocurre con el tiempo, ya que sabemos cómo medirlo, pero carecemos de una definición precisa que satisfaga a todos, tanto a filósofos como a físicos.

En los hechos se repite el debate acerca de que es la información, ya que no tenemos una respuesta por todos aceptada, por lo que incluso podemos manipularla, en tiempos como los actuales, donde con cierta probabilidad le vamos a pedir a la IA que nos ayude a procesarla, toda vez que no sabemos con precisión qué diferencia al conocimiento de la información y a esta del simple dato.

PUBLICIDAD

El hecho que tengamos más preguntas que respuestas no es malo, ya que comparto la afirmación de Einstein que

Cuando hablamos de no repetir situaciones del pasado donde todo cambió con rapidez, quizás ello se debió a que no fuimos capaces de hacernos las preguntas adecuadas en el momento en que era necesario, por lo que tampoco obtuvimos las respuestas oportunas.

PUBLICIDAD

Por lo tanto, quizás no debiéramos repetir el error que se cometió al presentar al computador como una especie de “cerebro”, que no lo era. Quizás, lo que debiéramos hacer es buscar una nueva palabra o concepto para aplicárselo a la IA, reservando la palabra “inteligencia” para lo que los humanos hacen. Para el futuro del homo sapiens sapiens, es decir, de ese producto evolutivo que somos los seres humanos, clave es defender lo que nos singulariza, representado por la capacidad de pensar, facultad tan humana que podría debilitarse como también el pensamiento crítico, ante la irrupción de la IA.

Es así como nos hemos convertido en testigos de una preocupante faceta que está teniendo lugar, ya que en forma creciente y hasta acelerada, cuando se produce una divergencia en un grupo, en vez de intercambiar argumentos, para cerrar el debate se le pide a la IA que resuelva instantáneamente cuál es “la verdad”, lo que también está teniendo lugar en las RRSS, lo cual es un evidente retroceso de la facultad humana de pensar, que siempre se dijo que nos separaba de otros animales. Hoy se retrocede, ya que se renuncia a su uso en favor de un ente artificial.

PUBLICIDAD

Ojalá no se repita lo que pasó con la disminución de la lectura de libros, o en la sala de clases, cuando en el siglo pasado apareció la calculadora de bolsillo, que produjo la virtual desaparición de la memorización de las cuatro operaciones, lo que ocurrió antes que los educadores se pusieran de acuerdo si ello era bueno o malo. Algo similar se repitió en el caso de las tablets o el computador personal. Quizás, todo pasó porque en el momento que correspondía las preguntas adecuadas no fueron hechas, razón por la cual tampoco tuvimos respuestas oportunas.

Mi primer libro (“Un mundo cercano: el Impacto Político y Económico de las Nuevas Tecnologías”, Santiago, 1984) se escribió por la aparición de la computación, su historia y los cambios globales que se anticipaban para el mundo. Releerlo después de 42 años, por un lado, parece prehistoria lejana en comparación a las promesas que hoy anuncia la IA, aunque por el otro lado,

Sobre todo, la comparación entrega lecciones de errores que no se debieran volver a cometer, tales como no entender la velocidad con la que todo puede cambiar. Es decir, ya tenemos esas experiencias y, por lo tanto, es necesario prepararse para un proceso que va a ser mucho más profundo y rápido. Nada menos que

Corresponde entonces reforzar lo que parece propio del ser humano, como la capacidad de pensar o tener conciencia. También, que nada debilite al lenguaje, ya que gracias a él evolucionamos hasta ser la especie dominante, a pesar de nuestra debilidad física, ya que su aparición fortaleció la cooperación entre los cazadores como también permitió una mejor adaptación a la evolución, que otras especies, desde neandertales a dinosaurios no pudieron lograr. A defender entonces el pensamiento, a pesar de que es obvio que algunas habilidades van a ir desapareciendo, tal como disminuyó enormemente en el último siglo, tanto la necesidad como el uso de la memorización, gracias a la cual llegaron hasta nosotros obras clásicas de la antigüedad como La Odisea, por siglos transmitida oralmente antes de la escritura, hoy presentada a nuevas audiencias a través del cine.

La IA también debiera obligarnos a reforzar la ética, ya que en forma creciente vamos a entender que hay un uso ético de ella, pero también un uso que no lo es, por ejemplo, donde se ubicaría la utilización de la IA para vínculos afectivos con seres queridos. ¿Sería correcto o un engaño?

En un aspecto más general, estoy convencido que

Elon Musk advirtió que en cinco años años la IA puede superar a la inteligencia humana (REUTERS/Gonzalo Fuentes)

Elon Musk advirtió que en cinco años años la IA puede superar a la inteligencia humana (REUTERS/Gonzalo Fuentes)

Hablamos de neuroderechos que se agregan en este siglo XXI a los derechos humanos del siglo XX, como característica de esta era histórica que nos ha tocado vivir, la de convivir con la IA, a la que insisto debiéramos cambiarle la I de inteligencia por una nueva palabra o concepto, que describa más adecuadamente lo que van a hacer, y que respete el elemento clave de nuestra evolución, aquel que le permitió a Darwin enseñar que sobrevivían mejor no los más fuertes, sino aquellos que tenían mayor capacidad de adaptación. Ahora, se nos pide una nueva adaptación de signo distinto, pero integrando una evolución que nos permite ver en la IA no una confrontación sino una convivencia, toda vez que hasta ahora es otra creación del homo sapiens, un producto de creación tan humana como puede serlo una novela, una película o el invento hasta ahora más formidable del ser humano, cual lo es la rueda.

En todo caso seguimos sin poder definir lo que constituye la esencia de la inteligencia, solo sus indicadores, entre los cuales sobresale la capacidad de extraer información del entorno que nos rodea. Sin embargo, tampoco sabemos cómo jerarquizar automáticamente la calidad de la información que nos llega, con un agregado, la información es un recurso que a diferencia de otros crece al compartirse, es decir, al multiplicarse. No ocurre con otros recursos que, como los minerales o agrícolas al consumirlos, disminuyen o desaparecen. Por eso, el rol tan especial de la información que la hermana con el amor, que también crece al ser compartido.

Si aceptamos que se apliquen las mismas tablas a seres humanos, animales y entes o máquinas, todavía el ser humano inteligente puede diferenciarse de toda otra competencia o convivencia, por algo que va a conservar hasta el día que la IA nos diga que está pensando. Ese “algo” diferenciador es producto de su capacidad única para pensar, y consiste en la posibilidad de jerarquizar la abundancia informativa que estamos recibiendo, y a veces, sufriendo. Por lo tanto, no se debiera abandonar, y, por el contrario, se debiera buscar el perfeccionamiento de la capacidad de jerarquizar, porque no toda información es útil o necesaria.

El Premio Nobel

Para muchas personas, la IA resuelve el problema de tener información confiable en forma inmediata y con un costo insignificante, aunque no soluciona el problema central, ya que

Exigencia vital mientras la IA no piense en forma autónoma, lo que puede ocurrir antes de 5 años según Elon Musk o idealmente, nunca, pienso yo.

@israelzipper

Máster y PhD en Ciencia Política (U. de Essex), Licenciado en Derecho (U de Barcelona), Abogado (U de Chile), excandidato presidencial (Chile, 2013)

Compartir nota:

•

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *