
El mundo del deporte vive horas de profundo dolor tras conocerse la noticia de la
Tal vez el punto fundacional de su rol haya sido cuando lo entrenaba de pibito en Grandoli. Quizás la raíz se fue expandiendo debajo de la tierra ante cada paso en las inferiores de Newell’s, donde también cultivó una de sus cualidades: estar siempre presente, pero pasando inadvertido. En algún punto, la línea estalló cuando debió dar un paso adelante y negociar para que Barcelona lo fiche con 13 años.
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Para entender la estética del padre de Lionel Messi hay que destacar primero una de sus mayores virtudes: sabía volar por fuera del radar, aprendió a no tentarse con los elogios, a no confundirse por esos flashes que explotaron a centímetros de su figura durante casi tres décadas. Aquel operario metalúrgico de
Padre porque desde que Leo era
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A Jorge nunca se lo veía, pero siempre estuvo. En Newell’s, en la prueba en River, en Barcelona, en PSG, en Inter Miami y, claro también, en la selección argentina. Él no fue la pieza importante, entendía, pero sí es la que ecualiza la temperatura para que el motor no funda. “Messi es una PyME familiar muy bien gestionada. Jorge no es empresario, pero ha hecho todo intuitivamente y lo ha hecho muy bien”, había graficado

Nadie podrá discutir que el mérito es absolutamente de Lionel. Su cabeza prodigiosa es tal vez mucho más importante que la brillantez de sus escurridizas piernas. Pero el entorno fue el marco teórico para que el éxito suceda y se prolongue. Con Celia y Jorge en el frente de batalla del escudo de blindaje, el padre tomó el rol de ordenar al grupo que colaboró para que Messi tenga su mente colocada el mayor tiempo posible en el fútbol y su vida personal. Que las esquirlas de la fama no lo laceren en exceso. Fue la voz cantante del
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El operario de
“Mi viejo estuvo siempre conmigo. Vivimos muchas cosas feas. Por ahí yo me encerraba a llorar solo en la pieza. O él sin que lo vea, o que sin que piense que lo vea. Hacíamos que estábamos bien los dos, pero estábamos mal.
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Jorge era hijo de Eusebio, quien le enseñó el oficio de albañil –y junto con el que construyó la casita de Lavalleja que la familia aún conserva– y que años más tarde puso una panadería tras abandonar el rubro de la construcción. Fue un correcto mediocampista en las inferiores de Newell’s que debió pisotear su sueños deportivos cuando entró en el servicio militar. Al finalizar la obligación marcial, se casó con Celia, su novia de toda la vida, y hasta fantasearon con irse a vivir a Australia. Fue cobrador de un instituto médico, hizo tornillos para un taller metalúrgico y entendió que para progresar debía estudiar algo. Se formó como técnico químico y entró a la fábrica de Acindar en los 80 a donde llegó a ser gerente, según reconstruyó la biografía
El primer Jorge en pose de rudimentario agente era el que arrastraba por las calles catalanas bajo su brazo una humilde carpetita azul con algún recorte periodístico en la era pre redes sociales para explicarle el potencial de su hijo a aquel cronista que les hizo
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Esa precuela del potente agente que vino después tuvo una especie de semilla fundacional cuando, más como una de las cabezas de la familia que como manager, llevó a su hijo a River para presionar a Newell’s y, ante la imposibilidad de conseguir el tratamiento hormonal para su hijo en Argentina, encaminó un modelo de acuerdo que para ese entonces era una rareza. Un mundo nuevo. Que un club europeo fiche a un futbolista extranjero de 13 años y que, aparte, le diera un salario anual, techo y trabajo a su familia, y hasta pagos por derechos de imagen, según la puntillosa reconstrucción de Balagué. Y, claro está, el determinante tratamiento para crecer. El quid de la cuestión. Leo era un pichón de crack, pero la apuesta era vanguardista, audaz. En ese entonces sentó a todos en una mesa, uno por uno. A Rodrigo (20 años), a Matías (18), a Leo (13) y también a la pequeña María Sol (5) para preguntarles si estaban de acuerdo de la propuesta que previamente habían masticado con Celia en la intimidad de la pareja. Se lanzaron a la aventura europea que tuvo miles de ribetes dramáticos hasta que las primeras voces de éxito golpearon la puerta.
Si bien el espíritu de representante no tuvo un suceso fundacional, y fue más bien una construcción con el tiempo, sí hay una tilde en el calendario en un enfoque más formal. Pocos meses después de arribar a Barcelona, en una renegociación de ese mentado contrato de infantil, halló cosas que no le gustaron de intermediarios y decidió tomar el mando definitivamente, según la reconstrucción de Balagué. Eran épocas donde el chiquito estaba en adaptación a su nueva vida y lloraba a escondidas de su padre. “Jorge se convirtió en sustituto temporal de amigos, en apoyo moral, en la columna vertebral de la vida de Leo en Barcelona”, lo resumió el periodista español.
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Había dado algunas muestras de su método en el trayecto previo. Como la orden que le dio en aquel ya mítico intento de sumarse a las inferiores de River:
Sus intervenciones en los últimos años se habían reducido a
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Jorge se corrió del ojo, pero tuvo en claro que no era simplemente un familiar privilegiado de Leo.
No figurar no era sinónimo de no interceder. Jorge lo hizo cuando Newell’s no le quería pagar el tratamiento o cuando el Barcelona no les cumplía con el acuerdo del pequeño y le mandó una carta al propio Joan Gaspart que años más tarde difundió
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Y al paso que la imagen de la

