La expansión de los chatbots hacia el trabajo, la educación y las relaciones personales empujó una nueva dinámica en internet:
Según The New York Times,
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Ese mecanismo condensó lo que el diario describió como un “

Los bots ya se responden entre sí con inteligencia artificial
La lógica se extendió mucho más allá del empleo.
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Los protagonistas de estas interacciones fueron usuarios que delegaron en programas sus intercambios cotidianos y la consecuencia inmediata fue una reducción del papel humano en conversaciones profesionales, académicas y personales. El resultado fue una red donde el interlocutor dejó de ser necesariamente una persona y pasó a ser, cada vez más, un software.
The New York Times agregó que la industria tecnológica aceleró esa tendencia en marzo de 2026, cuando Meta compró una red social diseñada para que los bots hablaran entre sí. El movimiento reforzó una idea que circulaba desde hace tiempo en ámbitos tecnológicos: que
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Jiaxin Pei, profesora adjunta de la Escuela de Información de la Universidad de Texas en Austin, describió un escenario próximo:
El riesgo inmediato es la amplificación del error en la era IA
La utilidad práctica de esos sistemas convivió con un problema estructural: cuando dos herramientas de inteligencia artificial interactúan, pueden repetir y reforzar las mismas fallas. Soheil Feizi, profesor asociado de informática en la Universidad de Maryland, dijo, citado por la publicación, que esos sistemas “comparten los mismos puntos ciegos”.
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Un trabajo reciente de un investigador de la Escuela de Medicina de Harvard examinó cómo eso podría trasladarse a un hospital. Si una herramienta analiza radiografías para detectar fracturas, otra asigna habitaciones y una tercera fija el orden de atención, un error inicial no verificado por humanos podría propagarse por toda la red y afectar al paciente, al médico y a la clínica.

El problema no se limitó a la medicina. Un estudio concluyó que los sistemas de selección de currículums con inteligencia artificial prefirieron solicitudes escritas por inteligencia artificial frente a las redactadas por personas. Esa misma lógica, indicó el medio, ya pudo alterar también los procesos de admisión universitaria cuando escuelas usaron lectores automáticos para evaluar textos que muchas veces también generaron los propios chatbots.
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La deriva alcanzó además la atención al cliente y las citas. Un ejecutivo del sector de telecomunicaciones observó a clientes que enviaron agentes de voz creados con inteligencia artificial para discutir con el sistema automatizado de atención de su empresa. Un hombre usó un bot para redactar mensajes en una aplicación de citas a una mujer que parecía hacer exactamente lo mismo; en un momento le escribió: “¿Cuánto tiempo vamos a ChatGPTearnos mutuamente?”. Ella nunca respondió.
Sarah Davis, antropóloga cultural y decana de St. John’s College en Santa Fe, advirtió que
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La publicación recordó que este temor por la transformación tecnológica de la comunicación tuvo antecedentes. Sócrates temió que la escritura dañara la memoria; críticos de comienzos del siglo XX dijeron que el teléfono amenazaba la civilidad; y un artículo publicado en 1994 en The New York Times sostuvo que el correo electrónico era tan atractivo y sencillo que amenazaba con desbordar su propia utilidad por volumen y falta de consideración.
La diferencia actual, según el diario, fue que el correo electrónico transmitía mensajes entre personas, mientras
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