
“Virar a la derecha… ¿Qué es esto?”. La voz del piloto Masami Takahama se escuchó fuerte y clara en la grabación de la caja negra. Apenas un minuto y tres segundos después de su despegue de Tokio, la situación del Boeing 747 de Japan Airlines (JAL) era preocupante, aunque el fragmento de la cinta dado a conocer por las autoridades de la línea aérea no permitía conocer con precisión la causa. El registro de las conversaciones en tierra y de los primeros 63 segundos de vuelo ya se había borrado.
El
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Los expertos consultados después del accidente coincidieron en que el fragmento conocido de las conversaciones grabadas en la caja negra demostraba el alto nivel profesional y la sangre fría de la tripulación que, a pesar de la casi segura perspectiva de una muerte inminente, en ningún momento perdió la calma ni dejó de intentar hasta el final una maniobra que evitara el desastre.

¡Levante la nariz… Levante!
El registro de
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1 minuto, 03 segundos. Capitán: “Virar a la derecha… ¿Qué es esto?”.
1.08. Voz no identificada: “Presión hidráulica baja… presión hidráulica es…”.
2.17. Capitán: “Derecha, copiloto… Derecha”.
3.38. Voz no identificada: “Presión hidráulica cerrada”.
5.51. Capitán: ¿Qué es esto?
7.36. Copiloto o ingeniero de vuelo: “Hacia atrás… ¿Qué se rompió?… ¿Dónde está?… ¡Ah, ah, ah…! Es el compartimento de equipaje. Atrás, bien atrás… Creo que deberíamos descender aquí”.
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9.20. Voz no identificada: “¿La ventana R5? Sí”.
9.22. Capitán: “R5… Creo que deberíamos hacerlo. Nos pondremos la máscara también. Creo que debemos hacerlo con la máscara puesta”.
(La azafata Yumi Ochiai, que viajaba fuera de servicio y sobrevivió al accidente, dijo que en la cabina de pasajeros cayeron las máscaras de oxígeno).
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11.31. Voz no identificada: La ventana R5 rota. Estamos descendiendo”.
11.33. Capitán: “Baje la nariz”.
11.33. Copiloto: “OK”.
14.33. Voz no identificada: “¿Qué pasa con el tren de aterrizaje?”
14.56. Capitán: “Baje la nariz”
14.56. Copiloto: “OK”.
16.26. Capitán: “Baje el tren de aterrizaje”.
16.26. Copiloto: “OK”.
20.54. Copiloto: “¡qué hacemos con los flaps? ¿Los bajamos? ¿Es demasiado pronto?”
20.54. Capitán: “Es demasiado pronto… ¿Está bajo el tren de aterrizaje?”
20.54. Copiloto: “El tren de aterrizaje está bajo”.
23.57. Capitán: “Derecha… Levante… Potencia… Potencia”.
24.18. Capitán: “Ahora izquierda”.
24.18. Copiloto: “Sí, izquierda”.
24.27. Capitán: “Disminuya potencia… Baje la nariz… Baje la nariz”.
25.11. Capitán: “Potencia”.
24.54. Capitán: “¡Eh! ¡Más potencia!”.
(Durante los siguientes siete minutos, el capitán Takahama repite dos órdenes varias veces, cada vez con más urgencia: “Potencia” y “Levante la nariz”)
32.11. Capitán: “¡Levante la nariz… Levante la nariz… Levante!
32.32. Voz simulada del sistema de advertencia de proximidad del suelo: “Rango de caída, arriba… Arriba… Arriba… Arriba…”.
34.43: Ruido de impacto y después silencio total.
Los relojes marcaban las 18.35, hora de Japón, momento exacto del
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Los testimonios de estas sobrevivientes coincidieron en que, luego de que se estrellaran contra una de las sierras de Mikuniyava había más personas con vida. Algunas sucumbieron víctimas de los focos de incendio que se produjeron en el avión al chocar; otras, gravemente heridas, murieron mientras las patrullas de rescate trataban de llegar. El lugar casi inaccesible donde cayó el Boeing conspiró para que no pudieran ser salvadas.