“
El producto se vendía solo, pensarán muchos. No hace falta ser un cerebro brillante para que Messi tenga ofertas tentadoras deportivas o millonarias propuestas de empresas, plantearán. Pero hasta el proyecto más excelso puede terminar en el ocaso si no tiene el entorno adecuado. Los negocios, mal capitaneados, podrían tener como único norte el dinero lo que llevaría al inevitable naufragio más temprano que tarde. Leo está en la cima deportiva desde hace dos décadas. También lo está en lo económico, según el tradicional ranking de la revista
Seguramente hubo debates, intercambios de ideas, posturas distintas como en cualquier relación humana, como en todo vínculo padre e hijo, como en los diversos tratos entre manager y jugador, más entre dos caracteres decididos como los de Leo y Jorge, pero lo que primó en todos estos años fue la articulación para lavar las penas con las puertas de casa cerradas. Un currículum público limpio para un jugador que tiene una lupa en su nuca las 24 horas, los 365 días del año. ¿No les resulta llamativo que, al fin y al cabo, se conozca tan poco del tipo más conocido del planeta desde hace veinte años? Otra gestión de pura cepa de Jorge: perfil bajo. Incluso con el momento más incómodo fuera de la cancha durante el problema con el Fisco español en 2016 en el que dejó en claro ante el juzgado que la familia derivaba temas de esta índole en uno de los especialistas de la estructura y se hizo cargo de su error. La premisa para el equipo pareció ser entender que todo funciona para Leo y es él quien decide cuándo apretar el acelerador con declaraciones confrontativas o algún gesto como pudo haber hecho en la selección argentina o en Barcelona en alguna ocasión que sintió necesaria.

Evitar las turbulencias es lo que motivó este último paso rumbo a Miami. Sin posibilidades de acelerar el proceso en Barcelona, Leo, Jorge y el equipo de trabajo entendieron que no estaban dispuestos a pasar otra vez por la titubeante etapa de tratativas que por entonces decantó en su salida del club hacia Francia. Messi padre se sentó ante la directiva
Campeón de todo, definitivamente indiscutible en Argentina, a Leo sólo le quedaba reencontrarse con el calor hogareño que lo abrazó en Barcelona. “Yo siempre tuve la ilusión de poder disfrutar y vivir la experiencia de vivir en Estados Unidos”, había adelantado años antes de llegar a Miami. Un entorno social y cultural distinto para la familia. Una prueba menos hostil que la experiencia en París. Desembarcó a los 36 años y con un acuerdo fructífero en el que, según
Poco a poco, en los últimos años, Leo empezó a tomar la posta de estos negocios desde la calma del éxito que construyó en Inter Miami: “Tuve una carrera deportiva muy larga y
Es cierto que Leo se desvive por Celia, su madre. Es la que decora el ambiente del cariño más puro. La cara de ella fue de sus primeros tatuajes. Pero siempre supo que Jorge fue el que arriesgó un pleno por él desde el primer minuto. Se jugó entero. Dejó todo en Rosario, su familia, su trabajo, sus amistades y se bancó los cachetazos cuando las cosas estuvieron más hostiles. Lo escuchó cuando le dijo que su sueño era ser futbolista, aunque apenas era un adolescente. Sin embargo, el éxito de esta relación padre/hijo, representante/representado, podría explicarse, al fin y al cabo, desde algo más elemental, más sencillo, como lo definió alguna vez Balagué en la biografía de Leo: ”Son los dos discretos, igualmente reservados. Hechos con el mismo molde para tantas cosas”.






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