
Desde finales de los años 60 hasta el final de la Guerra Fría, Italia vivió uno de los momentos más difíciles de su historia, un periodo conocido como los
Frente a la hegemonía de la
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Ese acercamiento hizo que la

Dentro de esa espiral de violencia, el año 1980 fue el más mortífero en cuanto a atentados terroristas en Italia. La ultraderecha neofascista venía subiendo la apuesta violenta, pero nadie esperaba un atentado de la magnitud que tuvo el perpetrado la mañana del 2 de agosto de 1980 en Bolonia. La ciudad era un lugar clave, simbólico desde el punto político para un atentado ultraderechista. Gobernada por los comunistas,
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Sábado 2, 10:25
Era sábado a la mañana y la estación central de trenes de Bolonia estaba colmada de turistas y viajeros – familias enteras – que esperaban abordar los trenes hacia sus destinos para disfrutar de las
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Exactamente a esa hora,

En un primer momento, el gobierno presidido por el democristiano Francesco Cossiga y la policía atribuyeron la explosión al estallido de una caldera y solo más tarde reconocieron que se trataba de un atentado y señalaron a las Brigadas Rojas. Ni una ni otra cosa eran ciertas: después se comprobó que los servicios secretos del Estado habían plantado
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Lo que se sabe con certeza es que fue cometido por un grupo
Una investigación entorpecida
La Justicia italiana encontró muchos obstáculos para llevar adelante la investigación, más que nada por la enorme cantidad de pistas falsas sembradas por los
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Recién en 1994 hubo una sentencia definitiva que condenó a
Pasaron otros seis años más para que uno cuarto autor material del atentado fuera condenado. En enero de 2020, Gilberto Cavallini, de 67 años, un ex miembro de los NAR fue sentenciado en primera instancia por complicidad al haber brindado
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Durante el proceso negó haber participado del atentado de la estación de Bolonia. “He estado en prisión desde septiembre de 1983, han pasado más de 37 años. Años de prisión que he merecido (…) Me he merecido las condenas, pero no acepto pagar lo que no hice. No se está prestando servicio al país y a la verdad. No me voy a quejar, sea cual sea su decisión. Pero una condena es un fallo incorrecto”, les dijo a los jueces antes de conocer la sentencia.
A lo largo de esos años, los familiares de las víctimas sostuvieron – y todavía hoy sostienen – que no se ha hecho justicia porque si bien algunos de los autores materiales fueron condenados,
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El gran maestre de la P2
La Logia Propaganda Due y su siniestro líder, el gran maestre Licio Gelli, siempre estuvieron en el centro de las hipótesis sobre la identidad de los ideólogos del atentado. “El hombre de las mil caras”, como se lo conoce a Gelli, aparece en todos los escándalos italianos de los años 80 y 90, desde la quiebra del Banco Ambrosiano – cuyo presidente, Roberto Calvi, miembro de la P2, apareció ahorcado en Londres en 1982 – hasta los grandes escándalos de corrupción, financiación ilícita de partidos políticos y, también, la masacre de Bolonia.
En 2018 salió a la luz una prueba que podría demostrarlo. El pódcast en francés
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El abogado italiano Andrea Speranzoni, que representa a las víctimas del atentado desde hace más de dos décadas, explicó que se trata de un documento en archivos de la justicia demostraba la implicación de Gelli. Se trata de una simple hoja doblada en cuatro que el jefe de la P2 tenía en uno de sus bolsillos cuando fue detenido en Suiza en 1982. Esa hoja quedó olvidada durante décadas hasta que la digitalización de los archivos judiciales suizos permitió recuperarla.

Ese papel prueba que una transferencia que se les hizo a los terroristas de los Núcleos Armados Revolucionarios pocos días antes del atentado provenía de una cuenta numerada del UBS de Ginebra donde el jefe de la Logia P2 ocultó 300 millones de dólares que habían sido desviados del Banco ambrosiano. Ya era tarde para juzgar a Gelli, muerto por causas naturales a los 96 años en diciembre de 2015. En una de sus últimas declaraciones públicas dejó en claro el ideario que lo había guiado durante toda su vida:
El 2 de agosto es un día de luto en Italia. En esa fecha, los familiares de las víctimas de la Matanza de Bolonia se reúnen en la estación para recordar a sus muertos y reclamar justicia. Allí hay una placa donde están grabados todos sus nombres y un reloj cuyas agujas están siempre detenidas a las 10.25, la hora exacta de la fatídica explosión.
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