La azafata que volvió a vivir
El relato de
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Su relato fue tan pormenorizado que, cruzado con el contenido de la caja negra, fue utilizado para reconstruir los hechos. “Poco después sentí dos o tres sacudidas fuertes. Seguíamos perdiendo altura mientras volaban asientos, cojines y equipaje. A pesar de mi experiencia en vuelo no podía moverme de mi butaca. La presión era enorme y me dolía el estómago como si estuviera desgarrándome. Vi que caían pedazos del techo del baño posterior y, de pronto,
Su siguiente recuerdo fue haber despertado en la oscuridad,
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El calvario de Keiko
Keiko Kawakami, la nena de 12 años que sobrevivió al accidente, no pudo ser entrevistada por ningún periodista. Había salido casi indemne de la caída del avión y solo debió permanecer 24 horas en observación en el hospital. Luego, sus abuelos maternos la llevaron a Osaka. Lo que se conoce es parte del testimonio que brindó a los investigadores y que tomó estado público una semana después. La familia Kawakami retornaba a Osaka luego de una semana de vacaciones en Tokio. Keiko había abordado el avión con su padre, su madre y su única hermana mayor, Yumi. Contó que, de pronto, escuchó un ruido muy fuerte. “El avión se movía y yo no me di cuenta de lo que estaba pasando hasta que sentí un viento muy fuerte y vi que volaban un montón de cosas. Arriba había un agujero y se veía el cielo. Mamá gritaba, todos gritaban. Después no me acuerdo de nada más”, contó.
En la transcripción del relato de Keiko a los investigadores se le una descripción detallada de los últimos minutos de vida de sus familiares. “Estábamos los cuatro juntos, aunque yo no podía ver a papá. Mamá nos preguntó si estábamos bien. Yo le dije que sí, pero no podía moverme. Yumi le dijo: ‘Me duele mucho’. Papá y mamá nos decían que no nos preocupáramos, que nos iban a venir a salvar. Pero papá ya no nos habló más. Le pregunté a Yumi, que estaba más cerca de él, qué pasaba y ella me dijo: ‘Papá está frío’. Y ahí mi mamá se puso a llorar”. Durante la noche, Keoko dejó de escuchar también a su madre y a su hermana, no hablaron más. “Me dio mucho miedo estar sola, También me asustaban los gritos, pero después me dormí y ya no escuché más”, contó. Despertó cuando ya era de día y llegaban los primeros rescatistas.
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El testimonio de Keiko resultó clave para confirmar la existencia de
Hiroki Akawama, la mayor de las sobrevivientes de la tragedia del Vuelo 123, no resultó de ayuda para saber lo que sucedió en el interior del Boeing 747. Fue víctima de un profundo estado de

El error de la puerta R5
El capitán Takahama y sus colaboradores murieron convencidos de que la falla que hacía caer en picada al avión estaba localizada en
“¿Qué es esto?”, preguntó Takahama.
“No hay hidráulica”, le respondió uno de los dos hombres que lo acompañaban en la cabina de mandos.
Transcurrieron varios minutos hasta que el copiloto indicó que la falla se encontraba en la parte posterior del avión. Recién a los 9.20 minutos de vuelo uno de los tripulantes hizo referencia a la puerta R5. A partir de ese momento, ni el capitán, ni el copiloto o el ingeniero de vuelo pusieron en duda el lugar del desperfecto. Su única preocupación fue virar la aeronave, mantenerla gobernable e intentar el retorno a Tokio. De haber sabido cuál era realmente el desperfecto, habrían comprendido la inutilidad de la maniobra y, tal vez, buscado otra alternativa para evitar la caída del Boeing.
Después de cuatro días de minuciosas pericias, los técnicos japoneses establecieron con cierto grado de precisión lo ocurrido:
Cuando le entregaron el cadáver de su padre, uno de los hijos de Hiroji Kawaguchi, directivo de una empresa naviera, encontró entre sus ropas un mensaje escrito con letra temblorosa: “A mis tres hijos: cuiden a su madre. El avión está cayendo. Humo blanco entra por atrás. Juro que nunca más subiré a un avión”, decía.
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